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Sábado, 10 de octubre de 2015

MUSICA › ANABELLA ZOCH PRESENTA SU CD ESPEJO DE AMOR, UN HOMENAJE A PETECO CARABAJAL

“Las canciones de Peteco hacen bien”

Ella lo venía escuchando desde chica, pero el año pasado Zoch conoció personalmente al autor de “Las manos de mi madre” y en poco más de un año hicieron un disco juntos, donde el mismísimo homenajeado es productor, coautor e intérprete.

 Por Cristian Vitale

Junio del año pasado. Se acaba de presentar el libro Todos por Hebe y Peteco Carabajal le canta –a ella y a todas– “Las manos de mi madre”. Entre esas todas está Anabella Zoch, cantora y compositora, sentada al lado de Hebe y de frente al músico de La Banda. “Me quedó rondando fuerte ese momento, quedé muy conmovida con esa imagen. Ahí lo conocí personalmente, y así empezó”, evoca ella. Lo que empezó fue Espejo de amor, un disco que se volvió vertiginoso, a tal punto que su estreno en público será hoy a las 21 en Caras y Caretas (Sarmiento 2037), a un año y monedas de haberse puesto la semilla. De haber nacido la alquimia entre ella y él, que determinó un disco de catorce canciones (todas de Peteco) más dos compartidas; las participaciones de Juan Carlos Baglietto y Bruno Arias como invitados; la posibilidad concreta de ir a cantarle “Espejo de amor” –el tema– al Papa; el apoyo del Plan Nacional de Igualdad Cultural y la grabación debut del Centro de Investigación Aplicada a la Música (CIAM), que dirige el ingeniero Pichón Dalpont. “El camino fue arduo, intenso y sísmico”, declara la Zoch, sobre el proceso laboral de un disco que tuvo al mismísimo homenajeado como productor, coautor e intérprete de guitarra, percusión, charango y violín. “Siempre los homenajes se hacen `después`, y el homenajeado no se entera de nada... ¿de qué sirve eso?”, opina la cantora nacida en San Nicolás, que fue temprana revelación en los festivales de Cosquín y Baradero, vivió diez años en España y grabó dos discos, además del flamante Coincidencias y Raíces Arrancadas, con Lucho González como productor.

–¿Por qué un homenaje a Peteco, con él incluido como autor, productor, compositor y músico?

–Porque el primer cassette que tuve en mis manos en mi vida fue el de MPA, el del dibujito del arco iris. Creo que las canciones de Peteco son de esas que te permiten flexibilizar el repertorio, ablandarlo ¿no? y yo siempre las incluí. Peteco siempre tuvo algo que ver en mí, durante veinte años.

–¿Ya tenía pensado el disco antes de conocerlo personalmente?

–No. Nació de ese impacto que conté. Y de reconocer que me gusta como canto “Arde la vida”, “Al despertar”, “Mensaje del sol” o “Qué es lo que tiene la chaya”, obras que están fuera de la estructura folklórica, y que tienen una poesía que se sale de toda estructura, también. Estas canciones me empezaron a hacer bien, y creo que este disco es sanador. La verdad es que cambié desde que empecé a cantarlas.

–¿Cambió? Llamativo... ¿En qué sentido?

–En que canto diferente y soy más alegre. Dejé de lado la complejidad, la dureza y la agresividad de lado, para pasar a un lugar que está totalmente conectado con cosas más profundas y mansas. Es mucho tiempo veinte años cantando y recién ahora, con todas estas canciones, siento que encontré un estilo, que es la búsqueda de todos los artistas.

–¿Cuánto influyó Peteco en esto, como productor, poeta y músico?

–Es como Karate Kid, la historia del maestro Miyagi (risas). El se tomó el trabajo de que yo aprenda las canciones. Tuvimos mucho trabajo juntos, puliendo todo, y es algo que él mismo quiso hacer para que se respetaran las melodías originales y las introducciones, aunque yo las canto completamente diferente a las que están en sus discos. Es un disco que se sale del folklore... es para todos. Y sanador, como decía antes. Tranquiliza, provoca cambios y genera una reflexión constante como la letra de “Mensaje del sol”, en la que sol le pide al mundo que lo cuide, porque en cualquier momento amanece a oscuras. Hay un mensaje fuerte también en “Arde la vida”, donde se habla del camino, el nacimiento, las madres, el fuego, de la vida latente. Y otro condimento fuerte es “La estrella azul”, y la coincidencia total de que el día en que la grabamos con Bruno Arias, Peteco encontró a su hijo (la estrella azul) 31 años después, en Viena: el 29 de junio de este año.

–Hay dos temas que compusieron juntos y uno de ellos es “Domingo”. ¿Cuál es la historia de la canción?

–Fue la primera que escribimos juntos y fue, además de la cosa de trabajar juntos, él tiene una forma, una melodía en la cabeza que está tocando todo el tiempo, pero no te avisa que es una melodía nueva... Te tenés que dar cuenta sola. Por suerte, yo grabo en el celular todo lo que él anda haciendo, y después te canta la primera frase, te dice que la canción habla de tal cosa, te da todo el material y te deja sola con una complejidad mayor, porque te da la cantidad de sílabas y si se te pasa una sílaba, te llama por teléfono y te dice: “Tiene una sílaba de más” (risas). Así nació “Domingo”, que habla de la sensación de domingo de Peteco, que dice que se pone de novio con la muerte, y la sensación de domingo de todos: gente que se alegra, gente que se deprime, gente que se pone reflexiva, en fin.

–¿Y “El bien y el mal”, la otra pieza compartida?

–Es un aire de chacarera que tiene una parte vidaleada, y habla de cómo el bien y el mal te sorprenden en la calle, en cualquier momento de tu vida. “Se empieza a vivir a primera luz del amanecer, con el bien y el mal acechándonos, será que la vida entrega un beso de cal, y un beso de arena”. Esta letra es el resumen de lo que son las sorpresas de la vida y la idea de vivir a full, porque esas sorpresas te acechan en cualquier momento.

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“Las canciones de Peteco son de esas que te permiten flexibilizar el repertorio”, dice Zoch.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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