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Viernes, 29 de abril de 2011

LITERATURA › FERNANDO NOY Y LA APERTURA DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESIA

Una voz para todas las poetas

La sexta edición del encuentro promete voces vibrantes, intercambios jugosos. La inauguración estará a cargo de Milo de Angelis, y luego Noy convocará a un “trance poético” con Alejandra Pizarnik, Marosa Di Giorgio y Olga Orozco, entre otras.

 Por Silvina Friera

Las musas inspiradoras de Fernando Noy invaden la 37ª edición de la Feria del Libro. Será un banquete imperdible del VI Festival Internacional de Poesía, que se inaugura hoy a las 19, en la sala Cortázar, con una lectura de Milo de Angelis, uno de los poetas italianos contemporáneos más destacados, considerado por los críticos como un continuador de Ungaretti, Montale, Saba y Quasimodo. La invocación de esos espíritus que han marcado a fuego a Noy –Alejandra Pizarnik, Marosa Di Giorgio, Olga Orozco, Adélia Prado y Amelia Biagioni– se mezclarán con las voces de la poeta gallega Chus Pato, el chileno Omar Mara, el cubano Alex Pausides, el uruguayo Sabela de Tezanos, el colombiano Javier Naranjo Moreno, el turco Ahmet Kot, el canadiense Louis Philippe Hébert y el coreano Won Sol, a cargo del cierre. Entre la veintena de poetas argentinos que trajinarán con sus poemas por La Rural, habrá que aprovechar y paladear a Roberto Raschella, cuya obra poética reunida acaba de ser publicada por Fondo de Cultura Económica.

Si la sala Cortázar tuviera un primer piso, habría que alquilar por anticipado el balcón para no perderse el espectáculo Fernando Noy y su tránsito poético, con puesta en escena de Gascón Ezcurra. La pasión de Noy por esas poetas lo convierte en una especie de sacerdotisa que ofrendará las voces de las mujeres que lo hicieron a él poeta, Pizarnik, Orozco, Di Giorgio, Prado y Biagioni. “Yo necesito entregarlas para que la gente las reciba”, cuenta a Página/12. “Voy siguiendo mi propia memoria, al principio hago un introito, una payada... Estoy feliz de poder participar de este banquete.” Después de leer Extracción de la piedra de la locura, Noy quedó extasiado. Tan fuerte fue el impacto que ese muchacho de 19 años removió cielo y tierra hasta dar con el teléfono de Pizarnik. La llamó, se encontraron y trenzaron juntos las delicadísimas hebras de una amistad que perduró hasta el suicidio de la poeta, en 1972. “Cuando la conocí, lo que nos separaba era que yo era hippie y ella no. Alejandra era una loca alucinada de su propia poesía y yo un pendejo de veinte años ideal para bancarla”, recuerda “el hombre de los Urales”, como lo apodaba Orozco a Noy. “Alejandra me decía que Manucho (Mujica Lainez) le decía que era una llorona medieval o una blusera. Y era verdad: era la gran blusera de nuestra poética nacional, pero tenía también algo de llorona, que al fin y al cabo es como una bagualera.”

Como la lectura de un libro lleva a otro, a Noy una poeta le abría las puertas de otra. En las veladas en la casa de Pizarnik se topó con Orozco y sumó así a una nueva amiga, una perla más en el rosario de sus influencias. “Olguita es la hechicera que demanda de Dios una respuesta; instaura el caos, pero también trae la solución. La Orozco era hechicera y exorcista al mismo tiempo, una gran maga”, resume Noy tantas impresiones y recuerdos. A Di Giorgio la descubrió, si la memoria no lo traiciona, allá por 1975, después de haber devorado Clavel y tenebrario. Nunca mejor ni más apropiada la metáfora canibalesca. El mito dice –habla, porque se renueva en cada anécdota– que cuando la poeta uruguaya recitaba se podían ver duendes. “Ella era una real druida, una sacerdotisa en la que los duendes eran extras, porque además aparecía el arco iris o de pronto un repollo volaba en el escenario”, evoca Noy esas experiencias poéticas paranormales. “Yo peregrinaba para verla en barquito; para mí Montevideo sin Marosa no es la misma ciudad. Bebíamos juntos hasta el alba y yo cantaba canciones en portugués-español, temas de Elis Regina, para ella. Era una excéntrica erótica con la que podía charlar horas, pero me parecía un ser dolorido que me recordaba la angustia de la propia Pizarnik. Marosa era vertiginosamente mágica, una maestra del hedonismo. Su obra es la irrupción de un mundo increíble.”

–Invítenlo a Noy, así lo tengo al lado, porque tiene un humor fabuloso –decía Olguita.

Olguita –claro– es Orozco. El diminutivo, que en otros sería pura impostura o canchereada para exaltar una complicidad inexistente, en Noy es apenas la punta de un afecto de lector y amigo inconmensurable. Hay una poeta que vio de lejos, con la que no pudo entablar una relación permanente, algo que cuesta creer en un tipo como Noy, que seduce hasta a las piedras. El lo sabe y no lo disimula. El hueso duro de roer, la chúcara o arisca, fue la uruguaya Idea Vilariño. “Nunca la podías ver, era la auténtica Greta Garbo de la poesía”, bromea. Pero cuando el actor era “la Reina de José Ignacio” (Punta del Este), según se define, se enteró de que Juan Gelman andaba por Uruguay y que un grupo de poetas irían hasta la casa de Vilariño, en Pocitos. “Ella salió de su casa, saludó, y Gelman entró. Fue la única vez que la pude ver”, subraya fascinado por esa señora de pelo blanco y bellísima que apenas vio, como si fuera un fantasma.

Ama tanto a esas musas que las palabras se encogen en su boca, como si no le alcanzaran los adjetivos de todas las lenguas del mundo para pintar los universos que compartió: el hechizo de versos, de charlas, de copas, de recitales. Y mucho más. “Amelia (Biagioni) era la cósmica, la sideral; su poesía es un permanente aterrizaje de cosmos nuevos que ella habita”, explica Noy. “Prado es la epifanía de lo cotidiano, la poeta que prefiere barrer la casa de mañana y exigir cosas a Dios; es luz más luz.” El chamán del underground, junto al entrañable Batato Barea, promete hilvanar lecturas y anécdotas hasta que en ese ritual todos entren en estado de trance.

* Fernando Noy y su trance poético se presentará a las 20.10 en la Sala Cortázar.

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“Necesito entregarlas para que la gente las reciba. Estoy feliz de poder participar de este banquete.”
 
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