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Jueves, 5 de junio de 2008

LITERATURA › CLAUDIA PIñEIRO Y LA REEDICIóN DE TUYA, UN POLICIAL ATRAPANTE

Los trapos sucios de la clase media

En su primera novela, la escritora destapa una trama de traiciones y muertes, con un estilo que apela a la narración, el monólogo y hasta el informe forense: “En muchas familias hay hipocresía, y me gusta correr el velo y mirar detrás”.

 Por Silvina Friera

Un ama de casa, desesperada por no perder a su marido y por preservar una fachada de “matrimonio perfecto”, es la protagonista de un policial duro, vertiginoso, en el que literalmente se pisa el acelerador a fondo. Inés, madre de una hija adolescente y casada hace diecisiete años con Ernesto, descubre que su marido la engaña cuando encuentra un corazón dibujado con un rouge, cruzado por un “te quiero” y firmado “tuya”. Más allá de la indignación inicial, prefiere disimular. “En definitiva, y por más que a una le pese, a toda mujer, en algún momento, le meten los cuernos. Es como la menopausia, puede tardar más o menos, pero ninguna se salva”, piensa y dice Inés, que, por cierto, no la pasa nada bien. Una noche, después de escuchar el final amenazante de una conversación telefónica entre su marido y la amante, Inés decide seguirlo hasta los bosques de Palermo y observa cómo Ernesto discute con su amante, su secretaria Alicia, y la empuja, “con tanta mala suerte que fue a dar justo con la cabeza en un tronco que había en el piso, y se quedó seca”.

El comienzo de Tuya, la primera novela policial de Claudia Piñeiro, reeditada por Alfaguara, hace que sea imposible abandonar la lectura de una historia construida con la pericia y la precisión de un relojero. Las piezas encajan de capítulo a capítulo: los imperdibles monólogos de Inés con los informes forenses y los diálogos telefónicos de su hija, que está embarazada pero sus padres ni se enteran, enceguecidos por sus disputas y la precaria complicidad que establecen para ocultar el crimen, que se resquebraja cuando Inés se da cuenta de que hay otra amante más.

“A lo mejor en algún momento me animo y no mato a nadie”, bromea Piñeiro en la entrevista con PáginaI12. “De mis tres novelas, Tuya es la más policial. Lo que más me gusta es el suspenso, más que el policial en sí mismo; prefiero una trama con más ribetes psicológicos y sociológicos”, señala la autora de Las viudas de los jueves y Elena sabe. “El policial me permite contar una historia que sé hacia dónde va y lo que voy a contar. De alguna forma también te ata porque en un policial no podés alejarte demasiado de la trama”, explica la escritora. “Si bien me gusta la digresión y contar historias paralelas a la trama en sí misma, y muchas veces la trama es una excusa para contar otras cosas, en el policial siempre tenés que volver al crimen que prometiste contar. Me siento más segura.” Piñeiro advierte que la clave del suspenso es “cuánto doy y cuánto no doy, porque si no das, no generás suspenso sino sorpresa”, aclara. “Si no te digo nada y dentro de cuatro capítulos explota una bomba y se mueren todos, evidentemente eso es sorpresa pero no es suspenso, como decía Hitchcock. Yo tengo que ir dosificando determinadas cuestiones para generar un interés sobre alguna rama de lo que estoy contando, y después hay que atar todos los cabos sueltos. El policial tiene un entramado de relojería que a lo mejor otro tipo de historias no tiene.”

–¿Por qué en sus novelas siempre aparece la hipocresía de la clase media como telón de fondo?

–En muchas familias hay hipocresía, y eso de correr el velo y mirar detrás de lo que se muestra es lo que intento hacer en Tuya. Me gusta forzar la mirada y ver qué hay debajo de la alfombra. Me parece más interesante la tierra que se esconde debajo de la alfombra que los bronces lustrados de una casa (risas).

–¿Cómo explica el hecho de que sus personajes estén siempre en crisis?

–Hay una película, Gente como uno, en la que actúa Mary Tyler Moore. La protagonista tiene dos hijos y uno se muere en un accidente en un bote. Ella y el marido tienen una reacción muy diferente respecto del hijo sobreviviente. Ella no le perdona al hijo sobreviviente la muerte del otro. El padre, que tiene una reacción bastante más comprensiva y lógica desde el dolor, que se pone en el lugar del hijo sobreviviente, dice, refiriéndose a su mujer, que hay personas a las que jamás conoceríamos si la vida no las pusiera delante de determinada circunstancia que hace que se muestren tal cual son.

–¿Por qué hay pocas mujeres que escriban policiales?

–No sé cuál es el motivo, pero podría decir que es un tema que no les atrae demasiado a las mujeres. Por otra parte, no me gusta la cuestión de género porque creo que cualquiera puede escribir lo que quiera. Marisa Grinstein y Liliana Escliar son las autoras de Mujeres asesinas; escriben para televisión, pero escriben algo que tiene que ver absolutamente con lo policial. No sé, sinceramente... quizá no son situaciones que respondan al estereotipo de los temas que atraen a las mujeres. No sé, soy una mujer rara (risas).

Piñeiro tiene tres hijos de 14, 12 y 10 años. Ninguno leyó las novelas de la madre, pero el de 14 le dijo que una amiga había leído Las viudas de los jueves y le preguntó: “¿Es verdad que en una parte hay un tipo que tiene sexo con un perro?”. La escritora recuerda que esa situación por la que preguntaba su hijo es muy ambigua y que podía interpretarse de esa manera. “Pensé en la amiga, en la madre de la amiga, en mi hijo... y me dije ‘¡qué problema!’”.

–¿Y qué le contestó?

–Le dije que no era exactamente así, que era una situación insinuada, pero que algo de eso había. Y le pregunté si le había molestado esa parte a su amiga. “No, le encantó”, me dijo (risas).

–Excepto en Las viudas..., donde no hay mucho movimiento, en las otras novelas los personajes tienen que hacer un viaje, se mueven, se trasladan. ¿Qué significa el viaje en su literatura?

–El viaje es la posibilidad de conocimiento; no es que digo “voy a escribir un viaje porque esta persona va a conocer”. El movimiento y la marcha les permiten reflexionar a mis personajes.

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“Lo que más me gusta es el suspenso, más que el policial en sí mismo”, señala Piñeiro.
Imagen: Rafael Yohai
 
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