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Domingo, 20 de marzo de 2016

MUSICA › LO QUE DEJO LA PRIMERA FECHA, LO QUE EMPEZO A ASOMAR AYER EN LOLLAPALOOZA

Eminem, punta de lanza del maratón de sonidos

El rapero de Detroit –que prohibió sacar fotos de su performance– se llevó todo el protagonismo de la primera fecha, donde brillaron los argentinos Illya Kuryaki. Al cierre de esta edición, Alabama Shakes empezaba a calentar el panorama.

 Por Yumber Vera Rojas

Después de muchos años, Eminem por fin pisó un escenario argentino, y cumplió con las expectativas. Altas, medianas, bajas, pero lo hizo. Sucedió el viernes en la noche en la fecha inicial del Lollapalooza criollo, del que fue su figura central. “Argentina, es nuestra primera vez acá, y no queremos regresar a casa. Lo digo desde el corazón”, espetó Marshal Mathers, el white trash que supo convertirse en la esperanza blanca del hip hop (incluso por encima de los Beastie Boys), poco después de haber pisado el Maine Stage 1, que se encargó de cerrar con un show histórico. Si el año pasado le tocó a Robert Plant cargar con la chapa de “artista clásico” del festival, esta vez la posta la tomó el rapero de Detroit, quien, si bien no tuvo un Jack White para improvisar un pasaje irrepetible en los tres últimos lustros de música, estuvo bien apoyado por su agrupación. Pero, por sobre todo, por su coequiper en el micrófono, la métrica, en el recorrido de un lugar a otro y en la arenga, Mr. Porter, otrora MC de la agrupación D12, que lo engalanó en todo momento.

A lo largo de una hora y media de presentación, el rapero estadounidense vació el container de temas que trajo, que tenía en la puerta de entrada a “Won’t Back Down”, de su penúltimo álbum de estudio, Recovery (2010). Aunque no incluyó ninguna de las canciones que forman parte de su disco debut, Infinite, que en noviembre próximo celebra las dos décadas de su lanzamiento, Eminem no se privó de nada. Así que luego de repasar esas perlas del palo que agradeció con creces la avanzada hiphopera patria, entre las que destacaron “Square Dance”, “White America” y “King Never Dies”, fueron apareciendo los clásicos que lo convirtieron en un icono de la cultura pop, casi al mismo nivel de Michael Jackson y Madonna. Además de descoserla con “Stan” (su megahimno al lado de Dido) y “Love the Way You Live”, invocó “The Monster”, “My Name Is”, “The Real Slim Shady” y “Without Me”. Si bien el cierre estuvo a cargo del Lado B “Fack”, el rapero se dio el gusto igualmente de invocar, a manera de rareza, sus covers de “The Hill” de The Weeknd o “Forever” de Drake.

Más allá de la emoción que significó para buena parte de los 90 mil espectadores (cifra de la organización) que se acercó al Hipódromo de San Isidro poder disfrutar por primera vez del artista, quien lució una remera blanca con la tapa del disco Illmatic de su colega Nas, Eminem apeló al rap clásico y al espectáculo prolijo. Lo que parece una paradoja considerando las transgresiones e incorrecciones a las que invita el género, que hoy tiene en Kanye West, Kendrick Lamar y Action Bronson a sus nuevos bastiones. Pese a que nadie pareció extrañar la presencia de Snoop Dogg, el otro rapero anunciado para esta edición del festival –y cuya cancelación se produjo pocos días antes de la consumación–, hubo mucha expectación por las intervenciones de Tame Impala y Jack Ü. Y es que la agrupación australiana volvió por cuarta vez a Buenos Aires, tras consagrarse mundialmente en 2015 con su más reciente álbum, Currents, en el que se volcó más al onirismo que a la psicodelia. Y eso lo reflejó a cabalidad en su recital, el cual fue toda una hipster(ia), con papelitos incluidos.

Mientras que la dupla conformada por los estadounidenses Diplo y Skrillex confirmó en su set que es mejor que se encuentren revueltos a que estén juntos, a contracorriente de la tradicional máxima. Si bien no se discute que no sólo son dos de los mejores embajadores de la música electrónica de los últimos tiempos, sino que revolucionaron el género, Jack Ü muestra su lado más banal, vanidoso y condescendiente. Y para muestra basta su final, en el que, antes de la típica pirotecnia de la clausura de cada fecha del festival, dispararon sendas cumbias que alborotaron a su audiencia, conformada por una masa adolescente. No obstante, aparte de Eagles of Death Metal, Tweenty One Pilots, Gramatik y de los islandeses Of Monsters & Men, cuyo pop es capaz de deshelar emociones, en la largada del Lollapalooza Argentina 2016 brilló Illya Kuryaki & the Valderramas: el único artista local con la suficiente destreza para raptarle público a cualquiera de los foráneos. Al punto de que invitó al escenario al californiano Miguel, el novel ídolo del R&B y del soul, que participará en su próximo disco.

Pero no todo está perdido. Si la primera fecha del Lollapalooza no cumplió del todo con las expectativas artísticas –aunque sí lo hizo en organización, convocatoria y como vitrina de la actualidad sonora–, la segunda y última jornada del festival ya se correspondió con la sorpresa. Al cierre de esta edición, Alabama Shakes se transformó en la gran figura del evento, luego de ofrecer en el Main Stage 1 un recital imponente: a punta de blues, R&B y soul, apuntó a lo más profundo de los sentimientos y realmente los movilizó. Incluso en sus pasajes más eufóricos la rockeó más que Bad Religion, leyenda del hardcore melódico y del punk rock que en simultáneo tocaba en el escenario Alternativo mostrando un ímpetu venido a menos. Por lo menos pareció más digno que lo de Brandon Flowers, líder de The Killers, que vino en rol de crooner indie para presentar sus temas solistas y los de su banda. Sin embargo, aún faltaban los shows de Noel Gallagher, Marina and the Diamonds, Babasónicos, Florence and the Machine, Mumford & Sons y la respuesta a todos: los sudafricanos Die Antwoord.

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Eagles of Death Metal, destacados en la primera jornada.
 
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