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Viernes, 9 de febrero de 2007

MUSICA › ENTREVISTA A SOLEDAD VILLAMIL

“Ahora canto yo, no un personaje”

Dejó de lado momentáneamente a la actriz. Aquí habla de sus nuevas motivaciones.

 Por Karina Micheletto

No trae nada para contar sobre series o películas. La actriz, dice Soledad Villamil con decisión, quedó momentáneamente de lado. De lo que ahora habla con pasión esta morocha que así, a cara casi lavada, parece más joven que en la tele, es de su nueva faceta como cantante. Lo que ahora lleva a escena Villamil es un repertorio de tangos, milongas, valses y rancheras que tienen algo en común: hilvanan historias de hombres y mujeres bien plantados, con el paisaje de la pampa argentina como fondo. Eso es lo que la actriz, y ahora cantante, mostrará hoy, mañana y los próximos viernes y sábados de febrero en el Centro Cultural Torquato Tasso (Defensa 1575).

Si a fines de los ’90 se mostró cantando en el espectáculo Glorias porteñas, que permaneció varios años en cartel, ahora, explica Villamil, la que canta es ella, no un personaje. No eligió temas muy conocidos, a excepción de alguno como “Adiós pampa mía”: “Milonga del solitario” o “El aromo”, de Atahualpa Yupanqui; “El aguacero”, de José González Castillo y Cátulo Castillo; “Añoranzas”, de José María Aguilar. Allí es donde aparece la parte teatral de la cuestión: en lo que tienen para decir esas historias que suenan, para muchos, por primera vez.

–¿Por qué una actriz a la que no le falta trabajo decide ser cantante de tangos?

–No sé. O sí, sé: por el deseo. Cantar me da la posibilidad de expresar algo más propio, que hoy por hoy me interesa muchísimo investigar. Por eso lo encaro de esta manera, casi artesanalmente. Podría haber ido a un sello, buscarme un productor y empezar a armar un disco de ese modo. Pero elegí estar en la cocina, porque éste es un espacio mío, y acá hago y deshago, coso y descoso. Así puedo profundizar en la búsqueda, más que en un resultado.

–¿Cómo fue apareciendo el repertorio?

–Yo me acerco a las canciones y las elijo por su contenido poético, y por ese poder que tienen las canciones populares: contar una historia en tres minutos. Empiezo por las canciones que tengo ganas de cantar, y a medida que voy ensayando va apareciendo un color, en este caso, un repertorio más criollo. El trabajo es primero intuitivo, después lo conceptualizo en un plano consciente (el de la temática campera). Así puedo seguir buscando en esa dirección, con una propuesta que, sin ser teatral, tiene su identidad. No es una suma de canciones, cuando las elijo estoy pensando en un todo, en el show.

–¿Ese trabajo es similar al actoral, cuando busca un personaje?

–La similitud está en que el trabajo va de lo intuitivo a lo conceptual. No es que primero está la idea y después la organizo, sino al revés: primero aparecen puntas, cosas aisladas, de lugares hasta desconocidos para mí. Después eso empieza a tomar forma. Pero, como actriz, tengo mojones que organizan ese camino: un director, compañeros, una obra. Acá soy yo, no tengo nada antes de partir. Estoy haciendo a la vez la dramaturgia, la dirección y la producción.

–Pareciera que plantea el trabajo de cantante como más expuesto que el de actriz.

–Las dos cosas son expuestas. Pero en este caso, no hay intermediación de terceros: acá la que se sube a cantar soy yo, no un personaje. Y si en trabajos como Glorias porteñas el canto estuvo mediado por la actuación, ésta es la primera vez que depende absolutamente de mí: soy yo y nadie más, no hay nadie en el medio que me proteja. Empecé a cantar en el contexto teatral casi como un ensayo y éste es el comienzo de algo, con otra posición diferente.

–¿Y piensa dejar de lado la actuación?

–No, para nada. Hoy cantar tiene un lugar de exclusividad profesional, por el compromiso que implica. Hoy hago la opción, y por suerte puedo hacerla. Pero no lo siento excluyente más adelante. Hay lugar para todo en la medida en que uno se organice.

–¿Y por qué cantar tangos y milongas, de dónde le viene?

–Las canciones que me gusta cantar no son las que habitualmente escucho. Siento una identificación grande con el género a la hora de cantarlo. Es como cuando encarás un personaje: por ahí sentís afinidad no sabés bien por qué, porque se parece a vos o por oposición, es algo medio misterioso.

–¿Y en el vivo, qué pasa con esas canciones?

–Me sorprende lo que pasa con el público. Hay pocos temas conocidos y eso permite que el recorrido sea como un viaje. La situación que se genera no es “escuchen cómo hago esta versión”, sino “escuchen esta canción”. Es como si estuviera escribiendo la letra a medida que la canto. Cuando ensayás y probás los temas, primero te tienen que emocionar a vos. A partir de ahí, podés imaginar lo que va a pasar con cada canción en el vivo, pero es raro. En cada tema siempre hay algo que se confirma y algo que te sorprende. Pasan las dos cosas a la vez.

–Hay varias actrices que se largaron a cantar. ¿Se siente parte de un grupo de “actrices jóvenes que cantan”?

–No, por ahora no hay nada que nos nuclee, no compartimos proyectos, tenemos repertorios y encuadres musicales distintos. Pero siento un gran respeto por esos proyectos que apuntan a sostener viva una llama que pertenece a la historia teatral de nuestro país: Libertad Lamarque, Sofía Bazán, Tita Merello fueron actrices y cantantes. Evidentemente, los compartimentos no son tan estancos, aunque hoy se los vea así. Para mí, cantar y actuar son dos formas de expresión naturalmente vinculadas. No hay nada curioso en que una actriz cante. Es muy natural.

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Soledad Villamil interpreta tangos, milongas, valses y rancheras en el Tasso.
 
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