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Jueves, 3 de julio de 2008

CINE › KUNG FU PANDA, PRESUPUESTO MILLONARIO Y FóRMULAS ALGO TRILLADAS

Un collage animado con oso y artes marciales

 Por Horacio Bernades

Se lleva El Karate Kid a la China de Mulan, se lo bate con Nacho libre, se lo llena de animalitos de peluche y se obtiene Kung Fu Panda, nueva superproducción animada del sello Dreamworks, que costó la friolera de 130 millones de dólares y ya recaudó, en menos de un mes y sólo en Estados Unidos, cien millones por encima de su costo. No es que sea mala esta fabulita del panda que empieza trabajando en el restorán de sopas de su padre-ganso (las leyes de la herencia obedecen a sus propios códigos aquí) y termina como salvador de su comunidad. El problema es que entre mitologías de default (la del héroe, sin la cual parecería prohibido crear un producto popular en Estados Unidos) y el recurso al cut and paste, Kung Fu Panda no puede disimular su carácter de multiprocesadora animada.

Por accidente o predestinación, el protagonista, Po (voz de Jack Black en la decena de copias subtituladas, sobre el total de 150 con que la película se lanza en Argentina) cumple su sueño infantil de convertirse en guerrero kung fu, a pesar de su propia falta de fe y la de los suyos. Como corolario de un torneo convocado para elegir al nuevo Guerrero Dragón, el sabio de la comunidad (una tortuga llamada Oogway) señala, sin querer, hacia un pesado bulto, literalmente caído del cielo. Es Po, que en su fase Coyote ideó una silla propulsada por cohetes, cayendo entre fuegos de artificio sobre el estadio comunitario. “Los accidentes no existen”, sostiene Oogway, entre zen y determinista, frente a la consternación de todos, que no pueden creer que el osito con sobrepeso sea el elegido.

Demasiado habituado a las sopas de papá y la buena vida, ni el propio Po compra su destino de enviado de la Providencia. Como no lo hacen el maestro Shifu (un maestro Yoda con pelos, que en el original tiene la voz de Dustin Hoffman) y sus discípulos, todos ellos aspirantes al puesto de héroe de las artes marciales: la Tigresa (Angelina Jolie), el Mono (Jackie Chan, cuyas películas de los años ’70 la película tritura y procesa), la Serpiente (Lucy Liu), la Grulla (David Cross) y la Mantis (Seth Rogen). Pero como todos podemos ser héroes (hasta usted, señor de la panza en la platea), Po terminará enfrentando al villano, el tigre blanco Tai Lung (Ian McShane). Que, como Lucifer, alguna vez fue el ángel favorito de Shifu, hasta que cayó de su gracia.

Con una dinámica visual hecha de muchos cortes, atropellados movimientos de cámara y deliberados saltos de raccord en las escenas de acción (todo lo cual se intensifica hasta el hartazgo en la batalla final entre el bien y el mal), es notoria la apuesta de Kung Fu Panda a una belleza plástica que en exteriores evoca las chinoiseries de noches estrelladas y pétalos de cerezo, reservando para los interiores estucos de oro y columnas de jade, saqueados al Zhang Yimou de La leyenda de la flor dorada. Como su protagonista, Kung Fu Panda es un producto amable y peludo, torpe a veces, demasiado influenciable por las opiniones (o producciones) ajenas.

6-KUNG FU PANDA

EE.UU., 2008.

Dirección: Mark Osborne y John Stevenson.

Guión: Jonathan Aibel y Glenn Berger.

Dirección de arte: Tang K. Heng.

Diseño de producción: Raymond Zibach.

Voces de: Jack Black, Dustin Hoffman, Angelina Jolie, Ian McShane, Lucy Liu y Jackie Chan (en copias subtituladas).

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