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Viernes, 30 de septiembre de 2016

MUSICA › EL NOTABLE DUO DE JUAN CARLOS “MONO” FONTANA Y FLORENCIA RUIZ

“Es como un domingo con amigos”

Así definen el tecladista y la guitarrista y cantante a su fértil encuentro creativo, que dio como resultado el disco Parte y una intención de mostrar esas canciones en vivo que podrá comprobarse hoy en la sala Caras y Caretas, de Sarmiento 2037.

 Por Cristian Vitale

“Queremos ser buena gente y hacer buena música, o la que humildemente hacemos”, dice la dupla.

El primer año de la década fue el punto de partida. Luis Alberto Spinetta y Hugo Fattoruso, las musas que, desde algún lugar tan detonante como incorpóreo, inspiraron de alguna manera el encuentro. Y el disco debut que acaban de editar (Parte), es la manifestación concreta de una juntada que aún parece estar amaneciendo. O emergiendo, según entiende una de las partes, Juan Carlos “Mono” Fontana. “Empezamos re emergentes, de una manera muy natural, y de alguna forma, con disco y todo, sigue siendo así. Lo que uno espera es simplemente que le guste a otro, sea quien sea”, arranca el tecladista, en la previa del concierto que ambos aprovecharán para mostrar el exquisito trabajo en público, hoy a las 21 en Caras y Caretas (Sarmiento 2037). “Una primera cuestión es que los valores que cierta parte de la sociedad impone seguramente no son los que nosotros comulgamos: queremos ser buena gente y hacer buena música, o la que humildemente hacemos, y esto es lo que intentamos plasmar íntegramente en el disco”, sintetiza Florencia Ruiz, pata femenina del dúo.

El rol que le compete a cada uno también es parte central de Parte. Mientras ella, además de componer las dieciséis canciones que lo pueblan, las canta y se acompaña con la guitarra, el Mono, va a lo seguro, a lo que sabe: al piano y sus sintetizadores climáticos. Al ropaje y la atmósfera de esta fiesta animada, pero etérea. “Las canciones son de ella, yo solo las visto un poco detrás... lo que logramos entre los dos fue un sonido, digamos. Son canciones bien crudas, ella con la viola y la voz en estado primal, yo con lo mío; todo sencillo y con la intención de que quede plasmado lo que venimos tocando juntos hace un tiempo”, reflexiona el tecladista que abrillantó, allá lejos en el tiempo, el sonido de Spinetta Jade. “Sencillo, sí. Hay cinco o seis temas del disco que nunca habíamos tocado juntos antes de la grabación, y pasó algo increíble: hay tres temas míos en los que yo estoy leyendo ¡y él no! Yo no entiendo, éste tipo es un genio. Igual, nunca le tuve temor a eso de grabar sin ensayar, más bien le temo a la energía del momento, y esas cosas. Por eso invitamos algunos amigos como para que parezca más un encuentro que una grabación... no sé, llevamos una torta, unos quesos, como si fuese un domingo con amigos, con el deseo de que saliera algo copado”, cuenta Ruiz, sobre un trabajo en estudio que no demandó más de dos horas. “Igual parecieron mil, porque el mono toca desde los diez años para llegar a lo que llega. No es una casualidad, hay mucho laburo ahí”, sostiene la cantautora.

Parte representa para ella su novena experiencia discográfica, entre trabajos acompañada o en solitario. Para Fontana, en cambio, una participación vital que fortalece una historia fuertemente ligada a bandas–emblema como Madre Atómica, Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre o Spinetta Jade, por nombrar algunas, más los dos discos solista que registró hasta el momento: Ciruelo y Cribas. “El disco que hicimos con Flor de alguna manera sigue estas huellas, porque carece de etiquetas. No entra en una batea específica, y es tan simple como estar conversando en esta mesa. No hay booking-manager, fotógrafo, prensa, o grandes logísticas. Es cero eso y todo música”, sentencia el compositor del instrumental “Mula Alma” (Madre en años luz, Jade) sobre el disco que acaba de publicarse en vinilo, en Suiza, sin que ellos se enteren.

Cuenta Florencia que, de casualidad, le avisó un amigo: “Lo primero que dije fue `qué raro`, porque el disco lo iba a editar un japonés allá, y pensé que había algo raro ahí, pero después dije `si yo no consigo que te llegue el disco a vos, y estamos acá nomás, ¿cómo voy a hacer que llegue a Suiza?...’ ma sí, que la música circule y listo ¿o no? Es más, había gente que ya lo pedía en el website, cuando acá nos encargamos nosotros mismos de llevarlo a las disquerías, de distribuirlo y de laburarlo”, señala Ruiz, a quien una asociación libre la lleva a la bandeja giradiscos que acaba de comprar para escuchar, al menos una vez al día, un disco de vinilo con su hijo. “Nos sentamos y lo escuchamos. Es un esfuerzo, porque a veces hay mil cosas para hacer pero nos hacemos un lugar, cuando lo más común es poner un tema en la compu, y listo”, reflexiona la cantautora, sobre un modus operandi musical que –fácil de sospechar– comparte con su alter ego masculino.

El primer contacto personal entre ambos fue durante un show a beneficio de Japón, tras el tsunami que hostigó a la isla en marzo de 2011, y lo que recuerdan es que no fue nadie. “Un amigo, Fernando Kabusacki, organizó un show y fueron tres personas, dos alumnos míos y no sé quién más”, se ríe Fontana. “Entonces apareció Florencia y se armó una banda ahí nomás, con Kabu, Alejandro Franov y algunos músicos más, para acompañarla. Fue el primer meeting entre ambos, y nos gustó. Así empezamos: unos ensayos, una lista de músicas, y ya”. El primer recital fue en la capilla del Centro Cultural Recoleta, en ese 2011. “Yo había hecho un disco con Villavicencio, se lo mostré al Mono y salió el primer repertorio”, agrega la guitarrista.

“Tengo un amigo que dice `qué difícil sería si tenés que salir de tu obra para entrar en tu vida, y tenés que salir de tu vida para entrar en tu obra`, y creo que más o menos actuamos acorde a eso. Hay una posición tomada de cómo hacer música”, señala Ruiz, mientras vuelve sobre una de las musas del dúo (Spinetta) para incorporar su ejemplo: “¿Qué duda cabe de que fue un genio?, pero él se construyó con otros, porque también vale con quién se rodeó. Entendió que tener buenos tipos en las bandas sumaba mucho”. “Así es”, tercia Fontana, “y además era muy respetuoso de sus músicos, muy. Digo esto porque a veces hay una distancia grande entre el solista y los músicos. La música puede estar buena, pero siempre hay un algo más”, sostiene el Mono, sentado frente a una botella de agua mineral, mientras le devuelve la palabra a Florencia para el remate final: el sentido del nombre del disco. “Le pusimos así precisamente por eso del ego. Digo, lo que hacemos es apenas una parte de algo, porque nadie es mejor que nadie... tenemos esto para aportar, y es lo que está ahí, en ese puñado de canciones”.

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