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Miércoles, 27 de mayo de 2015

MUSICA › CANTO DE TODOS JUNTA A TROVADORES LATINOAMERICANOS

“Somos cronistas de nuestro tiempo, como los juglares”

Con Vicente Feliú como ideólogo e impulsor, este encuentro se realizará hoy en el Cervantes y el viernes en la Universidad de Lanús. Entre otros, participarán la venezolana Cecilia Todd, el paraguayo Ricardo Flecha y el nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy.

 Por Cristian Vitale

Los números dan. Diez países de América latina y el Caribe, representados por dieciséis trovadores y trovadoras de tales lares, en dos días de músicas y palabras. El objetivo está claro: la canción social vista y encarnada por ellos a través de un ciclo titulado Canto de Todos. Y también da, tanto como el testimonio de su ideólogo, impulsor y pionero: Vicente Feliú. “Nuestra América está por primera vez con posibilidades de lograr su verdadera independencia y la gente que hace esta canción lo está percibiendo. Este proyecto propone encontrarnos aquellos y aquellas que tenemos ese sentimiento común, y andar juntos con nuestras diferencias y anhelos, apoyando esta América soñada por tantos, y por la que tanta sangre generosa se derramó”, enmarca el trovador, que compartirá dos veladas a trova pura con otros grandes referentes continentales del género: Cecilia Todd, por Venezuela; Ricardo Flecha, por Paraguay, y Luis Enrique Mejía Godoy por Nicaragua, entre muchos otros (ver recuadro).

“‘Canto que ha sido valiente siempre será canción nueva’, cantaba Víctor Jara. Aquellos cantos siguen vigentes porque siguen vigentes muchísimos anhelos y causas pendientes de los pueblos, que con los buenos aires que soplan inspirados por los próceres, están haciendo nacer canciones frescas, que acompañarán como y con las de antaño, los caminos nuevos”, profundiza Feliú, cuyo canto y guitarra echarán luz sobre el ciclo que se llevará a cabo hoy desde las 19 en el Teatro Cervantes (Libertad 815); y el viernes 29 desde las 18, en el Aula Magna de la Universidad Nacional de Lanús (29 de septiembre al 3900, Lanús).

“Para mí, estos espacios van más allá de la música. Son un intercambio humano, de sensibilidades e inquietudes... Es un alimentarse a través de los otros. Significa también apoyar a la gente comprometida, que hace su militancia a través de la canción y que no tiene espacio en los grandes medios, cada vez más invadidos por la música chatarra”, señala a su vez Cecilia Todd, otra de las partícipes necesarias del encuentro auspiciado por el Ministerio de Cultura de la Nación. “Me parece muy importante que los cantautores que en todos estos años hemos mantenido un trabajo constante sobre el tema social, la identidad, la vida, la paz y la solidaridad nos juntemos para reafirmar nuestro compromiso de seguir cantando”, sostiene por su parte el nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy, en “ronda virtual” con Página/12. “El encuentro con importantes referentes de la canción popular latinoamericana nos permite compartir ideas, miradas, vivencias, sueños y utopías con estos compañeros de ruta con quienes venimos transitando por nuestra América, en la construcción de la Patria Grande. Si bien son tiempos luminosos para el continente, también son tiempos difíciles y de tristes realidades para algunos pueblos como el mío, el Paraguay, que se ha apartado de los ideales de José Martí, de Bolívar, de San Martín, de Artigas y del Mariscal Francisco Solano López”, sentencia Ricardo Flecha.

–¿Cuál es, bajo sus miradas, el sentido “resignificado” que tiene la canción social hoy?

Ricardo Flecha: –Entiendo que aún hay un largo camino por recorrer para la emancipación total de América latina. En ello, la cultura y, en este caso, la canción social juega un papel fundamental, y los trovadores son los portadores de las buenas nuevas como los antiguos karai o chamanes guaraníes, que eran portadores de la palabra alma y sostenían que el “yvy maraney” o tierra sin mal estaba aquí y caminaban al este en su búsqueda. En décadas pasadas, como la de los ’60 y los ’70, América latina vivía condiciones diferentes con dictaduras y regímenes autoritarios, y los pueblos ofrecieron diferentes tipos de resistencia desde la cultural hasta la armada, comprendiendo que era importante la unidad dentro de un proceso que hoy va dando sus frutos. En consecuencia, la gran mayoría de los pueblos tienen hoy gobernantes que se les parecen, siempre con excepciones, como el caso del Paraguay.

Vicente Feliú: –La canción llamada social, de protesta, de autor, nueva canción, trova, nueva trova u otras posibles denominaciones, existió desde siempre, porque la han hecho y cantado personas que se han servido de la música y la palabra para expresar sus amores, sus angustias, su patriotismo, sus cantos de trabajo, sus luchas y los sentidos de su fe, y estas personas han estado profundamente inmersas en la vida de sus pueblos. Esta canción, en muchos casos, ha sido una suerte de banda sonora que ha acompañado momentos fundamentales de la historia de los pueblos. En América latina en general y en la Argentina en particular hay ejemplos de sobra de canciones que abordan este entorno social, en todas las épocas, y probablemente con mucha más fuerza en los últimos cincuenta años. Las figuras monumentales de Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra dieron luz y potencia renovadas al Nuevo Cancionero Argentino y a la Nueva Canción Chilena, con cantores y cantoras generadores de complicidad en grandes sectores de la población que se identifican con un canto que les pertenece por naturaleza. Por otra parte, Benjo Cruz, Jorge Salerno y Víctor Jara nos han dejado un paradigma de cantor que nos enorgullecerá siempre, porque llevaron al nivel más alto el compromiso esencial del canto popular.

