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Sábado, 12 de julio de 2014

MUSICA › LA ADMIRACION DE LOS MUSICOS

Pichuco eterno

- Franco Luciani: “¿De qué Shakespeare Lunfardo se ha escapado este hombre?” Ese Troilo “de etiqueta” con esmoquin y moño. O ese otro de tapas de LP con fondo de paredes que se descascaran por la humedad porteña. Pero siempre el tango. El tango de concierto y también el tango más arrabalero. Su orquesta fue fundamental en los estilos de ese tango del ’40 que sacaba virutas al piso, pero que también obligaba a los bailarines a dejar de bailar para escucharlo. A él: a Pichuco, el 10 capitán que armaba el equipo y las mejores jugadas...

- Diego Schissi: Es el creador de una síntesis estética perfecta: su orquesta, su estilo, entregan la forma más equilibrada y compleja del tango. Lirismo, ritmo, picardía, elegancia, pasión, drama, innovación, tradición... Lo tiene todo: nada ha escapado a sus oídos. ¿Qué hubiera sido del tango sin él?

- Juan Vattuone: La primera vez que lo escuché fue por la radio. Yo tenía 6 años y en la madrugada salí al patio. Mi viejo se apoliyaba con la radio encendida y al pasar por la puerta de la habitación de la pieza de mis viejos, en el silencio escuché el solo que hace en “Responso”. Me senté en el piso y me quedé escuchando todo el tango hasta el final. Me conmocionó.

- Andrés Linetzky (pianista de Vale Tango): Supo hacer una síntesis perfecta de lo que venía pasando hasta la década del ’40 y logró dejar sentadas las bases del tango para el futuro. Le dio al tango la dosis perfecta y el equilibrio justo entre sentimientos y técnica.

- Daniel Ruggiero: Siento una conexión especial con él. Nunca lo conocí personalmente, pero es parte de mi vida desde mi nacimiento, ya que mi viejo (Osvaldo Ruggiero, primer bandoneonista de Osvaldo Pugliese) fue su amigo. Se querían mucho, se admiraban mutuamente, y en mi casa siempre se escuchaban sus discos y había fotos de ellos cuando compartían camarines, en almuerzos diurnos con vasos a medio vaciar, anteojos negros y siempre muchas sonrisas. Para mí es el exponente mayor del instrumento, desde la década del ’40 hasta la actualidad.

- Horacio Cabarcos: Todos los días se aprende algo nuevo escuchando a Troilo. Daría todos los años de mi vida, que no alcanzan, por haber tocado con él.

- Pablo Tozzi (contrabajista): Mi acercamiento a Pichuco fue de la mano de dos inmensos músicos: Aníbal Arias y Norberto Minichillo. El maestro Arias contribuyó con sus innumerables anécdotas en mi conocimiento “desde adentro” de su música. Recuerdo aquello que nos contaba de Troilo de “agarrar la goma” y borrar las partes complejas de los arreglos que le acercaban, en una desenfadada búsqueda de síntesis musical.

- Verónica Bellini (pianista y directora de China Cruel): Pienso en él como un ejemplo a seguir. Como compositor nos dejó obras maestras, en general buscando la belleza de lo simple, con una sensibilidad única para acompañar con la música lo que la letra contaba. Y como director, por lograr siempre sacar lo mejor de sus músicos y arregladores, y sobre todo por el trabajo fino que hacía con sus cantores.

- Pepe Motta (pianista): Figura histórica de la música de Buenos Aires, ha sido fuente de inspiración para muchos compositores. En mi caso, al componer la suite “Fraternalmente Troilo” lo sentí junto a mí, como si estuviera viendo una película con impactantes imágenes.

- Chiqui Ledesma: El Gordo no pierde vigencia ni actualidad y su arte sigue marcando un rumbo cierto en generaciones presentes y seguramente futuras.

- Pablo Agri: Revolucionó el tango y logró con su dirección una de las orquestas más importantes de la historia del género. Los arregladores Argentino Galván, Julián Plaza, Astor Piazzolla y sus cantantes Edmundo Rivero, el Polaco Goyeneche, entre otros grandes, son una muestra de la idea innovadora y de la impronta con la que haría sonar su orquesta. Creo que Pichuco fue el impulsor de ese movimiento musical que devino en la explosión con Piazzolla. En lo personal, creo que es el mejor ejemplo, tanto en sus composiciones como cuando tocaba un solo, de emocionar sin impresionar, de llegar al corazón con los mínimos elementos. Humildad, generosidad y sobriedad es lo que uno escucha cuando escucha a Troilo.

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