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Jueves, 25 de agosto de 2016

MUSICA › ED MOTTA, EN UNA NUEVA VISITA A LA ARGENTINA

Lejos de los lugares comunes

Es brasileño, pero señala que en su propio país no hay mucho margen para lo suyo. Se declara “talibán de la música hecha por músicos” y su disco más reciente, Perpetual Gateways, navega entre el soul y el jazz. Hoy actúa en el Picadero.

 Por Yumber Vera Rojas

“En Brasil no conocen lo que es una molleja”, asegura Ed Motta en una parrilla de Palermo, mientras fotografía con su celular lo que considera un manjar de otra galaxia. Al punto de que cuando señala la que tiene en su plato, sus ojos se desorbitan y exclama con vehemencia, al mejor estilo de Ignatius Reilly, “Meu Deus!”. Si bien a ambos los aúna la gula y la cuestión de peso, lo que marca distancia entre el protagonista de La conjura de los necios y el músico brasileño es el “sabelotodismo”. “Mi realidad está centrada en los asuntos que conozco y que me gustan. Así que fuera del arte, no me interesan otras cosas que el vino y gastronomía”, se sincera, al tiempo que cata un vino blanco. “Puedo hablar tres horas sobre un artista que me gusta mucho como el venezolano Aldemaro Romero, pero no sé nada de los Juegos Olímpicos. Odio los deportes, por lo que no tengo idea de lo que pasó”.

A poco más de un año de su participación en el Lollapalooza Argentina, Motta regresa al país para ofrecer un show solo con su piano, el cual presentará esta noche a las 20.30, en Buenos Aires, en el Teatro Picadero (Pasaje Discépolo 1857), y mañana en la ciudad de Córdoba. Aunque adelanta que esta vez basará su repertorio en los temas de su obra que mejor calaron entre el público local, el sobrino del legendario Tim Maia también advierte que incluirá algunas canciones de su más reciente álbum, Perpetual Gateways, lanzado en febrero pasado. “A diferencia de América latina, el jazz tiene un apego muy grande en Europa”, explica el referente carioca del soul y el R&B, quien actuó como invitado de Illya Kuryaki and the Valderramas en su recital de 2014 en el Luna Park, de lo que da fe el álbum Aplaudan en la luna. “El sello alemán Membram, que fue el que me contrató, me pidió un trabajo en esa dirección”.

Aunque en esta ocasión el repertorio jazzístico era muy elocuente para la compañía discográfica, el músico se llenó de elogios con su material anterior, AOR (2013), inspirado en Steely Dan y en el soul de los setenta. De manera que el reto fue aunar lo mejor de ambos mundos, lo que consiguió especialmente en la edición en vinilo de Perpetual Gateways. Se trata de un álbum doble que posee un disco dedicado al soul (Soul Gate) y otro al jazz (Jazz Gate). “Como en el sello vieron que tenía discos instrumentales, me preguntaron si quería hacer otro. Y les dije que no me gustaría hacer uno sólo así. Pero tampoco me daban ganas de sacar un AOR II”, justifica Motta, quien tuvo como productor al pianista Kemau Kenyatta, conocido en tiempos recientes por su trabajo junto a Gregory Porter. “Y eso deja muy en claro que son casi como dos cosas diferentes, aunque el concepto estético está cerca porque son los mismos músicos tocando”.

Pese a que la edición en CD del nuevo disco de Motta consta de una decena de canciones, cuyos ámbitos sonoros se dividen a partir del quinto track donde el jazz comienza a tomar cuerpo, en Perpetual Gateways, ya sea en ese formato o en vinilo, lo que domina es la interpretación en inglés. “Por mí siempre hubiera cantado en inglés, porque la música en ese idioma es la que me influyó desde chico. Tiempo después fue que conocí la tradición sonora de mi país”, sorprende el multiinstrumentista de 45 años. “Esto es muy auténtico y verdadero con mi historia personal. Pero en América latina, a causa de las cuestiones políticas y de la concientización latinoamericanista, no se puede cantar en inglés. Soy de una generación a la que le hubiera gustado ser yanqui. Es un barco que ya se fue. Mi propuesta fue un compromiso con mi gusto, que siempre estuvo envuelto por la música que se hizo hasta 1978”.

Al tiempo que considera que la música actual es un “absoluto desastre” y se autoproclama “talibán de la música hecha por músicos” (por lo que repele la cultura electrónica), Motta afirma que el nuevo mapa sonoro brasileño es un reflejo de lo que sucede en el mundo. “El disco Never Mind the Bollocks, de los Sex Pistols, y Grandmaster Flash siguen siendo las dos grandes influencias que existen”, especula este primo del cantante Léo Maia. “La música popular actual de Brasil, la de la nueva generación, tiene grandes músicos sin concepción, y un montón de gente llena de concepción, pero sin nada de música. Además, el mercado está muy difícil, pues lo que manda es el sertanejo. Mi crítica no es sobre lo popular, porque nunca me prestó atención. No fue mi público. Pero en los últimos cinco años me dediqué a desarrollar más mi internacionalización porque no tengo trabajo en mi país”.

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Además de su show en Buenos Aires, Motta actuará mañana en Córdoba.
 
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