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Jueves, 12 de junio de 2014

LITERATURA › MEMBRETES. AFORISMOS Y OTROS TEXTOS, DE OLIVERIO GIRONDO

El bello arte de la brevedad

Es un verdadero acontecimiento editorial: el libro reúne por primera vez los membretes aparecidos en diferentes formas y agrega 24 inéditos. “El membrete es un tipo textual inasible, fugitivo”, sostiene Martín Greco, a cargo del estudio preliminar.

 Por Silvina Friera

El placer de leer a Oliverio Girondo, un poeta que nunca deseó tener “sangre de estatua”, perdura con sus vibraciones y asombros intensos. Al tirar la piedra arrojando palabras, en el formato que sea, transmite una energía tan desbordante que toda su obra parece generar los anticuerpos necesarios para no caducar ni envejecer. Su constelación está siempre en movimiento, agitándose contra lo que se presume invariable, demandando ser releída. La publicación de Membretes. Aforismos y otros textos (Losada), que reúne por primera vez los membretes en un libro, es un acontecimiento editorial. El volumen –que cuenta con un estudio preliminar de Martín Greco– incluye 24 nuevos membretes, provenientes del inédito hallado por Susana Lange, sobrina del escritor, en los sótanos de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). “Es paradójico y desolador que comencemos a interesar, realmente, a las mujeres cuando ya nos interesan tan poco las mujeres”, afirma en uno de estos textos inéditos, especie de miniaturas de ensayos. “¿Qué camino será más corto para llegar a la castidad: el libertinaje o la abstinencia?”, se pregunta en otro. “Qué ridiculez tomar precauciones para decir una mala noticia y notar que lo único que produce es la obligación de poner una cara apenada”, ironiza. “Larreta: ¡Qué anacronismo sobre patas! ¡Y al mismo tiempo qué falta de amor al anacronismo! única posibilidad irónica de cometer una reconstitución histórica.”

Los aforismos titulados Membretes, plantea Greco en el excepcional estudio preliminar, son una de las zonas menos exploradas en la producción de Girondo (1890-1967), que los empezó a publicar a partir de la década del ’20. “Nacen como concentrados de una teoría crítica que se ejecuta al calor de las luchas de la vanguardia y en simultáneo con otras prácticas literarias. Además de textos, son actos; borrador y complemento de manifiestos, registro y programa: van legitimando lo realizado hasta entonces a la vez que propugnan lo que debe hacerse en el futuro. No quieren ser una doctrina sistemática, sino el esbozo de un plan de trabajo; una relectura del arte y la literatura del pasado para reordenar el canon y crear una nueva tradición.” Un puñado de ejemplos viene a cuento: “¡Nadie recita Verlaine como las hojas secas de Luxemburgo!”; “Renoir segregaba pintura, como una vid de calidad da buen vino”; “La variedad de cicuta con que Sócrates se envenenó se llamaba: ‘Conócete a ti mismo’”; “Las frases, las ideas de Proust, se desarrollan y enroscan, como anguilas que nadan en piscinas de acuarios; a veces deformadas por un efecto de refracción, otras anudadas en acoplamientos viscosos, siempre envueltas en esa atmósfera que tan solo se encuentra en los acuarios y en las obras de Proust”. Los membretes –continúa Greco– forman una constelación sin centro y consiguen poner en crisis la noción de obra acabada o integral, la idea misma de libro. Los membretes no son una práctica aislada en la literatura de Girondo, que los escribe y publica a lo largo de cuarenta años, sin reunirlos nunca en un volumen. La primera noticia que se tiene de esta práctica girondiana es un texto titulado “Etiquetas o membretes” incluido en el manuscrito inédito Ideas, apuntes, anécdotas, impresiones, fechado por el propio escritor “1921-a”, recientemente recuperado.

El proyecto de los aforismos aparece en los comienzos de la carrera literaria de Girondo: “¿Tendré necesidad de decir que éste es un libro pueril? A los doce años aún uno sabe escuchar, se interesa en ver y en conocer. Uno asiste a las conferencias, visita los museos, va a los conciertos, presencia las exposiciones, tiene una psicología de almacén, de biblioteca. Una acentuada tendencia a la ficha, a la anotación. Uno siente la necesidad física de clarificar, de archivar, la ingenuidad de desear instruirse. Presiente que la vida es un largo embrutecimiento. Observa que las personas mayores se mueven entre prejuicios estúpidos y le imponen prohibiciones inmotivadas. Presiente el anquilosamiento del hábito, de la costumbre, y uno se apresura a anotar en los cuadernos de clase lo que le sugiere, lo que ha visto y ha pensado...” Esta cita explicita algunos núcleos de su poética venidera: “La vida es un largo embrutecimiento” y sólo una mirada “pueril” o nueva puede liberarnos de la ceguera de la costumbre. Aunque los primeros membretes los publicó en Martín Fierro entre 1924 y 1926 –en total fueron ochenta–, Greco subraya un detalle que no es menor. La primera frase rubricada por Girondo, el aforismo que abre como epígrafe su libro inaugural Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), es un membrete: “Ningún prejuicio más ridículo que el prejuicio de lo sublime”. Recién en 1944, después de dos décadas, vuelve a publicar membretes en Papeles de Buenos Aires, breve revista dirigida por Adolfo y Jorge de Obieta, hijos de Macedonio Fernández.

El membrete es un tipo textual “inasible, fugitivo, cuya única continuidad parece ser justamente su discontinuidad, su intermitencia”. Greco postula que es un género de naturaleza doble. “Por un lado es inconcluso, recorte de un todo que nunca se muestra ni se percibe; por otro, es una pieza cerrada en sí misma, acabada y redonda. Es a la vez una carencia y un exceso.” El poeta Roberto Juarroz considera que el género aparece, “junto a la poesía, como lo más cercano al silencio y está denunciando implícitamente la falta de necesidad de la mayor parte de cuanto se escribe”; en su brevedad y fragmentariedad, los aforismos son “los restos más valiosos que pueden salvarse del naufragio”. Luego del impulso que le dio Nietzsche a la literatura aforística, entre la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, se revitaliza el género en toda Europa, y en especial en Francia. El autor de En la masmédula se declaró en una entrevista “hijo de toda la literatura francesa de ese momento”. Greco agrega que no es aventurado rastrear el origen remoto de los membretes entre los aforistas franceses del período, como Rémy de Gourmont y Jules Renard. “Los membretes se inscriben en las luchas de la vanguardia para atacar la solemnidad de la cultura oficial y asaltar sus fortalezas y sus mecanismos de consagración: exposiciones, salones, premios. Para Girondo la operación consiste en ‘trasladar al plano de la creación la fervorosa voluptuosidad con que, durante nuestra infancia, rompimos a pedradas todos los faroles del vecindario’”, reflexiona Greco. Muchos de los membretes y aforismos incluidos en el libro –organizado en siete secciones que incluyen reproducciones facsimilares y textos críticos complementarios– desenmascaran los clichés del arte y de la poesía. El humor, en las pedradas que sigue arrojando Girondo, vuelve más liviano el elogio y más corrosivo el ataque.

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Los inéditos de Girondo fueron hallados en la SADE.
 
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