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Lunes, 20 de octubre de 2008

CINE › EL INCREMENTO DE SEGURIDAD EN LAS FUNCIONES PRIVADAS Y DE PRENSA

Cuando el cine parece un aeropuerto

En el Festival de Sitges, la productora de un film suspendió la exhibición por temor a la piratería. Es un nuevo escalón en la estricta vigilancia que la industria pone en práctica en las funciones previas al estreno.

 Por Toni García *

Desde Barcelona

240 millones: ése es el número de películas que se descargaron en España entre mayo de 2007 y el mismo mes de 2008. En abril, la revista Variety –el instrumento básico para hacer negocios en Hollywood– anunció que España había sido agregada a la lista negra de la United States Trades Representative (USTR), un organismo gubernamental dedicado a la protección de los derechos intelectuales estadounidenses en el mundo. ¿El motivo? “La falta de voluntad de la administración en la aplicación de las leyes”, entre otras minucias. En la lista están otros países como Uzbekistán, Vietnam, Filipinas, Kuwait, República Dominicana y Malasia.

Segunda parte. Sitges, domingo 4 de octubre, 10.30. El festival presenta la película Repo! The Genetic Opera, producción de Lions Gate que amenaza con convertirse en film de culto y que aún no fue estrenada comercialmente en ningún lugar del mundo. El pase en Sitges era importante porque era el primero de cierta entidad. Pero Angel Sala, director del certamen, aparece de improviso en la sala, toma el atril y pide a los asistentes que salgan del cine. Podrán volver a entrar en 45 minutos. Tres cuartos de hora después se anuncia que el pase fue suspendido “por falta de medidas de seguridad”. Es la primera vez en la historia de los festivales de cine que alguien se atreve a anular una proyección por miedo a la piratería. “A las multinacionales les agarró la psicosis”, se comenta en los corrillos con evidente furia.

“Gafas de infrarrojos, arcos de seguridad, detectores de metales... Hoy en día eso es lo normal en un pase de prensa o un preestreno, porque ahí es cuando la película está más expuesta. Cuando todavía no está en la calle”, explica Javier Vasallo, presidente-director general de Walt Disney Studios Motion Pictures Spain, distribuidora de Repo! Los periodistas (y en ocasiones los invitados a preestrenos) son registrados, obligados a dejar el celular en la entrada y controlados en el interior de la sala por personal de seguridad que los observa con aparatos de visión nocturna. “En todas partes se cuecen habas”, afirma Vasallo. “Sabemos que la gran mayoría son gente honrada, pero están surgiendo demasiados medios nuevos y es imposible poner la mano en el fuego por todo el mundo.”

Para los festivaleros, como José Luis Rebordinos, del comité de selección de San Sebastián y organizador de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de esta ciudad, que se celebra a fines de este mes, “el problema existe y tenemos que lidiar con él: creo que si todos procedemos con corrección, hacemos las cosas con tiempo y procuramos entendernos, no tendremos ningún problema. En la edición de este año pasaremos Repo! y ya nos advirtieron sobre las medidas de seguridad. Las cumpliremos procurando molestar lo menos posible al espectador”. Otra multinacional estadounidense afincada en España, cuyo portavoz prefiere guardar el anonimato, afirma: “Nosotros incluso enviamos personas de paisano a los países más conflictivos y hemos empezado ya hace tiempo a señalar las copias con marcas de agua, no sólo en imagen sino también en sonido. Eso nos permite determinar en qué cine se ha grabado la copia con total exactitud”.

Las medidas de seguridad, comparables a las de un aeropuerto, empezaron en los últimos tiempos a soliviantar a buena parte de la crítica. “Esta psicosis de las distribuidoras a veces parece más impostada que real. Todos colaboramos en una especie de teatrillo. A la incomodidad que provocan en los periodistas que van a ver los pases de prensa, cada vez más exclusivos y cada día más cercanos a la fecha del estreno (algo que dificulta cada día más el trabajo de la prensa, y el de las revistas, que trabajan con más tiempo, mucho más), se le agrega el hecho de que todo el mundo, distribuidores y periodistas, sabe, sabemos a ciencia cierta que, pese a las medidas que se tomen, la película igualmente aparecerá pirateada”, cuenta Carlos Marañón, director de la revista Cinemanía. Otros como Toni Ulled, quien desempeña el mismo cargo en la competencia Fotogramas, se lo toma con más filosofía: “Es lógico y natural (...) No es que haya psicosis, hay una situación de extrema gravedad, en la que las productoras dejan de ingresar una serie de dinero que, entre otras cosas, serviría para financiar futuros films”.

José Manuel Tourné, director general de la Federación para la Protección de la Propiedad Intelectual (FAP), es rotundo. “La seguridad sirve”, destaca. “Warner utilizó por primera vez esas medidas a nivel mundial con la última entrega de Harry Potter. En lugar de las habituales 24 horas, la película tardó cuatro días en llegar a la red. Eso significa que funciona.” Lo de psicosis le suena a chino. “El 92 por ciento de las grabaciones que llegan a Internet se hace en salas de cine. Es obvio que reforzar la seguridad es una buena medida, pero en lo que se está trabajando con más fuerza es en fabricar copias que no puedan ser grabadas. Porque lo de controlar a todos los espectadores es absolutamente imposible.”

* De El País de Madrid. Especial para PáginaI12.

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El control sobre el último Harry Potter “dio resultado”: tardó 4 días en llegar a la red.
 
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