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Jueves, 28 de enero de 2016

MUSICA › JULIO PANE SE PRESENTA CON SU ORQUESTA TíPICA EN CAFé VINILO

Un compendio de décadas de tango

El bandoneonista es parte de la generación del 60, que impulsaba la vanguardia en el 2x4, pero reconoce que empezó a mirar hacia los fundamentos tangueros y eso lo marcó. De ahí la formación de orquesta típica, para la que adaptó sus composiciones

 Por Andrés Valenzuela

El ensayo ya terminó, pero los muchachos auscultan el bandoneón como si fuera un niño enfermo y todos ellos los internos de una guardia hospitalaria luthier. A alguno se le golpeó más temprano y todos quedaron preocupados, desde el primero de los músicos hasta el director, Julio Pane. Por suerte, el fuelle pasa las pruebas de rigor y se confirma su salud para el próximo concierto. El temor tenía su razón de ser: la Orquesta Típica liderada por el bandoneonista y compositor se presenta hoy y el jueves próximo a las 21 en Café Vinilo (Gorriti 3780). Serán las primeras presentaciones del año, tras el debut en sociedad en la Usina del Arte en 2015 y más de un año de adaptar sus arreglos y obras, habitualmente para tríos y sextetos, a la formación de una típica. Se notan las ganas de que todo salga perfecto.

“Esto en realidad comenzó hace muchos años, por lo menos cuarenta”, considera Pane. El bandoneonista comenzó a tocar en orquestas de tango a los 13, apenas arrancada la década del ‘60. Pasó por las formaciones de grandes figuras del género, como Horacio Salgán, Osvaldo Manzi, Armando Pontier, Atilio Stampone, Leopoldo Federico y Astor Piazzolla, a quien menciona como “uno de los grandes genios argentinos del siglo XX”. En muchas de esas orquestas –y de las otras en las que tocó– también aportó arreglos originales. Sin embargo, cuando dice que este proyecto suyo empezó hace mucho, no se refiere a eso, sino a sus primeras escuchas de niño. “Desde los 6 años, yo iba a Radio el Mundo, que hoy es Radio Nacional, a veces también iba a Splendid o Radio Belgrano, y escuchaba a todas las orquestas de ese tiempo”, recuerda. “De ahí me fueron quedando un montón de informaciones tanguísticas, desde Carlos Di Sarli hasta Salgán o Pontier”, señala. Luego llegó la formación con Julio Ahumada, que se sumó a la que ya traía desde la cuna (con padre y tío bandoneonistas). “Traté de estudiar lo máximo posible música, como para poder llevar a cabo lo que quería hacer, porque hace falta tener herramientas para lograrlo.” Esto, asegura, es “intrínseco de cada uno”.

El derrotero de Pane es por demás conocido, tras cincuenta y cinco años de trabajo musical. Sin embargo, el que lo empujó a volver a la gran formación tanguera fue su hijo, Leandro “Yoyo” Pane. “El me fogoneó para que ampliara todo lo que fui escribiendo durante estos años”, revela. El propio Yoyo se mueve por el ensayo siguiendo los pasos de su padre y, además, oficiando de suerte de gestor de todo el asunto. La ayuda, confiesa con orgullo Pane padre, se extiende más allá de eso: “Con la computadora soy un desastre, pero tenemos un programa de música y él me ayuda a pasar todo ahí. Estuvimos todo un año con eso”.

A la hora de definir el sonido que resulta de esas décadas de trabajo, Pane lo resume en una síntesis “sin ninguna pretensión de copiar ni imitar”. Además, destaca la imposibilidad casi ontológica de la imitación. “Gardel no se puede repetir porque cada cosa pasa en su época, en su momento, y lo que hizo Gardel, o la etapa de Fiorentino con Pichuco, o la orquesta de Di Sarli son cosas irrepetibles porque ya no vivimos las mismas épocas: la gente es distinta, la educación es distinta, la cultura fue variando.”

En ese ser épocas distintas, Pane encuentra un solaz y también una posibilidad de dejar una marca. “Capaz que a algunos les puedo parecer una especie de dinosaurio”, desliza, pero pronto rescata la cantidad de jóvenes interesados en su trabajo en particular y en el tango en general. Aunque “estamos en una época en que se escucha otro tipo de música”, dice. A esos jóvenes, anticipa, también va dirigida su obra.

“Hay muchos jóvenes que no ha escuchado tango y creen que es solamente el chan chan, pero escuchan a Astor Piazzolla y se dan cuenta que está más cerca de ellos que otro tipo de tango”, reflexiona. “La cosa es empezar a escuchar por donde a uno le gusta y después ir atando cabos, simbiosis, cosas paralelas, que se juntan a la vez, como puede ser escuchar de golpe a Piazzolla y después aprender a apreciar otro tipo de tangos”, explica. “Yo soy de la generación del ‘60, de Marconi, Mederos... En ese entonces estábamos en una etapa de vanguardismo impulsiva, queríamos ir para adelante. Sin embargo, todos nos dimos cuenta de que en el pasado había existido un sexteto como el Julio De Caro, o la orquesta de Pichuco, y la importancia de todo eso, cómo fue influyendo generación por generación hasta llegar al momento en que nosotros nos obnubilábamos con Piazzolla.” Quizá por eso, de su admirado Astor hará un tema previo a su etapa rupturista, pero donde ya se atisbaban esos elementos revolucionarios para el género. “Lo que yo hago es como un compendio de todas esas situaciones”, comenta. “Un periodista dijo que soy un poco chapado a la antigua pero con sorpresas.”

–¿Se reconoce en esa definición?

–No creo ser chapado a la antigua.

–¿Y en las sorpresas?

–En todo caso, la sorpresa es para mí, porque me conozco y hago algo y digo “mirá lo que me salió”. Pero una persona que no me escuchó nunca no va a notarlo porque no tiene una base de información. Lo importante es que sea música bien tocada, no importa si es rock, bossa nova o cumbia. Que esté bien tocada y tenga elementos, raíces, que sea profunda, que el que la escucha o el que la baila, se sienta identificado.

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Pane fue parte de distintas formaciones de Salgán, Pontier, Stampone, Federico y Piazzolla.
Imagen: Rafael Yohai
 
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