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Viernes, 30 de enero de 2009

CINE › CERRO DEFINITIVAMENTE LA HISTORICA SALA DEL COSMOS

“Tuvimos solamente apoyos morales”

Luis Vainikoff, propietario y programador de la legendaria sala de la avenida Corrientes, de un enorme valor simbólico, tuvo que resignarse a bajar para siempre la cortina. La retracción de espectadores es apenas la punta del iceberg.

 Por Oscar Ranzani

Un coloso del cine de autor que contribuyó a formar durante varias décadas a generaciones de cinéfilos, cuyos gustos estuvieron alejados de los cánones comerciales de la industria cinematográfica, cerró sus puertas. El propietario del cine Cosmos, Luis Vainikoff, anunció el cierre de este símbolo de la cultura de la calle Corrientes que supo construir prestigio gracias a la calidad de su programación. “Venimos de una secuencia de años ya desde la época de la crisis con una situación bastante delicada en líneas generales. El cine no escapó a lo que pasó en el país. Estaba todo muy agarrado con alfileres”, reconoce Vainikoff ante Página/12.

Aunque esta vez es definitiva, no es la primera que se anuncia el cierre del Cosmos. Hace tres años estaban las cartas dadas para venderlo y convertirlo en un hotel, pero la operación se frustró. Se decidió, entonces, que continuara el cine “a ver qué es lo que sucedía pero la situación fue muy mala y el año pasado también. En cantidad de espectadores, la situación del cine, en general, no fue buena, con el agravante de que no sucede como en las multisalas, que aumentan el precio de la entrada, tienen menos espectadores y, aun así, mayor recaudación – explica Vainikoff–. También tenés un límite por el tipo de público que viene, el material que das y el lugar donde está ubicado: no podés llevar la entrada a precio alto como es la política de una multipantalla”. Por eso, se empezó a trabajar con promociones: desde hace dos años el Cosmos ofrecía la entrada a 15 pesos y era válida para el ingreso de dos espectadores. “Pero el gasto fijo se disparó en el último año una barbaridad”, comenta Vainikoff. Con ese panorama, durante el año pasado (de retracción generalizada) el Cosmos tuvo pérdidas sumamente importantes.

Vainikoff reconoce que el Cosmos cumplió un ciclo y que es muy difícil de revertir lo que sucede en Capital Federal: “La tendencia del público no está marcada sobre Corrientes. Si uno ve la cifra de las pocas salas que quedan en Corrientes ve que la cantidad de espectadores ha bajado mucho más de lo que ha bajado en otras salas”. Y señala que trataron de “entrar” con otro tipo de programación para ver si era posible captar a otro tipo de público, pero eso tampoco funcionó.

“Los apoyos no existieron. Tuve apoyos morales pero con el apoyo moral no vamos a ningún lado”, confiesa Vainikoff. “La decisión de cerrar ahora viene por la parte económica y de funcionalidad del cine. Yo vengo diciendo que salas de este tipo, si no se reconvierten, si no tienen un apoyo no solamente del Incaa sino de las municipalidades tanto en la Capital Federal como en el interior del país, van a tender a desaparecer, porque es muy difícil sostener una programación de calidad. Entonces, nadie va a hacer una inversión sobre salas que es muy difícil recuperar.” Por otro lado, al tener solamente una o dos o pantallas el costo del mantenimiento de la sala es muy alto. “Esto es como un edificio de departamentos –grafica Vainikoff–: más departamentos tenés menos expensas pagás. En el caso de las salas pasa lo mismo: tenés menos posibilidades al tener menor cantidad de pantallas, y a su vez, el costo por pantalla es muy alto.”

Así y todo, el edificio seguirá en pie. Está compuesto por dieciséis departamentos que se alquilan; el local de la planta baja (donde se construirá un restaurante) y las dos salas de cine (una de 150 localidades y otra de 35) que, en principio, se mantendrán destinadas a funciones para eventos particulares “no comerciales”, aclara Vainikoff, quien agrega que la idea es que “siga Cine Club Núcleo, donde se puedan hacer presentaciones de películas, de libros o de lo que sea y funciones especiales que, a veces, serán para la prensa o bien para invitados especiales. Y nada más que eso”.

El edificio del Cosmos fue inaugurado en 1929 como Cine Teatro Cataluña. El padre de Luis, Isaac Argentino Vainikoff, alquiló el cine en 1957 y a los cinco años compró el edificio. El cine siguió con ese nombre hasta 1966, cuando se planteó una reforma y se decidió inaugurarlo como Cosmos 70 (“70 porque era el auge de los 70 mm”, dice Luis). Contenía una enorme sala con capacidad para 1182 espectadores. Isaac Vainikoff fue también el fundador de la histórica distribuidora Artkino. “El hecho de que Artkino distribuía películas de los países del Este complicaba mucho dónde poder exhibirlas. El problema de la exhibición de cierto tipo de material existió siempre: unos porque no querían el material, otros porque políticamente no estaban de acuerdo. Eso, según los períodos, siempre nos costó. La decisión fue tener una sala en la cual pudiéramos dar nuestro propio material”, explica Luis. Desde entonces, el Cosmos se caracterizó por difundir cine ruso y checo y de otros países de Europa del Este, hasta que en 1987 se produjo otro cambio. Debajo del cine, se inauguró la disco Halley y hasta 1990 el Cosmos no fue explotado por sus dueños sino por los propietarios del boliche que alquilaron la sala, donde se exhibían películas programadas por el recordado Salvador Sammaritano. Pero tampoco resultaba rentable el cine con una confitería bailable. Y el Cosmos estuvo cerrado hasta 1997, cuando los Vainikoff decidieron reabrirlo con una nueva estructura compuesta por dos salas chicas: una para videoproyección y otra para copias en 35 mm.

El nombre de Cosmos tiene varios motivos: había que poner un nombre que en cartelera figurara dentro de las primeras posiciones. “Entonces, no se podía seguir manteniendo Cataluña porque ésta cuando se abrió era una sala de mucho prestigio, pero cuando se cerró estaba muy desprestigiada. Y lo que se iba a hacer en el cine no tenía nada que ver con la programación que se llevaba. Como en ese momento estaba la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética pensamos que Cosmos –que era una serie de satélites que largaron los rusos– podía llegar a ser el nombre que cumplía casi todas las características: por el material que íbamos a pasar, por la posición dentro de la cartelera (que era muy importante porque la gente leía las primeras posiciones en las carteleras), y quedó Cosmos 70. Después, con los años, los rusos abrieron una sala en París llamada Cosmos también, pero no tenía nada que ver con nosotros”, concluye Vainikoff.

Con el cierre del Cosmos quedará flotando casi como un fantasma esa fantasía repetida por la dictadura –y parte de la sociedad también– que creía que con esa actividad cinematográfica subvencionaban al Partido Comunista, que el Cosmos era del PC o de la embajada rusa. Un triste final para un icono cinematográfico, cuyos propietarios asumieron el riesgo de ofrecer una programación diferente a la convencional. Mientras tanto, los tanques extranjeros arrasan en la tierra de los multipantalla.

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“Es muy difícil sostener una programación de calidad”, afirma Vainikoff.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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