espectaculos

Jueves, 10 de julio de 2008

CINE › LA VISITA DE LA BANDA, COMEDIA KAURISMäKIANA DE ERAN KOLIRIN

Egipcios perdidos en el desierto israelí

 Por Horacio Bernades

Aki Kaurismäki no habrá inventado la comedia o el drama hieráticos (y si lo hizo, fue al mismo tiempo que su amigo Jarmusch), pero lo cierto es que sistematizó su uso, lo llevó al extremo, le puso nombre y apellido. A la luz de películas como Drifting Clouds o El hombre sin pasado, el cine de esta década se llenó de personajes solitarios, tristones, y de unos tiempos muertos entre los que eventualmente puede filtrarse el consuelo del absurdo o la pudorosa afección. Es lo que sucede en la uruguaya Whisky, en la no-ruega El inadaptado, en la estadounidense Wristcutters: A Love Story. Y ahora también en la israelí La visita de la banda, que el año pasado se presentó en Cannes, en la sección Un Certain Regard. Elegida “Descubrimiento del año del cine europeo”, a comienzos del año esta película modesta, pequeña y gentil despertó un escandalete, cuando la Academia de Hollywood vetó su postulación como “Mejor Película en Idioma No Inglés”, por la estúpida razón de que en más de la mitad del metraje se habla ese idioma.

Si los protagonistas parecen una versión egipcia de los Leningrad Cowboys, no es porque toquen ro-ckabilly ni usen jopos de medio metro, sino porque su resignada desorientación y su exagerada teatral dignidad recuerdan inconfundiblemente a los primos escandinavos. A la hora de tocar, en verdad, los miembros de la “Orquesta Ceremonial de la Policía de Alejandría” lo hacen de modo mucho más decente que aquellos troncos nórdicos. Llegan a Israel para presentarse en una fiesta de cordialidad binacional, se pierden en el aeropuerto, toman el ómnibus equivocado y van a parar al medio de la nada. O al desierto de Negev, que viene a ser lo mismo. Ahí hay un barcito, una chica ya no tan chica, un club zarrapastroso con pista de patinaje y una plaza que no es tal. Sitios muy parecidos al hotel en desuso de Whisky, el vidriado edificio de El inadaptado, el limbo abandonado de Wristcutters.

El extravío da lugar a que La visita de la banda tenga lugar en un tiempo de espera, circunstancia favorita de esta vertiente cinematográfica. Aunque sean vecinos y hablen idiomas no tan incomprensibles entre sí, los músicos y sus anfitriones eligen el inglés para comunicarse. Síntoma de desencuentro que alude elípticamente a otros mayores y metáfora que a comienzos de este año el realizador y guionista Eran Kolirin tal vez haya lamentado incluir. Kolirin apela a la clase de planos fijos, distantes y de larga duración que son marca de fábrica de la comedia kaurismákica, haciendo que a través de cada tiempo muerto se escurra la soledad de los personajes. Y focaliza en algunos de ellos, dejando a otros en segundo plano. En primer lugar, Tawfiq, líder de la orquesta (Sasson Gabai, actor cincuentón, parecidísimo al empresario peronista Jorge Antonio). Su formalidad levemente exasperante dará paso, avanzadas la noche y la confianza, a alguna dolorosa confesión íntima.

Junto a Tawfiq, el joven trompetista Khaled (Saleh Bakri), tan melancólico y apuesto como su ídolo Chet Baker, y el veterano Simón (Khalifa Natour), que llegó a componer una obertura, pero no todavía el resto del concierto. El experimentado Khaled le enseña a un chico israelí –detrás de quien no cuesta imaginar la funesta presencia de una idische mame– cómo dejar de lado los complejos sexuales. A su turno, Simón pasará la noche en casa de una familia que parecería disfrutar de las peleas en público. En su carácter de héroe de la película, a Tawfiq le toca la dama más atractiva del lugar (la morocha Roni Elkabetz, versión sin maquillaje de Cher, conocida aquí por el film La mujer de mi vida).

Por esas cosas de la comedia romántica, Dina cuenta con dos ventajas. La primera es ser soltera. La segunda, el hecho de ver en el veterano cantante una posible reencarnación de Omar Sharif, cuyas películas la fascinaban, de chica, en la televisión israelí. Detalle llamativo, indicio de que tal vez no todo separe a árabes e israelíes. Ya se sabe que en el fondo, detrás de su acidez tanguera, en toda comedia kaurismäkiana late un corazón. Aquí, ese corazón está más a la vista, seguramente porque los habitantes de la zona son más emocionales que aquellos rubios del norte, que se arrogan la invención del tango.

7-LA VISITA DE LA BANDA

(Bikur Ha-Tizmoret)

Israel/Francia/EE.UU., 2007.

Dirección y guión: Eran Kolirin.

Intérpretes: Sasson Gabai, Ronit Elkabetz, Saleh Bakri, Khalifa Natour y Imad Jabarin.

Compartir: 

Twitter
 

La “Orquesta Ceremonial de la Policía de Alejandría”, desorientada.
 
CULTURA Y ESPECTáCULOS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.