espectaculos

Lunes, 16 de mayo de 2011

LITERATURA › MARIANO HAMILTON, ALEJANDRO MARINELLI Y EL HOMBRE ORDINARIO, UNA NOVELA A CUATRO MANOS

“Podemos ser políticamente incorrectos”

Después de presentar al detective Roque Centurión en Cercano Oeste, Hamilton decidió que Marinelli, que la había leído de un tirón, podía ser un socio ideal. Así le dieron forma a un formidable policial negro en el contexto de la Argentina de los ’70.

 Por Silvina Friera

Luis Delgado, “excelente” persona y “felizmente” casado, un tipo rutinario hasta la exasperación, murió en un accidente en Bariloche, en 1971. Eso dicen todos, excepto su madre, Marta, que contrata al detective Roque Centurión para investigar la muerte de su hijo. Roque carga en su conciencia las caras de los que había tenido que matar apenas un año atrás. Una pregunta lo atormenta: ¿realmente había tenido que matar? Su amigo, el Gallego Espiño, el dueño del bar de Gurruchaga y Cabrera, ex compañero de la sección Policiales del diario Crónica, muere. De él recuerda una frase que lo marcará para siempre: “Un cronista de policiales que no se hace preguntas sobre hechos que parecen claros no es un cronista de policiales”. El panorama pinta desolador para el detective. Más allá de dolores añejos y mal fermentados, igual decide aceptar el caso. Pero no bien comience a husmear y escarbar, se desplegará una compleja telaraña de personajes que empiojarán la cancha. Las peripecias de la investigación desembocan en la mafia de la prostitución en la Argentina de los años ’70. El hombre ordinario (Planeta), escrita a cuatro manos por Mariano Hamilton y Alejandro Marinelli, moldeada bajo el paradigma del policial negro norteamericano, es una novela que deja electricidad en el aire. Cada capítulo avanza en la revelación de una madeja de mentiras y relaciones confusas que, por empecinamiento y olfato del detective, ya no podrán ocultarse.

El padre de Roque Centurión es Hamilton. Siete años le llevó escribir la primera saga, Cercano Oeste (2009). Marinelli, entonces del otro lado del mostrador, sólo como lector y periodista, la leyó de un tirón. En un día. “Lo llamé para felicitarlo, pero no me daba mucha pelota y me dijo que necesitaba hablar conmigo”, recuerda Marinelli en la entrevista con Página/12. “Cuando nos juntamos, me propuso laburar con él. Quería seguir escribiendo, pero necesitaba que fuera de a dos, no estar solo. Me explicó cuál era su método de laburo, indispensable para poder escribir juntos. Entonces entendí por qué tardaba tanto. Tenía un montón de fichas; era francamente una locura.”

Mariano Hamilton: –Soy una persona obsesiva y yo tenía el afán de que todo cerrara perfectamente; más allá de que la trama pudiera ser complicada, mi interés era que todo fluyera con mucho ritmo y que no quedaran cabos sueltos. Muchas veces el ritmo te puede llevar puesto algo de la trama, otras veces la trama puede detener el ritmo. Lo que hicimos fue armar un guión. Nosotros sabíamos qué iba a pasar capítulo por capítulo. A partir de ese guión sólido y estructurado, nos dividimos los capítulos para escribir cada uno por su lado. Después intercambiamos lo que escribió cada uno para reeditarlo, y nos juntamos con sus correcciones y con las mías para hacer el original definitivo.

En El hombre ordinario, el dúo que escribió a cuatro manos despliega una ciudad verosímil con lujo de detalles. “Hay mucha investigación para reconstruir situaciones de época. Cada capítulo ocurre en una fecha determinada, por más que no se diga en la novela. Entonces buscábamos en los diarios de cada día, las publicidades que tenían, cómo era el cambio de la moneda. Hasta chequeamos en el archivo si efectivamente un vuelo a Bariloche que se toma Roque fue a esa hora. Hay cosas que me acuerdo de cuando era chico, como la doble mano de Callao. Yo vivía en San Antonio de Padua, pero cuando venía al centro me bajaba del subte y Callao era doble mano. Me lo acuerdo perfecto”, subraya Hamilton. Como si las suspicacias intestinas emergieran de un sopetón, el autor de Cercano Oeste comenta que en esa novela, que transcurre en 1970, aparece mencionado el puente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. “Un amigo me planteó la duda sobre la existencia del puente, entonces fui al catastro, averigüé y no estaba el puente en ese año”, revela Hamilton con un resabio de rabia por ese error.

–¿Es para tanto?

M. H.: –Soy un obsesivo.

–Roque también tiene algo de obsesivo, ¿no?

