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Lunes, 16 de mayo de 2011

CINE › LA BANDA SINFONICA DE CIEGOS, REFLEJADA EN EL ULTIMO HOMBRE

Pequeñas historias de superación

Tras su estreno en el Bafici, y mientras espera su ingreso al circuito comercial, la película dirigida por Marcelo Rest va por una primera exhibición en el cine La Máscara. El organismo público funciona desde 1947 y hoy depende de la Secretaría de Cultura de la Nación.

 Por Karina Micheletto

Muchos desconocen que en la Argentina existe una Banda Sinfónica de Ciegos, un organismo público que funciona desde 1947 y que hoy depende de la Secretaría de Cultura de la Nación. Lo que hay detrás de esta formación, que fue la primera en su tipo en el mundo, es aún más desconocido. El largometraje El ultimo hombre va detrás de esa historia, que esconde a su vez historias cargadas de cierto componente épico, como la de Pascual Grisolía, el hombre que a fines del ’30 comenzó a gestar en el Patronato Nacional de Ciegos la que sería la primera orquesta sinfónica del mundo compuesta exclusivamente por jóvenes no videntes. La película dirigida por Marcelo Rest ya tuvo su estreno en el último Bafici, y mientras espera su ingreso al circuito comercial va por una primera exhibición en el cine La Máscara (Piedras 736), con funciones los lunes a las 18 y los martes a las 20.30, durante todo el mes.

A medida que va relatando la historia mayor, la película de Rest va deteniéndose también en pequeñas historias personales que descubren ricos universos. Su mérito mayor es quizás el de un acercamiento de igual a igual, eludiendo la posibilidad de tratar la condición de ciego como un impedimento, y desde luego todo atisbo de mirada piadosa hacia los retratados. La más potente de estas historias es la de Basilio Gibavicius, el único integrante que continúa en la banda desde su creación, y que participó de aquel concierto de 1939 que hoy se recuerda como hito fundacional. Basilio declara tener “18 años, pero a la inversa”, y tanto en la película como en el diálogo con Página/12 se descubre inmediatamente como un hombre de una cultura vasta, un humor inteligente y una firme voluntad de hacer, una combinación suficiente para transformarlo en protagonista de esta película. Además de integrar la banda como clarinetista, Gibavicius trabajó como afinador de pianos, fue presidente de la Biblioteca Argentina para Ciegos, y mantiene desde hace catorce años su programa radial, Clásicos en el espacio, por la FM 89.7 Radio Espacio Buenos Aires, en el que transmite su pasión por la música clásica

“Para mí lo fundamental fue destacar la importancia que tiene para el ciego el sistema Braille, por encima de absolutamente todo”, aclara Gibavicius sobre su participación en el film. “Algunos creen que, siendo un sistema tan añejo, la tecnología lo puede sustituir. El día que la tecnología consiga que uno ponga la mano en una lámina y de inmediato se forme en su mente una figura, les voy a dar la razón. Mientras tanto, el Braille es insustituible: lo que hizo Luis Braille es un milagro. Y si no lo difundimos, vamos en camino de que el ciego termine siendo un analfabeto.” Además de mostrar la manera en que se construyen y se leen las partituras en Braille, Basilio –El último hombre en la banda– cuenta cómo en el ’55, en pleno bombardeo de Plaza de Mayo, descifró un mensaje que los leales a Perón emitían por radio, tomando como código los números que forman los seis puntos del Braille.

“Creo que a través de la película queda bien demostrado que no es cierto lo del ciego de Carriego que fuma y fuma sentado en el umbral”, destaca el músico. “Y también aparece el reconocimiento y el homenaje a quien formó la Banda Sinfónica de Ciegos, Pascual Grisolía, si bien es cierto que del tiempo de Pascual quedan muy pocos integrantes, ya jubilados, y del primer concierto uno solo, que vengo a ser yo.” Grisolía fue el hombre que comenzó a enseñar música a un grupo de chicos del Patronato Nacional de Ciegos sin ninguna instrucción previa, y el que creyó que era posible que llegaran a ser músicos profesionales. Qué lo llevó a embarcarse en una empresa que en la década del ’30 era casi impensable, es de hecho otra de las búsquedas de la película, que va tras esa pregunta y también tras las circunstancias sociales y políticas de la época.

El Patronato Nacional de Ciegos funciona en Buenos Aires desde 1892. A partir de 1939, durante décadas, generación tras generación, chicos de entre once y catorce años torcieron sus destinos mediante la música. La película recorre el edificio donde funcionó originalmente el Patronato, que es hoy el Museo Evita. Basilio oficia de guía y, después de unos cincuenta años sin pisar ese edificio, recuerda paso por paso, escalón por escalón y metro por metro, la disposición de las diferentes salas del Patronato.

“Me cautivó el tema de los códigos, de los puntos en relieve que forman una partitura en Braille, ese misterio que esconden esos seis puntos que Basilio define como milagrosos, y todo el trabajo que implica ponerlo en funcionamiento”, dice Rest sobre el origen de la película. “La orquesta tiene una copistería, una prensa que imprime las revistas y partituras prácticamente a mano, con lo que sería una máquina de escribir en Braille. En todo ese proceso, la persona que dicta del original es la única vidente”, cuenta. “Quise mostrar, además, la vida de estos primeros músicos ciegos de la banda en ese despertar a la música y al trabajo. Porque en los testimonios de todos ellos hay un punto en común: la música fue para ellos la posibilidad de acceder a un trabajo, la posibilidad de una vida digna, de un destino diferente al que quizá socialmente estaban atados”, agrega el director. Jorge Distéfani, Susana Morelo, Oscar Gómez, Eduardo Gómez, Gerardo Kessler, son otros músicos de la banda que aparecen retratados en la película. Hombres y mujeres cuyas vidas distaron mucho de ser la que recuerdan los versos de Homero Manzi: “El ciego inconsolable del verso de Carriego, que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral”.

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El último hombre se verá los lunes y los martes de mayo en el cine La Máscara.
 
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