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Jueves, 28 de abril de 2016

MUSICA › LA GAúCHA DOM LA NENA

Clásica y popular

 Por Sergio Sánchez

“Millones de disculpas por la demora en contestar, estoy de gira en Brasil y corro como loca de un lado para el otro jeje”, escribe Dominique Pinto desde Porto Alegre. Y no exagera. Dom La Nena, tal su nombre artístico, está en medio de la gira de presentación de Soyo (2015), su segundo disco solista, que la llevó por España, Francia, Portugal, Inglaterra, Italia y la trae ahora nuevamente a tierras sudamericanas. Esta noche actuará en ND/Teatro (Paraguay 918), a las 21, y mañana visitará Montevideo. En su nuevo disco, Dom La Nena apela a canciones más rítmicas y “festivas” que en su antecesor, Ela (2013), pero con la misma carga autorreferencial. “Era una cuestión del momento en el que lo compuse: estaba muy feliz, con una adrenalina y una euforia casi constante desde que Ela había salido, y quizás por esto el disco transmite una sensación más festiva”, cuenta la chelista y compositora brasileña. “Musicalmente necesitaba explorar cosas nuevas y quise buscar el lado rítmico de mis canciones”, remata.

Hay varios rasgos que hacen de Dom La Nena una artista original, que se sale de la regla. Dominique nació en 1989 en Porto Alegre, a los cinco años empezó a estudiar piano y luego se trasladó con su familia a Francia, donde desarrolló sus estudios en el violonchelo. A los 13 regresó a Brasil pero su espíritu inquieto y las ganas de profundizar en su instrumento la hicieron desembarcar sola en Buenos Aires. En estas tierras, tomó clases con la chelista norteamericana Christine Walevska e integró la Orquesta Académica del Teatro Colón. “Los cinco años que viví en Buenos Aires me marcaron mucho. Llegué sin mi familia, corriendo detrás de mis sueños y mis pasiones, que eran el violonchelo y la música. Encontré personas maravillosas, un país que me recibió con los brazos abiertos y rápidamente me sentía argentina”, dice la cantautora. “Haber estado en la Orquesta Académica del Colón fue una de las maravillosas experiencias que tuve en esos años. Aprendí mucho sobre música”, explica y adelanta que hará hoy una versión de “Gracias a la vida”, de Violeta Parra, sola con su chelo.

Sin embargo, llegó un momento en el que sintió la necesidad de correrse del lugar de concertista y componer sus propias canciones. “Durante dos años hice una gira muy larga acompañando a la cantante Jane Birkin por todo el mundo. Fue un lujo enorme poder tocar las canciones de Serge Gainsbourg cantadas por ella. Era muy chica, tenía 18 años cuando empezamos y con el tiempo me fueron viniendo las ganas poco a poco de poder tocar mi propia música, y de no ser solamente intérprete o acompañante. Así empecé a componer. Necesitaba empujar los límites y ver hacia dónde podía llegar con la creatividad. Necesitaba sorprenderme”. Así construyó un mundo de canciones en donde caben tanto la canción francesa (“Juste Une Chanson”), el vals (“Buenos Aires”), la música de Brasil (“Sambinha”, “Carnaval”) y el mundo. Un equilibrio, también, entre la música popular y la académica. “La música popular y la clásica se mezclan de manera natural para mí. Desde siempre convivo con las dos”, dice.

–En una entrevista, dijo que tuvo que aceptar que no tenía una sola raíz, sino muchas. ¿Reconocerse de ese modo le permitió mayor libertad al momento de componer, interpretar y abordar ritmos diversos?

–Este sentimiento relacionado a mis raíces es algo que me inspira mucho a la hora de componer. Es liberador no sentirse de un solo lugar, de una sola cultura, de una sola lengua. Te da una sensación de independencia. Esto me libera de los géneros, de una sola estética, de una sola cultura, y me permite ir hacia donde quiera de manera mucho más natural.

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