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Miércoles, 6 de abril de 2016

MUSICA › UN DOCUMENTAL SOBRE EL REGRESO DE THE STONE ROSES

El sueño cumplido de una generación

Banda de culto, originaria de Manchester, se separó en 1996. Desde entonces hubo de parte de sus seguidores un “operativo clamor”, que desembocó en su regreso a los escenarios, en 2012. The Stone Roses: Made of Stone, de Shane Meadows, retrata esa celebración.

 Por Javier Aguirre

Una banda de rock que se toma 17 años de silencio afronta dos destinos posibles, el olvido o el culto. Y para The Stone Roses la espera fue funcional al mito. Pese a haber grabado sólo dos discos de estudio (de 1989 y 1994) y a no haber alcanzado gran proyección fuera de Gran Bretaña, se convirtieron en uno de los artistas emblemáticos del rock inglés, al menos, para los ingleses. Y su regreso a los escenarios, en 2012, resultó un sueño cumplido para una generación. Esa espera de muchos que resulta bien recompensada es el espíritu que se impone en el documental The Stone Roses: Made of Stone hoy en I.Sat, a las 22), cuyo director Shane Meadows, en su personaje de fan del grupo, aparece como un protagonista más, casi a la par del cantante Ian Brown, el guitarrista John Squire, el baterista Reni Wren y el bajista Mani Mounfield. “Como si los fans hubieran aportado casi tanto como los músicos por la leyenda de los Stone Roses”, sugiere el productor inglés Mark Herbert, responsable de la película, entrevistado por Página/12. ¿La leyenda de las rosas de piedra?

Esto pide archivo: a fines de los ‘80, en Manchester, una escena de rock tribal, baile y locura conocida como Madchester contó con el liderazgo indiscutido de The Stone Roses, los buenos chicos malos de una camada que incluyó otros nombres como Happy Mondays, Charlatans o Inspiral Carpets. El abrupto final de la banda, en 1996, disparó una cuenta regresiva, que es retratada como un operativo clamor en The Stone Roses: Made of Stone, donde la vuelta triunfal a los conciertos en Manchester, suena a fiesta popular.

–Stone Roses parece una especie de mito nacional en el Reino Unido. ¿Lo es para usted? ¿Cuándo empezó a escucharlos?

Mark Herbert: –Es loco. En 1989, cuando tenía 18 años, en vez de ir a la Universidad me fui de viaje, iba sólo con la mochila, quería cargar poco peso, y me llevé un walkman Sony, que ya era viejo y 5 casetes. Uno de ellos era The Stone Roses, el álbum debut de la banda, y se convirtió en el himno de un año fundamental para mi vida. En Egipto conocí a un muchacho llamado Matt, que era de Manchester y me contó que la banda se había vuelto enorme. Él tenía un casete con unos remixes. Corte: veinte años más tarde, estoy sentado ahí, con Ian Brown a dos metros, escuchando juntos esa música. Tuve que pellizcarme a mí mismo para creerlo.

–¿Usted vivió personalmente esa escena de Madchester? ¿Qué recuerda?

–Entre 1990 y 1995 hubo un gran cambio en el norte de Inglaterra: de repente era cool no ser de Londres. Hacia el verano de 1990 yo todavía vivía con mis padres y viajaba 30 minutos en tren hasta Manchester. Por entonces, el club The Hacienda era espectacular. En los shows de The Stone Roses vi, por primera vez, a hombres que bailaban en vez de agarrarse a trompadas.

–En The Stone Roses: Made of Stone hay multitudes apasionadas, conciertos apasionados y también la banda se muestra apasionada. ¿Es un documental sobre la pasión?

–Uno de los objetivos de la película era capturar esa emoción que después de tantos años volvía a aparecer en los ojos de los fans. Y eso incluye al director Shane Meadows, que es un gran fan de la banda. Ese primer concierto en Parr Hall, en 2012, fue uno de los mejores días de nuestras vidas. El amor y la emoción que hubo en esa sala nunca serán superados.

–En la historia de los Stone Roses están los fans, la fama, los conciertos masivos, las peleas internas, un cantante en la cárcel, un manager atacado a baldazos de pintura... ¿cómo evitar que resultara una especie de Spinal Tap?

–Intentamos simplemente documentar las cosas como fueron, con honestidad. Los cuatro miembros de la banda comparten un vínculo extraño cuando están tocando, sin liderazgos ni trucos. Son fucking buenos haciendo eso.

–Los documentales de rock ya son un género. ¿Qué necesita tener un documental de rock para ser bueno?

–Tiene que ser tanto acerca de la banda como de sus fans. Estamos hablando de miles de hombres de más de cuarenta años que soñaron durante mucho tiempo con esa reunión. Y cuando finalmente ocurrió, se trató de un momento especial, ideal para ser capturado y contado. Por eso el gran tema debería ser la marca que un artista deja en la gente.

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El film, que se verá hoy a las 22 en I.Sat, da cuenta de la marca que dejó la banda en su gente.
 
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