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Miércoles, 28 de septiembre de 2016

MUSICA › ORQUESTA EL TAMBO. LA MUSICA EN BUENAS MANOS, DE LIBER Y JORGE MENGHINI

“Suena como una orquesta profesional”

El documental que se estrena mañana en el Espacio Incaa-Gaumont retrata una experiencia transformadora, la de la Orquesta El Tambo, nacida en 2006 en una barriada humilde de La Matanza y hoy multiplicada por tres: una infantil, otra juvenil y una tercera de tango.

 Por Karina Micheletto

La experiencia de una orquesta infantil y juvenil, que se creó y creció en un barrio humilde de la provincia de Buenos Aires, da tela para escuchar mucho y hablar de muchas cosas. De lo que ocurre cuando un chico tiene a mano la posibilidad de aprender a tocar un instrumento, de hacer música. De lo que puede significar ser parte de una orquesta, de un equipo, con sus reglas y sus valores. De lo que implica que el Estado acerque esa posibilidad a los que de otra manera no la tendrían. De lo vital que resulta que un proyecto de este tipo, con todo el esfuerzo que implica (de ese Estado, de los profesores, de los chicos y sus familias, de la escuela donde se realizan los ensayos, de la comunidad que también colabora) no sea discontinuado por ninguna gestión de gobierno y que sea alentado a crecer. De todo esto habla, con un título acertado, Orquesta El Tambo. La música en buenas manos, el documental dirigido por Líber y Jorge Menghini, que se estrena mañana en el cine Gaumont, retratando una experiencia transformadora.

La de la Orquesta El Tambo es una experiencia entre muchas que se replicaron en los últimos años, desde diferentes programas, en todo el país, pero resulta tal vez especial por ser pionera. Nació, cuenta la película, en 2006, a partir de la idea del entonces director nacional de Artes, el charanguista Rolando Goldman, de crear orquestas que desarrollaran un repertorio popular y que además cumplieran un rol social, acercando esta posibilidad a los chicos de sectores más humildes. Así se creó el Programa Andrés Chazarreta, que dirige Eduardo Tacconi y funciona bajo la órbita del Ministerio de Cultura de la Nación, y que actualmente tiene ya 30 orquestas, todas creadas a partir de convenios con municipios. La de El Tambo fue la excepción, ya que el convenio se hizo con la organización Tierra y Vivienda, desde la cual surgió también este barrio de La Matanza, toda otra historia de lucha de vecinos que construyeron sus casas en tierras que eran fiscales, según cuenta también la película.

Los que hablan en este documental son los protagonistas de esta experiencia: los pequeños y jóvenes músicos, los profesores, los padres, la directora de la escuela 188. Hablan de lo que significa comenzar a tener un interés, y en algunos casos una vocación (actualmente hay ocho chicos que pasaron por la orquesta y que están estudiando música en otras instituciones). Del orgullo de los amigos, de la familia. De la sorpresa al descubrir que un arco puede estar hecho con cola de caballo, o la cantidad de instrumentos aerófonos que existen. De la experiencia de dar un concierto, de aprender a leer una partitura o sacar una melodía de memoria, o de hacer viajes de intercambio y conocer otros chicos que hacen música, otros docentes. De profesores que van a buscar a los chicos a sus casas cuando ven que están faltando mucho. De “padres que empezaron a valorar a sus hijos de otra manera”, según describe la directora de la escuela. De llegar a querer la música “tanto como el fútbol”, según cuenta entre risas un preadolescente. De la comprobación de que todos los chicos pueden: pueden todo lo que se propongan. Sólo es cuestión de poner a su alcance los medios para que lo logren.

A diferencia de otros programas como el de Orquestas Infantiles y Juveniles para el Bicentenario, del Ministerio de Educación, que actualmente está siendo desmantelado, según siguen denunciando sus profesores, la experiencia de la Orquesta El Tambo tiene hoy una feliz continuidad. Creció y se dividió en una orquesta infantil y otra juvenil, para chicos de 14 años en adelante, y además incorporó una orquesta de tango, “que suena como una orquesta profesional”, se sorprenden los directores de la película. Carlos Alvarez, el director de la orquesta, cuenta que dos meses atrás hubo un concierto debut que fue todo un auspicioso comienzo para este nuevo “hijo”. Los tres dialogaron con Página/12 sobre la película, el presente y el futuro de El Tambo y los programas de orquestas infantiles y juveniles.