M. H.: –Sí, Roque tiene características mías, pero yo no soy Roque. Le gusta el whisky como a mí, y las mujeres. Pero no más. Yo no soy tan valiente como él, soy bastante más cobarde. El otro día estábamos pensando cómo es Roque físicamente y no sabemos. Ninguno de los dos.

–Qué curioso que con tanta planificación no puedan arriesgar la fisonomía del personaje...

Alejandro Marinelli: –Creo que ni nos dimos cuenta porque depositamos toda la atención en cómo Roque mira al resto de los personajes. Quizá por cómo está narrada la novela no era necesario definirlo físicamente.

–¿Por qué hay un tendal de cadáveres a medida que se avanza en la lectura?

M. H.: –Somos muy salvajes (risas); es un policial, tiene que haber muerte, sangre, horror, sexo. La muerte forma parte de la trama necesaria del policial, pero también forma parte de nuestra vida; es nuestra contracara permanente. Roque está permanentemente confrontado con la muerte.

–Pero las muertes son en 1971; en un momento se dice como al pasar que todos los días aparecen cadáveres en el Riachuelo. ¿Fue deliberado inscribir estas muertes en el contexto de los años ’70?

M. H.: –Esas frases no son casuales, pero no quisimos hacer una novela pedagógica o bien pensante. Nos tomamos la libertad de ser políticamente incorrectos, de matar gente, de ser peor que los malos. Aunque la política es lateral en esta novela, sí hubo una premeditación en marcar la época; que sea como una crónica de una época que se vivió en el país, independientemente de que sea ficción. Aunque sea una ficción, el entorno no es ficción. En la novela que estamos terminando ahora tiene más presencia la cuestión política.

–¿En qué sentido? ¿Se aproxima al regreso de Perón?

M. H.: –Exactamente, Perón ya está regresado, incluso aparecen también Rucci y Lanusse.

A. M.: –Si le pregunto a alguien qué pasaba en 1954, probablemente no lo recuerde; pero desde el ’69 hasta el ’76, la gente contemporánea a nosotros, ya sean más grandes o más chicos, sabe quién estaba en el gobierno, si hubo atentados, si había focos guerrilleros en Tucumán. La gente que le interesa leer y está un poco más preocupada por la historia tiene más frescos los años ’70.

M. H.: –Jugás con la complicidad del lector; pero los jóvenes que no conocen la época, no necesitan saber para poder comprender la novela. Si después de leer la novela les despierta aunque más no sea buscar en Wikipedia, no pido que vayan a los libros para ver quién era Lanusse, mejor. Recordar esa época es importante; más allá de que ahora se acuse al Gobierno de estar detenido en los ’70, yo suscribo que los ’70 nos enseñan mucho de lo que somos hoy. Me han acusado de que era una novela kirchnerista.

–¿En serio?

M. H.: –Lo dijo por Cercano Oeste el amigo barbeta que tiene ese blog... puta, no me sale el nombre... el chabón es una especie de faro de la cultura. Es recontra conocido; era el director de El Amante.

–¿Quintín?

M. H.: –Sí, Quintín, en su blog La Lectora Provisoria. De mi primer libro dijo que era un panfleto kirchnerista, lo que me puso muy contento (risas). Es muy difícil discutir la política de derechos humanos de este gobierno; como no hay argumentos políticos para discutir, prefieren decir cualquier cosa. La revisión de los ’70 que se hizo en la Argentina es uno de los mejores legados del kirchnerismo.

–Roque podría ser un detective peronista, hay algo de la lealtad que está muy presente. En la tercera que están escribiendo juntos, ¿cómo juega el detective ante el regreso de Perón?

M. H.: –Roque es nacional y popular, que no es lo mismo que ser peronista.

–¿Cuál sería la diferencia?

M. H: –Eh, bueno... yo soy peronista, pero la diferencia sería el Partido Justicialista.

A. M.: –Roque no es un personaje apolítico, seguro, aunque no está alineado partidariamente. No sé si Roque es peronista, yo lo imagino más de izquierda. Así como no lo definimos físicamente, no lo encuadramos ideológicamente... Pero estaría bueno pensar qué es Roque...

M. H.: –Bueno, en la tercera siente fascinación cuando se encuentra con Perón. Por una circunstancia determinada, que no podemos contar, habla cara a cara con Perón.

–¿Y qué dice Perón?

M. H.: –No inventamos lo que dice; es una entrevista que le hicieron en Canal 13 y que reconstruimos porque tenemos la grabación. Roque está presente en el momento de esa entrevista. Pero no cuento más... leela dentro de un año (risas).

Compartir: 

Twitter
 

“Somos muy salvajes; es un policial, tiene que haber muerte, sangre, horror, sexo”, señala la dupla.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
CULTURA Y ESPECTáCULOS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.