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Jueves, 3 de julio de 2008

CINE › EXTRANJERA, UNA NOTABLE APROPIACIóN DE EURíPIDES DE LA DIRECTORA INéS DE OLIVEIRA CéZAR

Vida y muerte de Ifigenia en Traslasierra

A la hora de hacer una relectura de Ifigenia en Aulide, la realizadora va más allá de la mera adaptación, trasladando la tragedia original a un paisaje tan seco como el carácter de los personajes, encarnados por un elenco parejo y efectivo.

 Por Horacio Bernades

¿Eurípides en Traslasierra? En Como pasan las horas, la realizadora Inés de Oliveira Cézar (Buenos Aires, 1964) había evidenciado un infrecuente sentido del riesgo y determinación estética, sometiendo un drama agónico a un tratamiento lírico, abstracto, deformadamente expresionista. Ahora sube la apuesta y se remonta hasta la mismísima Ifigenia en Aulide (otro drama agónico, esta vez de carácter tutelar), reduciendo la obra de Eurípides al hueso mismo, y nada más que eso. A diferencia de Como pasan... –cuya deuda hacia Madre e hijo era demasiado evidente–, en lugar de entregarse a la obra original, Oliveira Cézar la arranca de cuajo, dejando vivo sólo el núcleo más básico.

Piedra, tierra, sequedad: eso es todo lo que el ojo ve cuando la cámara baja del cielo, al comienzo de Extranjera, y eso es lo que verá hasta el final. Diluyendo toda notación de época o lugar y desdramatizando el drama occidental desde la cuna misma, Oliveira Cézar planta al espectador frente a un mundo estrecho y primario. Ese “ninguna parte” remite al paisaje griego, tanto como al nordeste brasileño, el noroeste argentino, un paraje salmantino o un recodo africano. Remite, en otras palabras, al Pasolini de Medea y Edipo Rey, el Glauber Rocha de Dios y el Diablo en la tierra del sol, el Buñuel de Las Hurdes, el Pereira dos Santos de Vidas secas, el Vallejo de El camino hacia la muerte del viejo Reales. Es una comunidad de pocos vecinos, de casas excavadas en la piedra, cuya única actividad parecería consistir en esperar a que pase la seca. Los animales se mueren de sed, las vecinas –coro mudo– despluman gallinas, un hombre degüella una cabra y bebe su sangre. No es difícil suponer que ese ritual arcaico anticipa otro, más medular.

En Ifigenia en Aulide, la falta de vientos impedía que el ejército griego partiera al rescate de Helena. Para remediarlo y vengar de paso cierta transgresión previa, la diosa Artemisa exigía a Agamenón, jefe del ejército griego, un sacrificio no precisamente pequeño: el de su hija Ifigenia. En Extranjera no hay guerras, ejércitos o vientos, sino una sequía que parecería no reconocer principio ni fin. Innominada como el resto de los personajes, la mujer que representa a Clitemnestra (una feroz, magnífica Eva Bianco) no es aquí la esposa de Agamenón (Carlos Portaluppi), sino su amante de una noche, en la que concibieron a Ifigenia (Agustina Muñoz). Tanto odia la mujer al padre de su hija que le entrega al pequeño Orestes unos hongos venenosos, para que se los dé de comer. La mujer sabe, todos saben, que el hombre, curandero de la comunidad, terminará sacrificando a la muchacha. “Está maldita”, murmura una vecina. La propia muchacha sabe cuál es su destino. En su digna, altiva resignación reside la clave del personaje.

Escrito por Oliveira Cézar en colaboración con Sergio Wolf (y posterior revisión a cargo de Lamberto Arévalo), el film no establece con el texto de Eurípides una relación de sumisión, sino de apropiación. En los antípodas de los locuaces griegos, los serranos hablan poco y nada. “Tengo seco”, le dice una mujer al curandero, señalándose el cuello. “Quiero ir”, le avisa Orestes a su hermana, para ir a hacer pis. Esa sequedad del habla hace que la tragedia discurra para adentro, de modo sofocado, trocando los tormentos de la obra original en una completa opacidad y la tragedia desatada en minimalismo desdramatizado. Rodeada del mismo equipo que la acompañó en Como pasan las horas, Oliveira Cézar vuelve a acertar en la elección de sus laderos. Es esencial, una vez más, el tratamiento que Gerardo Silvatici da a la imagen, unificando fondos y figuras, tiñendo a unos y otros de los mismos tonos terrosos y aplanando a los personajes contra la piedra.

Es allí, en la crudeza más esencial de la puesta en escena, donde se advierte que esa gente es prisionera de su entorno. Lo cual permite suponer otros atavismos, como el de creer que el sacrificio de una doncella traerá la lluvia. “Hay que hacer lo que haya que hacer, y terminar con la seca”, dice el curandero que, a diferencia del conflictuado Agamenón, acepta el destino con pasividad elemental, casi animal. El montaje cortante de Ana Poliak, los climáticos apuntes musicales de Martín Pavlovsky, son armas de las que Oliveira Cézar se vale para construir un mundo en el que el mito del sacrificio paterno y la dignidad filial se renuevan. Unica nota discordante, la presencia de cierto geólogo polaco, que anda perdido por allí. Sacrificio que el carácter de coproducción habrá exigido, como según el mito Artemisa le impuso a Agamenón.

8-EXTRANJERA

Argentina/Grecia/Polonia, 2008.

Dirección: Inés de Oliveira Cézar.

Guión: I. de Oliveira Cézar, Sergio Wolf y Lamberto Arévalo, sobre Ifigenia en Aulide, de Eurípides.

Fotografía: Gerardo Silvatici.

Montaje: Ana Poliak.

Música: Martín Pavlovsky.

Intérpretes: Carlos Portaluppi, Agustina Muñoz, Eva Bianco, Aymará Rovera y Maciej Robakiewicz.

Estreno exclusivo en cines Gaumont y Malba.

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Oliveira Cézar planta al espectador frente a un mundo estrecho y primario.
 
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