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Sábado, 19 de julio de 2008

CINE › ENTREVISTA CON HABIBA DJAHNINE, REALIZADORA ARGELINA

Regreso al escenario del crimen

“Descubrí que no haré nunca el duelo, ella murió demasiado joven, su asesinato es cada vez más inaceptable”, dice la documentalista, que en Carta a mi hermana reconstruye las circunstancias de la muerte de una mujer de fuerte compromiso político.

 Por Ana Bianco

Desde mediados de los años ’90 han proliferado en todo el mundo los documentales subjetivos o en primera persona. El punto de partida para llegar a lo político es un yo individual que, después de haber pasado por un tamiz esa propia experiencia, es devuelto a la sociedad a través de una mirada crítica, con una poética y una estética sensible. Carta a mi hermana se inscribe en esa tendencia. La directora argelina Habiba Djahnine hace un recorrido después de once años del asesinato de Nabila, su hermana, el 15 de febrero de 1995, en Tizi-Ouzou, un pueblo argelino. Habiba recupera la memoria en el lugar de los hechos, ella está ahí, la cámara la sigue reconstruyendo su historia familiar y relata la lucha de sus compañeras, el repliegue, el temor y el momento político que vivía Argelia en esos años. A través de una carta imaginaria a su hermana, Habiba pone el cuerpo y la voz en el documental, producido por el director israelí Eyal Sivan, referente del mejor cine documental político. En una charla con PáginaI12 –a raíz de su presentación en el ciclo “Insubordinadas: Encuentro árabe-iberoamericano de cineastas”, que concluye mañana en el Centro Cultural Recoleta–, la directora evoca a Nabila: “Descubrí que no haré nunca el duelo, ella murió demasiado joven. Su asesinato es cada vez más inaceptable. Nabila tenía la valentía de vivir su vida como ella la concebía, al contrario de sus asesinos y de los que ordenaron esos crímenes horribles. Su mensaje continúa teniendo sentido”.

–¿Por qué utilizó el recurso de una carta escrita a su hermana?

–Nos escribíamos seguido, estábamos separadas por apenas 500 kilómetros de distancia. Compartíamos la misma pasión por la militancia y el trabajo de campo en el esclarecimiento y la emancipación de las mujeres argelinas. En 1993, en plena guerra contra los civiles, decidí irme a vivir al desierto argelino para tomar distancia. Nabila estaba muy comprometida en su trabajo de arquitecta. La labor de la agrupación se había debilitado y además había una fuerte represión. En ese entonces, Nabila me escribió una carta a Timimoun, donde me contaba que sus esperanzas se habían debilitado y que el miedo empezaba a ganar a las integrantes de la asociación, que se iban yendo de a una. Esta carta, que yo respondí muy rápidamente, fue muy importante para mí. En ella, Nabila me dijo también cosas muy importantes de su vida. Al momento de escribir mi película, esta carta resurgió, como un testamento. Es por esto que decidí hacer un film que respondiera a su carta y donde yo le contaba a ella las circunstancias de su muerte y daba noticias de Argelia, de los amigos y de la familia. Es lo que uno llama en el documental el dispositivo que permite estructurar la narración.

–¿Cómo surgió la canción que le dedican a su hermana?

–Fui a ese pueblo porque Nabila había dado una conferencia en el verano de 1993. En Kabilia existe una tradición de cantos de improvisación para celebrar el presente o el pasado, cantar en memoria del ausente o ante la visita de una persona que uno aprecia y ama. Ese canto fue espontáneo, sentido por las mujeres. Lo consideré un regalo, como un reconocimiento a la lucha de mi hermana y de todas nosotras. Decidí poner esa secuencia al principio del film, porque pienso profundamente que hemos sacado la fuerza de esas voces que nos precedieron y que nos recuerdan de dónde venimos. Qué hermoso homenaje a las luchas y al destino de las mujeres...

–Nabila integraba la ONG Le cri des femmes (El grito de las mujeres). ¿Qué tipo de tareas realizaban?

–Como tan bien lo dicen las mujeres reunidas en la película, la asociación tenía por objetivo sostener las acciones de las mujeres a través de la creación de cooperativas y de actividades que generaran ingresos. Ella luchaba con las otras asociaciones por la derogación del código de familia (código que no da los mismos derechos a hombres y a mujeres) y también forma parte de sus preocupaciones la instrucción, la educación y el acceso a la cultura. Ella además trabajaba en sensibilizar y concientizar a las mujeres acerca de su salud física y mental.

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“Mi película es un homenaje a las luchas de las mujeres”, dice Djahnine.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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