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Martes, 10 de julio de 2007

MUSICA › MARCELO MERCADANTE Y PABLO MARCHETTI

“En el tango hay lugar para todos los estados de ánimo”

El dúo recreó la vieja escuela de “compositor y letrista” para darle vida al CD Suburbios del alma. En la grabación se rodearon de invitados ilustres, desde Martirio hasta Leopoldo Federico.

 Por Karina Micheletto

La escena del tango tiene hoy por hoy asegurada una continuidad de calidad en una cantidad de compositores jóvenes que de a poco fueron desarrollando estilo propio, muchos de ellos al frente de sus agrupaciones. Pero sobre la nueva guardia tanguera pesa una crítica repetida: faltan letristas, se apunta por distintas vías. A contramano de la corriente, el bandoneonista y compositor Marcelo Mercadante y el periodista y poeta –y también “actor, guionista, cantante y lo que venga”, según se anuncia– Pablo Marchetti (director, además de la revista Barcelona)– conformaron un dúo que cultiva el tango canción, con buenos arreglos y letras que pintan a la Buenos Aires actual y a sus habitantes, con una que otra pincelada de ironía. En Suburbios del alma –tal el nombre del primer disco del dúo, editado por Acqua Records– letrista y compositor trabajan juntos, siguiendo el desarrollo del tema desde su gestación, a la manera de las duplas históricas del tango.

Además de las canciones que transitan distintos climas, el disco impresiona por la cantidad de invitados reunidos alrededor de las canciones del dúo. Están las voces de dos españoles célebres, Martirio y Miguel Poveda, y de los locales Lidia Borda, Omar Mollo, Alejandro del Prado y Elba Picó. Y también hay una larga lista de músicos ilustres, comenzando por Leopoldo Federico y siguiendo por Hugo Fattoruso, Hernán Possetti, Pablo Agri, Pablo Mainetti, Diego Schissi y César Angeleri, entre muchos otros. Con arreglos y dirección musical de Marcelo Mercadante (su disco anterior es Con un taladro en el corazón), el disco tiene un atractivo extra en el arte, con los dibujos del historietista Calé, seleccionados de la serie Buenos Aires en camiseta, publicados en la revista Rico Tipo en la década del ’50.

Amigos de la secundaria, antes que compañeros musicales, Mercadante y Marchetti lograron concretar su disco con un océano de por medio, y tras seis años de trabajo. Mercadante estaba viviendo en Barcelona, Marchetti en Buenos Aires, y las melodías fueron y vinieron, con sucesivas correcciones y cambios, acompañadas por los cambios tecnológicos: “El intercambio de letras y músicas empezó por fax, como en ‘Tal vez’. ¡Venimos de ahí! –se ríen los autores–. Con el tiempo, todo se simplificó”. “Legamos a estar hartos de ese sistema: yo escribía dos compases, me tenía que reprimir para no seguir escribiendo, hasta esperar a que llegara la letra, tipo cadáver exquisito”, cuenta Mercadante.

El trabajo llevó un año de producción y grabación, e incluyó gestiones heroicas como la invitación a participar a Martirio, y la aceptación inmediata de la española de las peinetas. Otro invitado del que se enorgullecen es Leopoldo Federico: “No sólo como bandoneonista, sino por el gran aporte a lo que es el espíritu de este disco, el del tango canción”, dice Marchetti. “Es el tipo que tocó con Julio Sosa y también con el Octeto de Buenos Aires. Para eso, tenés que ser un jugador de toda la cancha. Y un músico que siempre defendió a la orquesta típica”, define Mercadante. Claro que también agradecen las presencias de otros “gurúes”, como Hugo Fattoruso, y de tantos “amigos que tocan bien”.

–En el tango actual parece haber más desarrollo de compositores que de letristas. ¿Por qué creen que pasó eso?

Marcelo Mercadante: –Quizás no hubo interés de parte de los que hacen las melodías en buscar letras interesantes.

Pablo Marchetti: –Lo que no hay es el dúo de compositor y letrista laburando juntos. Hubo una época en que los Expósito, Cobián-Cadícamo, Troilo-Cátulo o Piana-Manzi se ponían a ver juntos lo que iban a hacer. En un momento, eso se cortó.

–Las letras del disco no manejan la temática de la marginalidad, habitual en el tango actual. ¿Fue algo buscado?

P. M.: –Salió como sentí que quería expresarme, con lo que quería contar. No está escrito en primera persona, por ejemplo, eso sería irreal, un artificio, quizás puedo hacerlo como un recurso poético, pero nada más. Tampoco me interesa ser cronista de la realidad con el tango canción. En este caso, la canción tenía que estar limpia de esos artificios. A mí me gusta mucho Virgilio Expósito, un tipo que metió el surrealismo y determinadas expresiones de vanguardia literaria en el tango. Eso me parece más cercano a mí que ponerme a hablar de lo marginal.

–¿Qué tiene un tango canción que no tiene una canción?

P. M.: –Yo no me planteo ese tipo de diferenciaciones. Quizás hay cierta dimensión geográfica desde donde se plantean las cosas, o donde está parado quien cuenta las historias de amor, o desamor, o las historias psicodélicas, lo que fuera. Esa ubicación geográfica, cierto concepto de realidad espacial, quizás tenga que ver con lo específico del tango.

–¿Y qué cosas no incluirían en un tango canción?

M. M.: –Para Pablo está prohibida la palabra tango, o la palabra bandoneón, o la palabra esquina. ¿Para qué? Si eso está tan presente en el tango, tan palpable, ¿para qué explicarlo?

P. M.: –Eso mismo que hago yo con las letras, lo evita Marcelo en los arreglos. Hay cierta esencia del tango que no hace falta explicar, ni subrayar todo el tiempo. Del mismo modo, si en algún momento aparece la ironía en mis letras, no es buscada, las cosas salen, así como salen en Barcelona, pero en todo caso es un recurso. Una letra de tango puede estar escrita desde el dolor, o para cagarte de risa, o porque te colgaste de la palmera... En el tango hay lugar para todos los estados de ánimo. ¡Como en la vida misma!

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Mercadante y Marchetti: tango canción, con dosis de ironía.
 
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