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Sábado, 12 de abril de 2014

MUSICA › PLACEBO TOCARA HOY EN EL MICROESTADIO MALVINAS ARGENTINAS

Rock, pasión y fragilidad

El trío británico que hizo de la androginia y la oscuridad su marca registrada se presentará por cuarta vez en Buenos Aires, ahora como parte de la gira del disco Loude Like Love. “Aún nos alucina que tengamos tanto público allá”, asegura el bajista Stefal Olsdal.

 Por Yumber Vera Rojas

Quizá porque es uno de los grupos con mayor identidad que nos dejó el rock alternativo de los ’90, cada show de Placebo en Buenos Aires plantó bandera. Si bien su debut en el Luna Park, en 2005, fue hasta ahora el recital más emotivo (por la misma expectativa que causó su dilatado estreno en el país), la secuela, en el Club Ciudad, dos años más tarde, gracias al contexto que generó esa tarde opaca y lluviosa, se convirtió en la más oscura de sus presentaciones. No obstante, su último desembarco en la capital argentina, en 2010, en el estadio Malvinas Argentinas, sin duda será recordado como el recital más caótico del trío inglés, por los problemas de sonido que padeció. “Tuvimos más de mil conciertos hasta ahora, por lo que nos pasó de todo”, reconoce el bajista del grupo, Stefan Olsdal, al otro lado del teléfono. “Que se corta la luz, que se prenden fuego los monitores, que se viene el techo sobre nosotros, que nos cae agua o que se rompe la barrera que distancia al público del escenario. Como no queremos que nada de eso vuelva a pasar, esta vez nos acompaña un muy buen equipo de técnicos para que todo salga bien.”

A cuatro años de ese accidentado show, Placebo regresa hoy a partir de las 18 al microestadio de La Paternal en busca de revancha. “Vamos a ir con más fuerza. Seguimos siendo un grupo muy potente, por lo que no necesitamos ni pirotecnia ni muñecas gigantes”, advierte Olsdal, quien atiende a Página/12 desde su lugar de origen, la ciudad sueca de Gotemburgo. “Tenemos una relación estrecha con la Argentina. Sin embargo, aún nos alucina que tengamos tanto público allá, tomando en cuenta que vivimos lejos. Por eso nos gusta ir. La música es internacional, le llega a todo el mundo. Es una forma de arte muy directa. Estamos orgullosos de nuestro nuevo disco, así que será un gusto presentárselos.” Loude Like Love se titula el flamante álbum de la banda, que tiene en el tema “Too Many Friends” su primer single. En el video de esa canción participa el gran novelista de la Generación X, el estadounidense Bret Easton Ellis (autor de Menos que cero y Psicópata americano). “Eso se le ocurrió al director del video, Saman Kesh, con el que quisimos trabajar porque nos gustan sus producciones: tienen mucha imaginación y son bastante oscuras.”

El séptimo álbum de estudio del trío liderado por el cantante y guitarrista Brian Molko, lanzado en septiembre de 2013, y que cuenta con edición local, carece del vértigo, la angustia, la taciturnidad y la intensidad de sus discos anteriores, pero en cambio ofrece el semblante más pop y comercial del grupo, cuya androginia post punk sobrevivió al britpop, entre otras modas. “Fue un viaje un poco extraño para nosotros porque empezamos a componer canciones sin tener la menor idea de que iban para un álbum, porque hubo otros proyectos que quedaron sin terminar entre nuestro disco anterior y este material, como el compilado B-Sides: 1996-2006 (2011) y el EP B3 (2012)”, explica el bajista de Placebo. “Así que durante ese estado mental creativo nunca pensamos adónde iban a ir a parar esos temas. Si bien es cierto que Battle of the Sun (2009) fue más duro y rockero en comparación con el nuevo repertorio, creo que Loude Like Love es igualmente un trabajo honesto, porque no nos obligamos a tener que continuar con el sonido característico de Placebo.”

A pesar de que las críticas de Loude Like Love dividieron las aguas entre los fans y la crítica especializada alrededor del mundo, si tuviera la chance de echar atrás el tiempo, el bajista no dudaría en hacer el mismo disco. “Cuando vuelvo a escucharlas, siento que son las canciones que llevo en mi cabeza desde el principio de la banda, pero que nunca tuvimos la posibilidad de hacer hasta ahora”, se planta en perfecto español, producto de sus frecuentes viajes a Madrid. “Si este fuera el último disco de Placebo, que no lo es, yo estaría muy contento porque pienso que reúne los diferentes rasgos que dieron vida a nuestra música a lo largo de todos estos años: el rock, la pasión y la fragilidad. Y todo eso en un mismo envoltorio es muy potente.”

Aunque el debut discográfico de Placebo data de 1996, la historia del grupo se remonta a cuando Olsdal conoció a Molko en South Kensington, estación del subte londinense, en 1994. Por lo que el germen de la banda celebra este año dos décadas. “Como esto se parece a un matrimonio, hay que cuidarlo muy bien y respetar lo que tenemos”, reflexiona el bajista. “Pero también sabemos que el público no es tonto, y que debemos hacer lo mejor posible, y trabajar todo lo que podamos, pues no sé cuánto vamos a durar como banda o hasta cuándo seremos exitosos. Sin embargo, lo importante es que Brian y yo queremos seguir haciendo música juntos.” Ante la pregunta de cómo hizo para sostener su relación con su coequiper durante todo este tiempo, debido a la fama que se ganó el escaso temperamento del frontman, el espigado bajista despacha: “Voy a ser muy diplomático con esta respuesta porque lo que me preguntas es algo muy privado, ¿sabes? Lo sintetizo de la siguiente manera: lo amo con todo mi corazón, pero hay días en que lo detesto”.

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“Como esto se parece a un matrimonio, hay que cuidarlo muy bien y respetar lo que tenemos”, dicen los Placebo.
 
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