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Martes, 24 de julio de 2007

LITERATURA › ENTREVISTA AL POETA ALBERTO SZPUNBERG, QUE ACABA DE PUBLICAR “NOTAS AL PIE DE NADA NI DE NADIE”

“Tuve que ajustar cuentas con la nostalgia”

En su nuevo libro regresa, autocríticamente, sobre un poema que escribió en los años ’60, Marquitos, inspirado en un militante del Ejército Guerrillero del Pueblo, grupo armado al que perteneció. “Aquello era reivindicable como intento de asalto al cielo, pero el cielo no se tomó por asalto”, sostiene.

 Por Silvina Friera

¿De dónde viene esa llamita de la poesía?, se pregunta Alberto Szpunberg, que empezó a escribir de muy chico y a los 22 años publicó su primer libro, Poemas de la mano mayor. “Vaya uno a saber por qué –dice, alzando los hombros– la conciencia se ilumina con la poesía, el conocimiento de uno mismo también se ensancha. Esa llamita es una manera de ser, de vivir”, señala el poeta, que vive seis meses en Buenos Aires y seis en Barcelona, donde se exilió en 1977. Le molesta que los críticos, con ese afán de catalogar y domesticar, le coloquen tan cómodamente la etiqueta de “poeta de la generación del sesenta”, que lo metan en ese “depósito” donde se intentan cohesionar apuestas tan heterogéneas como las de Juana Bignozzi, Roberto Santoro o Miguel Angel Bustos. Szpunberg acaba de publicar Notas al pie de nada ni de nadie en la colección Poesía en obra de la editorial Bajo la luna. En este nuevo poemario, primera parte de un proyecto mayor, utilizó como epígrafe un fragmento de su poema Marquitos, incluido en El che amor, que refiere a alguien que literalmente se arma, un compañero del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) –al que el poeta perteneció–, que murió en el monte salteño en 1964. Pero los poemas suponen, también, una corrección, una autocrítica, un ajuste de cuentas con un “exceso” que lo incomodaba.

En la entrevista con Página/12, Szpunberg plantea que se hartó de la nostalgia y del extrañamiento, tan frecuentes entre los exiliados, confiesa que le gustaría imaginar un poema que sea como un sistema solar, advierte que la gran deuda de la izquierda es la autocrítica y se indigna por el uso que hace el periodista Jorge Lanata en Muertos de amor de un verso suyo que tomó prestado para titular la novela.

“Las notas al pie son poemas, pero la verdad que no sé por qué no se suelen usar en la poesía”, subraya Szpunberg sobre la estructura de su nuevo poemario. “Hacía mucho tiempo que quería volver sobre el poema Marquitos, incluido en El che amor, inspirado en un compañero con el que hice la secundaria y la facultad. Con ese compañero nos unimos a la juventud comunista y después nos fuimos a la fracción guevarista. El, que fue mi contacto con el Ejército Guerrillero del Pueblo, subió al monte salteño y murió. Yo no alcancé a hacerlo: cuando faltaban pocas semanas para la reunión, en marzo del ’64, el campamento cayó”. Marquitos fue muy reproducido en antologías de poesía y revistas latinoamericanas militantes que estaban en la línea guerrillera foquista. “Ese poema siempre me quedó rondando; nadie se mete en una lucha por un poema, ¿no?, pero un poema te puede dar un ligero empujoncito porque la poesía es parte de la realidad –explica el poeta–. Pensé que ese poema habría terminado de convencer a alguien de que el camino era tomar las armas e irse al monte. Y ese poema volvía y me rondaba con más fuerza. Más de una vez me puse a escribir y me salían cosas horribles; me esforzaba por dar explicaciones políticas”.

–¿Qué quería explicar?

–Sentía que algo tenía que decir de ese poema, de ese mundo, de esa historia que habíamos vivido. Pero de repente empecé a escribir poemas de amor y uno de los poemas se transformó en esta primera parte. Para mí la gran deuda de la izquierda es la autocrítica. Creo que la izquierda no termina de hacer esa autocrítica tan necesaria porque la derrota no es sólo argentina sino que es mundial, es la derrota del proyecto que nació en la Comuna y que se vino a pique. Pero no me lo planteé como una autocrítica política sino como algo poético.

–¿Sería, entonces, una autocrítica poética?

–No sé si se puede hablar de autocrítica poética, pero veía en ese poema, Marquitos, una estructura foquista, como si el foquismo y el voluntarismo estuvieran en la estructura misma del poema. Previo a la conciencia de la derrota, para mí hubo un momento anterior importante que fue ajustar cuentas con la nostalgia. Me harté de la nostalgia y empecé a buscar caminos nuevos. Sobre todo me harté de la nostalgia cuando vine por primera vez al país, después del exilio, y me di cuenta de que volver es imposible. Eso de que siempre se vuelve al primer amor es un tango, pero no es cierto. Uno tiene muchos amores, incluso si uno sigue amando a la misma persona, esa persona nunca es la misma. Ninguno es el mismo. Me cansé de esa nostalgia y del extrañamiento, tan comunes entre los exiliados, y escribí Luces que a lo lejos.

