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Viernes, 19 de enero de 2007

MUSICA › WILLY POLVORON, POETA DE LOS SUBURBIOS

“En la vida hay que tener voluntad para soportar todo”

El documental Sueños de polvorón cuenta la historia de un cantante aficionado que, a pesar de no afinar y de convocar a sólo 50 personas por show, es objeto de culto para una hinchada que lo consagra como un auténtico personaje.

 Por Julián Gorodischer

El poeta de los suburbios, conocido como Willy Polvorón, es de los que creen que el mundo es de los que perseveran. Hace 18 años que recorre las peñas y le canta a un máximo de 50 personas por show, para exhibir su extraña performance desafinada, y es calificado por su séquito y su fiel manager (Mariano Echenique) como un diamante en bruto que pronto (siempre “pronto”) se dejará ver en plenitud. Tan fuerte es su influencia entre la tribu que memoriza sus himnos, tanto ayudó a darlo a conocer el fanatismo confeso de Elizabeth Vernaci, que lo suele programar en la Rock & Pop, que este año se hizo acreedor del protagónico de Sueños de polvorón, la película de Gabriel Alijo que acaba de concluir su rodaje y espera su estreno para mediados de este año. De la historia de Willy, el hombrecito que un día de 1989 se calzó los mocasines para irse a inscribir en la Facultad de Derecho (y todavía sigue ahí) se desprende la fidelidad obsesiva de Mariano Echenique, su fiel ladero, manager que insiste e insiste en busca de una gloria que se retacea. Y sigue, sigue...

Willy Polvorón: –Mariano es un empecinado. En el CBC de Derecho nos conocimos y formamos un grupo de estudiantes; yo les cantaba mis temas, que son muy viejos: “La bicicleta”, “La tapita de gaseosa”, “Don Freire”. Mariano pensó que era rarísimo y me propuso grabar un disco. Compongo tocando la guitarra en mi casa, no me costó nada hacerlo: nunca tengo que ponerme dos meses o un año a hacer una canción. La hago en dos minutos y la dejo así como está.

Como cantautor desafinado defiende la subjetividad del gusto y se inspira en momentos fugaces de lo cotidiano; quiere inmortalizar el asado con amigos (en su hit “La morcilla”) que alude al más puro realismo. El doble sentido –dirá– es cosa de quien lo quiera interpretar. La dejo al sol, y se me calienta/ Se me calienta la morcilla/ antes de tirarla a la parrilla/ Te lo digo/ te lo digo/ no te hagás el pescado/ La vida es una sucesión de asados. (Repite varias veces.)

La voz que acompaña la melodía es un gorjeo no entrenado en clases de canto y respiración que igualmente contagia el tarareo adictivo. Desde la intuición, Willy Polvorón parece haber estudiado el secreto del gusto, como para domar la escucha ante su voz cascada, imposible... Si el documental de Gabriel Alijo es el biopic del anti rock star, la demostración de que no sólo puede interesar el cuentito de caída y ascenso repentinos, el relato del Willy real es mucho más mundano. Vive feliz, contento..., dice. “En la película hay una idealización de mi fracaso”, comenta combinando varias cosas a la vez: capacidad para leerse a sí mismo, sentido de lo popular, y jueguitos de lectura doble tan afectos a algunos seguidores de Leo Maslíah y Alejandro Dolina, su público. “Lo que digo es cierto –sigue Willy, empecinadamente lineal– porque cuando preparamos el asado en un camping o en algún lugar, lo último que se pone es la morcilla, entonces queda expuesta al sol y, como lo negro atrae la radiación solar, ya está casi hecha.”

–El doble sentido es explícito, Willy...

–Sí, pero es una referencia muy elíptica. Es como hacer un gol con comba. Muchas veces alguien me dice que el tema “El timbre” tiene un sesgo contestatario, o una marcación de queja (¿cómo es?), de protesta. Y yo estoy hablando de cómo los padres reprimen a sus hijos para que no puedan desarrollar sus vidas. Cuando uno deja volar sus sentimientos, y otra persona lo quiere reprimir, el individuo se torna taciturno e hipocondríaco.