Cecilia Todd: –Son diferentes realidades históricas, creo yo. Por suerte hemos evolucionado mucho, pero seguimos en la batalla porque si bien han habido grandes logros, también es cierto que cada vez hay más avidez por lo valores materiales, dejando de lado lo verdaderamente importante.

V. F.: –Y hay diferencias en las realidades de las décadas que se mencionaron, en el sentido que aquellas estuvieron marcadas por dictaduras feroces y por luchas revolucionarias, en muchos casos armadas, y por un fuertísimo movimiento paralelo de canciones y cantores que apoyaron en diversas medidas estas luchas. Los ’80, luego, fueron el supuesto triunfo de las “democracias” sobre las dictaduras, y varios de los más representativos y representativas exponentes de nuestra canción llenaron estadios en medio mundo, lo cual demostró lo enormemente popular de nuestro canto y la necesidad que tenía la gente de acompañar a sus intérpretes. Luego, en los ’90, algunos malintencionados ideólogos dijeron abiertamente que esta canción ya no era necesaria, que había pasado de moda y sandeces por el estilo, y los mercaderes de siempre volcaron en la canción comercial sus mayores dividendos y peores gustos. Los medios suyos están a su favor, mientras que nosotros seguimos “todo a pulmón”. Aunque también creo que hay una esencia común, en los cantores y cantoras de todas las épocas: el anhelo de poner su canto y su vida en función del mejoramiento humano, de la belleza y el amor. Y para esto siempre hay que luchar, contra muchas hiedras, y en muchos frentes. Y con varias armas. Y siempre.

Luis Enrique Mejía Godoy: –El compromiso es el mismo. Los tiempos han cambiado y no podemos anclarnos al pasado, pero en esencia, lo digo porque empecé a cantar en 1970, nos motivan los mismos sueños y utopías. Hay todavía muchas “materias pendientes”. No somos producto de la moda o de la industria del entretenimiento. Somos trovadores, cantautores, cantores, comunicadores sociales. Cronistas de nuestro tiempo, como los viejos juglares.

–¿Qué aporta entonces este tipo de canción, con proyección histórica incluida, a las sociedades americanas del siglo XXI?

C. T.: –El arte en general se alimenta del tiempo histórico en que se desarrolla. Seguimos con muchos problemas que aún no se han resuelto, son siglos de indignidad, pero también podemos cantarle a la esperanza ya que se viven tiempos de cambios importantes en buena parte de Latinoamérica.

R. F.: –Tal cual. Pienso que sigue habiendo grandes desafíos, porque la lucha sigue siendo contra el capitalismo que causa estragos en el planeta. Nuestra canción debe apuntar “al buen vivir” y para ello debemos sustituir el capitalismo por más democracia, entendiendo la democracia como el gobierno del pueblo y para el pueblo. La canción nos ayuda a reflexionar sobre la crisis que vive el modelo capitalista... Sigue vigente aquella frase de Víctor Jara que mencionaba Feliú: “Canto que ha sido valiente siempre será canción nueva”.

–¿En qué sentido tal máxima de Jara baja a las canciones que están componiendo hoy?

L. E. M. G: –Canto a mi propia realidad, Nicaragua, donde a pesar de una revolución sigue habiendo pobreza y desocupación, falta de interés por la educación y la cultura. Por los derechos de la mujer y los niños. Por los indígenas. Pero no me puedo encerrar o abstraer de lo que pasa en América latina y el mundo. De tal forma es que canto ahora por la lucha contra la corrupción, el narcotráfico, el tráfico de niños y niñas; por la defensa de la naturaleza; por la justicia por un mundo mejor, más democrático, más libre, más independiente y en paz.

–¿Se puede hablar de una trova latinoamericana como un “todo”? ¿Cuál sería el fundamento, en tal caso?

V. F.: –Depende de la manera en que se defina el “todo”. Si se ve como un fenómeno específico de la canción popular comprometida, con su formidable diversidad, sus infinitas variedades de ritmos, estilos, escuelas de poesía –esa que responde a la búsqueda de la maravilla y al crecimiento humano en base al amor al prójimo–, diría que sí. Si ese “todo” se definiera como un ente homogéneo, sin matices, diría rotundamente que no.

C. T.: –La trova como tal es una arma directa y contundente, que casi siempre es invisibilizada. Sí se puede hablar de trova latinoamericana, cada cual desde su tradición, desde su cultura, desde lo que verdaderamente nos representa. Creo que esto es algo fundamental, no perder jamás la identidad.

L. E. M. G.: –Cada país tiene un movimiento que no es algo organizado, y eso, lo espontáneo, me parece bien. En Nicaragua hay dos o tres generaciones –después de la mía– de jóvenes talentosos que se inscriben en este movimiento del nuevo canto, con diversas maneras de abordarlo, tanto en el contenido como en la forma. Aunque pienso que la juventud de hoy no está tan motivada como la de mi generación. Había más mística y fue una generación muy sacrificada por el futuro de nuestro país. De todas formas, creo que el canto de todos debe de ser de todos.

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“La canción social ha acompañado momentos fundamentales de la historia de los pueblos”, sostiene Feliú.
 
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