–¿Por qué a la izquierda le cuesta tanto revisar el propio pasado? ¿Usted cree que de ese modo se le deja espacio a la derecha, que continúa metiendo cizaña?

–La derecha siempre mete cizaña, lo preocupante es cuando la cizaña crece en la izquierda... y hay mucha cizaña y parcelitas de poder. La dificultad para hacer la autocrítica desde la izquierda se debe a que parece difícil renunciar a esas parcelitas de poder. Tengo más fe en la poesía, en lo que descubre un poema, porque no hay poesía sin descubrimiento. Y este descubrimiento poético me inspira más confianza que todos estos análisis sesudos, doctrinarios y principistas. La verdad de la milanesa es que nos ganaron y no basta con la derrota, hay que borrar y lo que no se puede borrar hay que tergiversarlo.

–¿La poesía puede ser un puente hacia esa autocrítica que usted reclama?

–La poesía es siempre iluminadora porque trabaja con la palabra y la palabra es la conciencia. Si un marciano llegase a la Tierra y volviese a rendir un informe sobre lo que encontró en nuestro planeta, seguramente diría que hay animales que hablan. La poesía hace más fluido el lenguaje.

–Calificó de “foquista” la estructura del poema Marquitos; ¿cómo definiría la estructura de Notas al pie de nada ni de nadie?

–Me gustaría imaginar un poema que sea como un sistema solar, como una galaxia, con un centro que irradia unidades y que cada unidad va irradiando nuevas, y que está siempre en expansión. El cuerpo central de Notas al pie... es más épico, para usar conceptos tradicionales, y las notas al pie son más líricas, pero me gustaría que hubiera un ir y venir, que uno no pudiera existir sin el otro.

–Jorge Lanata tituló su último libro con un verso suyo, “Muertos de amor”. ¿Qué opina usted de esa novela?

–Lanata no me consultó... mi primera reacción fue de una indignación total. Puteé mucho, me dije que lo iba a demandar, pero él reproduce el poema, Egepé, de donde toma el título. Legalmente es irreprochable, pero mi indignación es ética. Después de esa indignación vino la reflexión. Para mí es algo doloroso, lo siento como una grosería, como alguien que en medio de una música hermosa se tiró un pedo. Pero es un signo de los tiempos, como dice El Che en el Diario de Bolivia, cuando se le acaba la tinta. El libro de Lanata es insostenible: no es novela ni ensayo ni crónica ni investigación ni nada. No creo que quede en la literatura.

–Quizá, para los lectores más jóvenes, se imponga como válida, como historia y no como ficción, lo que cuenta Lanata del Ejército Guerrillero del Pueblo.

–Creo que no va a quedar nada de todo esto. Si confiamos en que la gente volverá a leer buena literatura y sabrá distinguir una buena novela de un mamotreto, entonces Lanata estará perdido. Esperemos que sea así...

–Pero cuando un libro se vende bien y se lee mucho, suele cristalizar una versión de los hechos, aunque sea ficción.

–En nuestro país durante décadas rigió una versión de la historia, la famosa historia oficial, mitrista, pero ¿por qué se empezaron a revisar los hechos? Porque los indios no eran salvajes, los gauchos no eran brutos, Rosas al fin y al cabo no era sólo la barbarie, la barbarie no era solamente algo que se contraponía a la civilización, que también es cuestionable. ¿Cómo avanza la historia si no es así? Y cuando digo avanza la historia, no estoy en una visión progresista porque no me gusta la visión progresista, sino que estoy hablando de una transformación de la conciencia, de las relaciones entre la gente. El problema no es si Lanata va a quedar o no, el problema es qué pasa con la humanidad, con nuestro país, con nuestra cultura. Si uno se imagina un pueblo libre, culto, con acceso a los libros, alfabetizado, no me puedo imaginar que en la literatura quede Lanata.

–¿Qué opina de la autocrítica que hizo Oscar del Barco, cuando señaló que todos los que de alguna manera participaron, directa o indirectamente, en el movimiento Montoneros, en el ERP, en las FAR o en cualquier otra organización armada, son responsables de las muertes de sus compañeros?

–Oscar era un compañero del EGP y siento por él un gran cariño. Rescato su honestidad y su atrevimiento como intelectual para decir lo que piensa, pero no comparto lo que plantea. Me parece que es una revisión de la historia al margen de la historia. Porque no es responsabilidad ni de Oscar ni de Masetti ni del Che; eran determinados tiempos y pasaban determinadas cosas en el mundo y hoy de todo eso queda muy poco. Aquello era reivindicable como intento de asalto al cielo, pero el cielo no se tomó por asalto.

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Szpunberg vive seis meses en Buenos Aires y seis en Barcelona, donde se exilió a partir de 1977.
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