–¿Cómo encararon el proyecto de la película?

Líber Menghini: –Antes de filmar empezamos a ir a los ensayos, para conocer a los chicos, que ellos nos conozcan, crear ese vínculo. Al principio hubo un poco de recelo, de timidez, lo lógico. Pero esa etapa pasó rápido porque los pibes fueron muy abiertos y tuvimos una muy linda experiencia, no fue nada difícil en ese sentido. El vínculo de confianza se dio muy naturalmente. Eso era fundamental porque lo que queríamos era tomar la voz de los chicos: no imponer nuestra voz, sino que ellos contaran su propia historia.

Jorge Menghini: –La única dificultad fue en todo caso técnica, y se planteó con el sonido porque queríamos que también fuera una película musical: la orquesta tenía que escucharse bien. Convocamos a técnicos de grabación para los ensayos y trabajamos en conjunto con los sonidistas. El resto avanzó con mucha frescura porque los chicos son encantadores. El director nos dijo: “Ustedes ya forman parte del proyecto”, y eso fue un gran honor para nosotros, también toda una responsabilidad.

Carlos Alvarez: –Tal vez los chicos ya estaban un poquito acostumbrados al tema de las visitas, porque ya han recibido a “observadores” por distintos motivos, para tesis universitarias, gente de otras provincias que encara proyectos similares. Pero esta vez ellos iban a ser los protagonistas y eso generó una gran expectativa.

–¿Qué es lo que más les gusta de la película?

C. A.: El trabajo de Jorge y Líber es sumamente valioso por lo auténtico: se han preocupado por mostrar la realidad fiel, no sólo del trabajo nuestro, también del barrio, la comunidad, su idiosincrasia. No han recurrido a ningún elemento decorativo ni ficcionado. También es valioso como registro del trabajo, en toda su dimensión, artística, social, política, cultural.

J. M.: –El objetivo de la película es mostrar la importancia del trabajo de la orquesta, y creo que eso está logrado. Porque se puede hablar mucho en forma abstracta, pero el que conoce estas historias, entiende la dimensión que tiene este proyecto. Ahora queremos que esto siga, que la película se pase en cuanto lugar se pueda, que se conozca todo esto tan valioso. Y que no se corte, que a nadie se le ocurra tocar esto que debe ser una política de Estado. Si no, el mensaje sería: antes me preocupé por vos, pero ahora te abandono. Sería terrible.

C. A.: En ese sentido nos preocupa mucho lo que está ocurriendo con las orquestas del programa de Educación, es una realidad muy negativa y estamos siempre solidarizados con todos los trabajadores de las Orquestas y Coros del Bicentenario. También por eso queremos mostrar todo este trabajo, que hay que seguir potenciando.

–¿Qué devolución tuvieron de los chicos de la orquesta?

L. M.: –Hicimos una pasada especial para ellos y remarcaron lo importante que era poder ver todo lo que lograron, como que todo el trabajo, todo el esfuerzo, valió la pena y la película lo resumía. Hablaron de sentirse parte de una familia, no sólo de un grupo de trabajo. Fue emocionante.

J. M.: –Vieron que están tratados con cariño, y lo agradecieron. Nosotros quizás aportamos desde el registro, y ellos también, con el afecto: no somos iguales cuando terminamos el documental que cuando empezamos. Recibimos toda esa energía y ese amor de parte de ellos. De hecho se creó un vínculo que continúa, nos seguimos viendo.

C. A.: –Fueron muy emotivas esas devoluciones, los chicos agradecieron la posibilidad de tener algo trascendental, de desarrollarse en algo que les importa. No sólo eso: que fuera posible otorgarle algo a los demás, tocar para los demás. Podría hablar de muchos logros de la orquesta pero, la verdad, lo que más me enorgullece es lo vincular. Hay un sentido de pertenencia muy grande, de los chicos y nuestro.

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“Los padres empezaron a valorar a sus hijos de otra manera”, describe la directora de la escuela.
 
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