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Miércoles, 13 de abril de 2016

MUSICA › PATRICIA MALANCA PRESENTA AUNQUE NADIE TE VEA NUNCA CONMIGO

Silvio Rodríguez en 2x4

La cantora grabó versiones tangueras de clásicos como “Te doy una canción”, “Quien fuera”, “Canto arena” o “Historia de la silla”, todos firmados por el prócer musical cubano, y las mostrará en vivo esta noche en el Torquato Tasso.

 Por Cristian Vitale

Silvio Rodríguez en clave de tango, ésa es la cuestión. O sea, clásicos como “Te doy una canción”, “Quien fuera”, “Canto arena” o “Historia de la silla”, ejecutados por una orquesta que se llama La Tangueando a Silvio Rodríguez y cantados por la arrabalera Patricia Malanca. “Hago esto porque considero que uno es un sujeto parido por una época y yo estoy parida en la era de Silvio, en su contemporaneidad y en esa mezcla maldita, maleva y salvaje que es el tango”, introduce ella, que volverá a mostrar el disco que contiene tal alquimia (Aunque nadie te vea nunca conmigo) hoy a las 21 en el Centro Cultural Torquato Tasso (Defensa 1575). “La idea de tanguear a Silvio fue pensada mientras todavía estaba tocando mi primer disco, La Malanca, y conocí a Martín Elizalde. A partir de la sociedad musical con él y el éxito que tuvo su tema ‘Más cielo’, se consolidó un esquema que yo venía reiterando en mis recitales: tanguear alguna canción que viniera del mundo rock”, historiza la cantante, que lleva realizadas varias giras con tal “capricho” en la voz.

–Pero Silvio no es un rockero...

–Pero el rock y la música de la trova cubana se colaron en mi historia a partir de criarme en un barrio fabril, obrero y patio trasero de la Capital como Avellaneda. Con la radio de mi papá que hacía sonar tangos mientras reparaba carburadores en casa, con el rock que hacían sonar los vecinos en esa casa estilo chorizo donde todos nos escuchábamos a todos, con las manos en la guitarra intentando atrapar la poesía de Silvio que me interpelaba y desafiaba todos los mandatos culturales. Me recuerdo adolescente, cantando “una buena muchacha de casa decente no puede salir, qué diría la gente el domingo en la misa si hablan de ti, qué dirían los amigos, los viejos vecinos, qué vienen aquí” (“La familia, la propiedad privada y el amor”). Fue así que surgió la idea de tanguear un tema de Silvio para uno de los recitales.

Luego, dada la pasión de la cantora por el trovador y dada la sociedad con el ex Falsos Profetas Elizalde –que terminó como productor–, la idea abarcó un disco entero que aún sigue dando que hablar. “Silvio había sido versionado ya por varios artistas, incluso por el grupo Los Bunker en Chile desde una estética pop/rock, pero abordarlo en tango era todo un desafío. Tenía todos los ingredientes en la mesa. Tenía a Martín, tenía la idea, tenía mi propia historia cruzada con su música, tenía el compromiso suficiente para encarar la apuesta y además, comparto formas de pensar la vida. Con todo ese material humano, hicimos el disco”, cuenta la cantora.

–Faltaría la tercera pata del trabajo, que es La Tangueando a Silvio Rodríguez Orquesta. ¿Cómo comenzó y cómo devino la relación con ella?

–Con la orquesta venimos tocando el disco desde su lanzamiento, y hemos consolidado y afianzado el estilo que tiene la particularidad de haber logrado, de acuerdo al público, adaptar la propuesta para que pueda ser bailable en milongas. Sí, hemos logrado tocar el Tangueando a Silvio en ambientes de milonga y contemplar orgullosos que no solo las letras cobraron una dimensión especial con la métrica del tango, sino que la rítmica calzó perfecto para que los milongueros abrazaran la idea.

–¿Cómo concibieron a Silvio en clave tanguera? ¿Cómo se hizo ese traspaso en términos musicales y poéticos?

–Para delinear un esquema de trabajo trazamos dos ejes. El primero fue el musical. Una de las cosas más inteligentes del disco que proyectamos fue que cada tema fuera arreglado para responder a cada uno de los estilos que reconocemos en el tango, tanto los criterios estéticos de la vieja guardia, como los de la nueva. Es así que se puede escuchar en “Alguien” una clara alusión a “La Yumba”, de Pugliese; o “Historia de la silla” convertida en un vals que podría ser una buena versión de Troilo; o un “Réquiem” muy gardeliano, o un fragmento de “Lo que vendrá”, de Piazzolla en medio del reconocido “Canto arena”, tanto como una ignota pieza “Paloma mía” convertida en milonga rioplatense. Luego nos dedicamos al eje poético, que nos ponía a seleccionar aquellos temas que tuvieran una visión existencial, dado que muchas de las metáforas de Silvio están vinculadas con elementos que hacen al hombre de mar, como la arena, la playa, las caracolas. En cambio, nuestra tradición letrística tanguera está más relacionada a nuestra existencia como seres portuarios de río, el pavimento, el smog, o a elementos del suburbio como el yuyo, la maleza o los debates existenciales del hombre, casi discepolianos. Fue esto último lo que decantó la primera selección de sus canciones.

–¿Cuáles fueron las que quedaron tras ese “filtro poético”?

–“Te doy una canción” es de las interpretaciones en las que notamos mayor efecto en el logro de la fusión que proponemos. Cada palabra encaja en el ritmo y se recorta en el compás para acentuar la intención del poeta, además del efecto emotivo que conlleva el tema en sí mismo para aquellos que tienen nostalgia del Silvio del Obras de los 80. Pero para quienes exploramos su música más allá de sus clásicos, está la propuesta de “El problema”, uno de los temas más políticos del disco, donde ofrecemos una versión poderosa que responde a la estética de las orquestas de tango contemporáneo: con los bandoneones como fierros bien al frente y la voz recortada de fondo.

–¿Tuvieron alguna devolución de parte de Silvio?

–El disco lo construimos a través de consultas con la productora Ojalá, que él tiene en Cuba, y fuimos interactuando vía mail. Le enviamos las primeras maquetas de los temas. La primera fue la de “Debo” y nos hizo una devolución con un aporte. Nos contaba que, curiosa y casualmente, ese tema elegido para versionar en tango, él lo había compuesto para una película argentina en 1992. Desde entonces nos estimuló y, una vez terminado el disco, nos hizo saber que nos felicitaba por el esfuerzo. Luego viajé a Cuba para acercarle personalmente el disco y agradecerle su generosidad.

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“Mi propia historia está cruzada por la música de Silvio Rodríguez”, asegura Malanca.
 
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