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Martes, 14 de agosto de 2007

MUSICA › EL TEATRO COLON LLEVA “TURANDOT” A MEXICO

“Mi herramienta es el oído, no busco amplificar porque sí”

Gabriel Anecchina es uno de los responsables del operativo montado en el Auditorio Nacional del DF para que la última ópera de Puccini suene como corresponde.

 Por Diego Fischerman
desde Mexico DF

Las unidades de medida, en una ciudad donde viven 17 millones de habitantes, son otras. El muralismo ya da una pista. O, en todo caso, señala por lo menos dos cuestiones inseparables de la impresión que causa México DF: el gigantismo, por un lado y, por otro, el grado de cotidianidad que allí tiene el arte. En esa ciudad, el Auditorio Nacional espera la Turandot que el Colón estrenó en el Luna Park. Que la empresa de espectáculos que organiza las funciones mexicanas del Colón en pleno –una comitiva de 260 personas– se haya fijado en esa puesta grandiosa no es extraño. Pero los responsables deberán redoblar la apuesta. Porque el Luna Park resulta pequeño al lado de este auditorio con capacidad para 10.000 espectadores por el que pasaron el ballet del Kirov y Louis Armstrong y cuyo record absoluto fueron las 24 funciones de Luis Miguel, en 2004, con casi un cuarto de millón de asistentes.

En el bosque de Chapultepec, en la entrada del magnífico edificio inaugurado en 1952, un cartel anuncia “Teatro Colón: Turandot” junto a Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat y a Caetano Veloso. Más adelante estarán The Police y Soda Stereo. Los monumentales soldados chinos diseñados por el regisseur Roberto Oswald están ya situados en los extremos del escenario donde, desde hace cuatro días, trajina una multitud de técnicos argentinos trabajando en colaboración con el plantel estable del Auditorio. La versión será repuesta por Marga Niec y uno de los responsables del operativo con el que la última ópera de Puccini llegará en forma de gran espectáculo masivo a México es Gabriel Anecchina. “Trabajo con los técnicos de sonido, no soy sonidista; soy músico”, dice este argentino actualmente radicado en Italia que se ocupa ni más ni menos que de controlar que el “sonido sea el más parecido posible al de un teatro de ópera. Me interesa la tecnología, estoy a favor de ella. Hoy son posibles cosas que antes no podían ni pensarse. Gracias a los adelantos técnicos podemos pensar, hoy, en un espectáculo de esta naturaleza, con los cantantes moviéndose por la escena, actuando, y no en el borde del escenario, quietos, para tratar de ser escuchados. Pero mi herramienta es el oído. No me interesa amplificar porque sí. Si un pasaje es íntimo no debe perder ese carácter. Por supuesto, si tengo que darle gas a la orquesta en un momento, lo hago, pero no lo hago porque sí. No se trata de que todo suena siempre lo más fuerte posible”.

Anecchina, que además de supervisar el sonido en las funciones en el Luna Park es el encargado de la recuperación sonora del archivo del Teatro Colón y de las ediciones discográficas que ya tuvieron como fruto una Turandot de 1965, con un elenco encabezado por Birgit Nilsson y Montserrat Caballé, que debutaba en el Teatro Colón como Liù, y Faust de Charles Gounod, con Nicolai Gedda, Nicolai Ghiaurov y Heather Harper, fue durante años el productor y manager del tenor José Cura. “Grabando –dice– se aprende a una velocidad inconcebible. Hay que resolver infinidad de cuestiones en tiempos brevísimos”. Para él, el Auditorio de México, a diferencia del Luna Park, “tiene ya condiciones que ayudan y que hay que tener en cuenta. El Luna Park es un galpón, sin condición acústica alguna. El sonido hay que crearlo desde el principio. Aquí, en cambio, ya hay una disposición en herradura, un techo que baja, es decir elementos que colaboran con que el sonido llegue a todo el recinto”. Para Anecchina, el principal enemigo es la estandarización. “Los teatros y los auditorios de esta naturaleza ya tienen determinado cómo se amplifica cuando hay un público de 5000 personas, cómo cuando son 7000 y cómo cuando son 10.000”, explica. “Pero no cualquier música es igual a otra. Hay momentos, además, en que deben escucharse de manera destacada los cellos, por ejemplo, porque van con el canto. Y eso, en estas salas, debe producirse desde la consola”. En este caso, el espectáculo contará con un equipamiento extraordinario, dos consolas de 52 canales cada una, cada una con un operador y ambos coordinados por un director de orquesta y por Anecchina. La producción contará con las actuaciones protagónicas de Cynthia Makris, José Luis Duval, Paula Almerares y Ariel Cazes. La orquesta y coro serán los estables del Teatro Colón –este último dirigido por Salvatore Caputo– y la dirección musical será del director musical del teatro, Stefan Lano.

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“No soy sonidista, soy músico”, aclara Gabriel Anecchina, argentino radicado en Italia.
 
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