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Lunes, 22 de agosto de 2016

MUSICA › ENCUENTRO NACIONAL DE MUSICOS POPULARES, EN ROSARIO

La suma de afinidades electivas

Jorge Fandermole, Teresa Parodi, Los amigos del Chango, Liliana Herrero y Lilian Saba fueron algunos de los muchos y buenos músicos que participaron de este encuentro atravesado por la coherencia estética. Hubo también talleres, muestras y juntadas espontáneas.

 Por Cristian Vitale

Desde Rosario

El “Mono” Izarrualde compara improntas. La de los encuentros que se hacían en Paraná, allá mediando la década del ochenta, con la de este Encuentro Nacional de Músicos Populares que se realiza desde hace trece años en Rosario y que, con la presencia de la Orquesta que integra (Los Amigos del Chango), está llegando a su última jornada. El vientista, una leyenda a esta altura de la MPA, engloba ambas patriadas musicales bajo una misma “mística”. “Es impresionante como se ve la hermandad de esta gran familia de músicos… los compañeros rosarinos laburan como locos para vivir intensamente estas jornadas”, sostiene el artista, aliado eterno del Chango Farías Gómez. Hermandad, impronta, mística, todas palabras –con sus respectivos significados– perfectamente aplicables a lo que ocurre, ocurrió y ocurrirá al cierre de esta edición, en un encuentro de esos necesarios para la buena salud de la música popular argentina. Y conmovedores, también, no solo por sus talleres, muestras y juntadas espontáneas, sino por sus conciertos programados a conciencia estética. Realizados bajo una lógica que nada tiene que ver con una idea comercial –lo organizan músicos independientes de la ciudad del Che y Fontanarrosa– y enrolados en las diferentes aristas estéticas que devienen de la música de raíz.

Martín Neri, por caso. Enorme guitarrista que juega de local en la Plataforma Lavardén con un concierto en el que brillan poesía, música y canto a iguales dosis. El ex “acompañamiento” del Dúo Salteño y Teresa Parodi despliega en cuatro piezas un caudal creativo e interpretativo que estremece. Detrás queda el video presentación del ciclo, que acumula imágenes y pasajes de sus doce años anteriores –la aparición de Mercedes Sosa explota en aplausos– y de momento, Neri se alía al río con la bella y sosegada “Matriz del agua”; pasa por un gualambao de Parodi llamado “Nosotros” y distiende con una chacarera picaresca dedicada a los viejos verdes. Impecable. Tras él, la misma noche, aparece la mismísima Teresa. Aplausos a rabiar para la correntina, que vuelve a las fuentes, una y otra vez, con el hermoso huayno “Paloma, Palomita”; la conmovedora “El otro país”, y una de esas historias personales que le gusta contar y cantar, como “La Florentina”, una inmigrante correntina que hunde en un chamamé la nostalgia de su tierra. “Aprender la lección de la historia debe ser no perder la memoria, nunca más”, expresa la cantautora.

La jornada, sigue con el cuarteto El Cielito –banda de fusión que recorre laberintos sonoros que remiten a Miles Davis, Hermeto Pascal y el candombe uruguayo– y cierra Jorge Fandermole, en banda, con un concierto que pasea la excelsa pluma del rosarino por gemas de su acervo: “Es una responsabilidad y un enorme gusto compartir con todos estos compañeros esta noche, participar de un movimiento que viene fortaleciéndose y haciéndose con una energía y una voluntad que sobrepasa las reales posibilidades”, introduce Fander, que se entrega al fluir del río a través de bellísimas composiciones como la chamarrita “Chamarrón de proa”, “Yarará”, “Agua dulce”, “Alunados” y “El amor y la cocina”.

Otra noche, tras los talleres consumados y muy concurridos de Lilian Saba (ensamble instrumental); Juan Saavedra (danza); el mismo Fandermole (La canción, una expresión de dos lenguajes) y Roberto Calvo (ensamble vocal), es en el cálido Centro Cultural Parque España, a la vera del río. Allí se presentan Analuz Blanco; el brillante trío Dos Más Uno y Santiago Arias, que se la banca solo a bandoneón y voz, recorriendo gemas del NOA profundo. Le dedica el concierto al recientemente fallecido Niní Flores –maestro de los fueyes– y fluye con una selección de bailecitos norteños, sube más hasta llegar a Bolivia a través del dolido huayno “Basta corazón” y realza su acabado set con una respetuosa versión de “El aveloriado”, chacarera del Cuchi Leguizamón. La sala no está colmada como la noche anterior –la del jueves–, pero el calor humano es casi el mismo. El color también, cuando Lilian Saba y Liliana Herrero suben a escena, entonadas por las brisas frescas del río. Más entonada aún por el agridulce sabor de una copa de vino, la cantora estremece con una versión de “Zamba del arribeño”, de Néstor Soria y Juán Falú; remueve sentires con la chacarera “Juan del monte”, del glorioso tándem Leguizamón-Castilla; se pone triste al encarar una zamba en cuyo título (“Allá lejos y hace tiempo”) se refleja: “Así siento yo mi vida, hoy”, dice, al amparo del piano de Saba –brillante, como siempre– y la flauta de Marcelo Chiodi.

La Herrero también versiona a Fernando Cabrera mediante “La casa del al lado”. Ensalza al cantautor uruguayo por las reflexiones sobre el tiempo que conllevan varias de sus canciones, y engancha la idea con un deseo: “A mí me gusta la expresión `vamos a volver´ pero, como no soy una agitadora profesional, prefiero decir `pero mejor de lo que fuimos”, y se va, tras una intervención solista de la pianista (“Sol y luna”), con la inoxidable “Luna tucumana”, a voz quebrada. Dejándole la escena caliente a los músicos que vendrán el sábado: los dúos Díaz-Arnal y Ledesma-Di Paolo, y dos ensambles: uno vocal, y el otro instrumental, la MusiMedios BigBand que, bajo la dirección de José Luis Castiñeira de Dios, agita almas con una muy sólida versión de “El Humahuaqueño”, entre otras, anticipando la última noche que se consumaba al cierre de esta edición con –vuelta al principio– la poderosa (a)puesta de los Amigos del Chango. “Es de los encuentros más lindos que se hace en el país, por sus descubrimientos y reencuentros, y porque llena almas”, sentencia uno de ellos, Luis Gurevich, a quien –nobleza obliga– poca la razón le falta.

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Liliana Herrero canta, Lilian Saba toca el piano. La síntesis: una música exquisita.
 
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