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Miércoles, 5 de octubre de 2016

LITERATURA › NUEVO ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITURA EN LA CáRCEL

Volver a escribir la propia historia

Desde hace tres años, la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA reúne las producciones registradas en contextos de encierro y organiza este encuentro con la intención de difundir las palabras escritas por aquellos cuyas vidas están marcadas por la privación de su libertad.

 Por Diego Fernández Romeral

Escribir en el encierro puede ser el único camino para mantenerse con vida. Poesías, relatos, cartas, canciones, cuentos, diálogos, obras de teatro, guiones: medios para no olvidar que la propia historia puede volver a ser escrita. Desde hace tres años, la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA reúne las producciones registradas en contextos de encierro y organiza el Encuentro Nacional de Escritura en la Cárcel (ENEC), con la intención de difundir las palabras escritas por aquellos cuyas vidas están marcadas por la privación de su libertad. Este año, la tercera edición del ENEC se llevará a cabo –luego de un pre encuentro en la cárcel de Devoto– mañana y pasado en el Centro Cultural Paco Urondo (Av. De Mayo 201). Allí se presentará el trabajo de escritores, fotógrafos, compañías teatrales, músicos y poetas surgidos de distintos talleres dictados dentro de las cárceles, y se abrirán mesas de debate para repensar el funcionamiento del sistema penitenciario y los proyectos alternativos que contemplan la reinserción social de quienes atraviesan el encierro carcelario.

Luego de dos convocatorias realizadas en estos últimos meses, el Programa de Extensión en Cárceles de la Facultad de Filosofía y Letras recibió más de 40 publicaciones –libros y revistas– y 20 cortos producidos por presos y presas de las cárceles de todo el país. Ese material, sumado a todos los trabajos producidos dentro de los espacios académicos que la facultad tiene en las cárceles de Devoto y Ezeiza, estará en una mesa de exposición y será proyectado durante el encuentro, que contará además con mesas de lectura, raperos de Villa Soldati, monólogos del músico Patón Arguello –que con sus canciones escritas en la cárcel llegó a la cadena MTV, luego de estar 18 años preso– y una obra de teatro de la compañía Mecánica de los Objetos. “Al leer los textos producidos en el encierro, en primer lugar, lo que se siente es que hay un gran afán de contar. Además se produce un cruce de lenguas muy cercano a otras escrituras que provienen de los márgenes, que enriquece los relatos. Pero creo que lo más importante está en cómo la escritura dentro del encierro se vuelve una herramienta para denunciar, defender derechos y transformar la propia vida”, explica Juan Pablo Parchuc, director del Programa de Extensión en Cárceles de la Facultad de Filosofía y Letras –donde trabajan más de 50 docentes, graduados y estudiantes– y coordinador del Programa UBA XXII, destinado a brindar educación universitaria a aquellos que transitan el encierro en establecimientos penitenciarios. “La vida de los que están adentro de la cárcel está marcada por un texto escrito, una sentencia que dice lo que son, hicieron y lo que tienen que pagar. Y hay una gran intensidad en eso. La escritura les permite confrontar con ese guión de su vida escrito por otros. Es algo que no he visto en ningún otro lado”.

Si bien el Programa UBA XXII funciona hace casi treinta años, y a lo largo del país son muchas las escuelas, organizaciones sociales y universidades nacionales que abren espacios educativos en las cárceles, Parchuc asegura que “en Argentina, estadísticamente es muy baja la cantidad de personas privadas de su libertad que acceden a programas educativos o laborales”. El caso excepcional es el de la cárcel de Devoto, donde funciona el Centro Universitario Devoto (CUD), en el que estudia casi la mitad de la población del penal. “Dentro del espacio universitario que funciona en Devoto, nosotros podemos comprobar con historias concretas que el estudio en la cárcel es algo que les permite rearmar sus vidas a los presos y presas –dice Parchuc–. Si tomás las estadísticas de los pibes que se recibieron o que pasaron por el centro universitario, los números de reincidencia te dan bajísimos, casi nulos, porque claro, si el pibe se recibió, tiene una oportunidad de trabajo, sale de otra manera. Eso es un hecho. Pero son los menos, porque hoy no se están generando los programas y las políticas necesarios para alcanzar a la mayoría”.

Con la premisa de encontrar caminos que permitan alcanzar la compleja reinserción social de las personas privadas de su libertad, este año el recorrido del ENEC incluirá el primer día la presencia de Luis Parodi, director de la cárcel uruguaya de Punta Rieles –conocida como la “cárcel-pueblo”–, en la que los propios presos autogestionan su trabajo y poseen pequeños emprendimientos para comercializar productos dentro y fuera del penal. En la segunda jornada, entre diversos paneles, estará Mercedes Soiza Reilly, una de las fiscales de la Megacausa ESMA, que presentará documentos escritos por quienes fueron torturados y desaparecidos allí dentro, un hecho que atraviesa el funcionamiento de UBA XXII. Hace cinco años, el Consejo Superior de la UBA decidió que no participen en esos espacios personas que han sido procesadas y condenadas por delitos de lesa humanidad.

“Es una decisión compleja la que se tomó en relación a los represores, pero hay un límite ético. Las personas que se anotaron para cursar habían estado dentro de la UBA chupando gente. ¿Por qué dejarlos entrar a este lugar contra el que ellos atentaron?”, se pregunta Parchuc, que lleva más de diez años trabajando en el programa UBA XXII. “Ellos son también parte de ese discurso punitivo que hoy propone más encarcelamiento, pero al que no le interesa hablar de lo que pasa adentro de la cárcel, que muchas veces funciona como una máquina que reproduce la delincuencia. Es un discurso que incluso va en contra de sus fines enunciados, porque habilita una serie de violencias institucionales y una violencia social hacia los presos y presas que reproduce las condiciones que los llevaron a delinquir. Pedir más cárcel no es la solución para la inseguridad. Trabajando adentro de las cárceles, hemos aprendido que el único camino es el de brindar las herramientas para que aquellos que salen tengan un nuevo proyecto de vida, para que la salida no los encuentre en el mismo lugar que estaban cuando entraron”.

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Juan Pablo Parchuc, director del Programa de Extensión en Cárceles de la Facultad de Filosofía y Letras.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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