Si la vivencia de todos los días alcanza para tematizar su obra, es porque confía plenamente en el poder iluminador del universo cotidiano. Así le canta a Los Polvorines: sin romantizar la zona. Por ejemplo, suele hacer campaña para que se terminen las balas perdidas, que se ensañan durante las Navidades con los más chicos (como le pasó a la hija de 12, de un amigo suyo) que se acaba de morir baleada. En todo caso, cuando Vernaci le entregó el mote de poeta de los suburbios no estaba aportando a la difusión de un promotor o un idealista, sino de un crítico de la vida suburbana que –por una vez– no cae en la mitificación de la pobreza ni en la condena y la exclusión (entre los dos extremos del arco ideológico), sino que describe lo que conoce desde adentro como en sus canciones:

–El rasgo de Los Polvorines es no saber nada: la persona ignorante es concejal, diputado. Son antivirtudes. Y la persona que se inclina a desarrollar su mente es objeto de burlas y actitudes socarronas.

¿Si todo lo suyo es acerca del fracaso? ¿Qué fracaso? Acaso la biografía de Willy es trascendente por el valor ejemplificador del que pelea y no renuncia hasta el final, de “dos personas que descubrieron de qué están hechos los sueños” (como advierte el director Alijo). Para Willy Polvorón, “todo arte implica una dificultad. Y el artista no produce artesanías. No produce en la fábrica. El arte depende de la moda del momento: grandes artistas han muerto en la miseria y su obra ahora cotiza en millones de dólares. Creo que Dios se expresa a través de lo que hacen los seres humanos”. Empezó a componer a los 14; el primer tema fue “Ñacapengue”. Canta Willy en la entrevista: “Pengue ñaca/ pengue ñaca/ pengue ñaca/ oh oh oh”. Es “el típico chabón del conurbano, con todas las vivencias que eso significa”.

W. P.: –A los 11, manejaba términos de astronomía y física. Mi léxico se enriqueció precipitadamente, y mis compañeros me cargaban. Me peleaba porque no entendían lo que yo decía... A mí me gusta estudiar la morfología del globo terráqueo.

–Hasta que decide estudiar en la Capital...

–Mi padre quería que siguiera un oficio. Cuando me fui a poner mis mocasines para ir a anotarme a la Facultad de Derecho, me preguntó dónde iba. Le dije: yo voy a ser abogado, y me ordenó que fuera a vender garrapiñada al tren. ¡Pobre chabón! Yo me agarraba la cabeza; lo compadecí. Después de los 40 recién pude tomar una cerveza con un amigo de la infancia. Antes, les hablaba de la respiración pulmonar y la traqueal. Vos de tu padre esperás que te aliente, no que te cave una fosa.

Cantar mal como leitmotiv, como marketing o destino.... ¿Lo favorece la moda del gallo y el grito que impuso Iliana Calabró en Cantando por un sueño de Tinelli? “De hecho –sigue– yo canté ‘La morcilla’ en lo de Tinelli, pero no me da el tiempo porque estoy trabajando y aparte estudio para terminar mi carrera.” Si para Alijo conocer a Willy representa “la posibilidad de volver a creer” en causas que no sean perdidas, el propio Willy –con su carrera construida en el empecinamiento– recoge más negativas que resultados pero se ve más afectado por los bochazos que por las silbatinas (si es que existieran). “Mis fracasos en la facultad..., ahí sí se me viene el mundo abajo –dice–. Mi gran placer de la vida es caminar como uno más. Por eso silenciosamente traté de quedarme en el anonimato.”

–Nunca se frustra, incorporó el “no” a su vida diaria....

W. P.: –Ver Sueños de polvorón ayuda a que cada uno haga un examen de conciencia sobre sus errores. Para sincerarnos y hacer el esfuerzo de no tropezar con la misma piedra. Estamos emitiendo un mensaje subliminal positivo para la sociedad: tenemos que ser lo que realmente queremos ser. Como dijo San Martín: Serás lo que debas ser, o no serás nada. Hay que tener voluntad para soportar las serruchadas de piso, soportarlo todo.

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Willy Polvorón practica “una poética de lo cotidiano”.
 
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