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Martes, 12 de mayo de 2009

CINE › STAR TREK ARRASó CON LA TAQUILLA EN SU PRIMER FIN DE SEMANA

El toque de Midas del señor Abrams

Cuando nadie daba mucho por el Capitán Kirk, el Sr. Spock y compañía, llegó el director de Misión: Imposible 3 y creador de Lost y Fringe. Hoy en Hollywood hay incluso quien se anima a pronosticarle una carrera similar a la de Spielberg.

 Por Guy Adams*

Para una franquicia que trata de “ir donde el hombre nunca antes fue”, es curioso cómo Star Trek fue quedándose en el pasado. Su culto de orejas puntiagudas y extraños gestos con la mano quedaron clavados en los ’60, cuando despegó la nave Enterprise. El público de TV se fue desalentando y el proyecto de una nueva serie fue abandonado. El Capitán Kirk y su tripulación, objeto de no menos de diez películas, vieron el interior de un cine por última vez en 2002. Pero entonces llegó J. J. Abrams, el productor y director de moda con un brillante CV y carta blanca para reinventar la marca más gloriosa de la ciencia ficción. Abrams tenía una mercancía preciosa en Hollywood: el toque común. Se hizo famoso al crear la serie Lost y la enormemente exitosa tercera parte de Misión: Imposible. Su última misión, que aceptó con entusiasmo, fue desarrollar un estilo de Star Trek completamente nuevo.

Ya se sabe cómo lo hizo: la película, una precuela de 150 millones de dólares con un elenco joven y descarado, algunas escenas de sexo superficiales y un guión con abundantes dosis de comedia, cuenta cómo el joven Kirk y sus contemporáneos llegaron a explorar las galaxias más lejanas. Llamado simplemente Star Trek, el film está ahora arrasando con las taquillas: este fin de semana, la película producida por Paramount Pictures ocupó el primer lugar en Estados Unidos, con 76,5 millones de dólares recaudados. Es que Abrams hizo un muy buen trabajo. Aunque es sólo la segunda película que dirige, Star Trek parece cimentar su fama de ser el posible heredero del héroe de la ciencia ficción del cine moderno, Steven Spielberg.

Las críticas le dieron la derecha. “El nuevo, mejorado Star Trek transportará a los fans al nirvana de la ciencia ficción”, dijo Variety, y agregó que es “una aventura espacial inteligente y que deja sin aliento, un seguro blockbuster de verano”. The Hollywood Reporter habló de “un viaje sensacional”. El crítico del periódico inglés Daily Mail quedó tan deslumbrado que rompió el embargo de prensa y escribió su comentario una semana antes del estreno, diciendo que es “algo de otro mundo” y, “por lejos, la mejor de las once películas de Star Trek, que debería ranquear como la mejor precuela de todos los tiempos”. Con el viento apropiado y la natural promoción agitada por Paramount, Star Trek puede recrear el tipo de suceso que ayudó a El caballero de la noche –otra reinvención moderna de una vieja franquicia de Hollywood–, que se convirtió en la segunda película más rentable en la historia, con una impactante recaudación de 550 millones de dólares. Aun la mitad de esa cifra representaría una brutal certificación de la “marca” Abrams (que a menudo escribe, produce y dirige), un estilo de ciencia ficción que en la última década formó la base de un éxito tras otro, en televisión y en cine. Su trabajo abunda en conceptos complejos de sci-fi e interminables vueltas de tuerca de la trama que se hacen accesibles a través de grandes inyecciones de humor, personajes fuertes y altos valores de producción. Uno de sus actuales éxitos, Fringe, gira alrededor de la llamada “ciencia marginal”, y aun así tiene diez millones de espectadores en Estados Unidos.

Su tratamiento de Star Trek fue típico. Abrams abandonó los límites de los films anteriores decidiéndose por una precuela. Después tomó el clásico tema narrativo del crecimiento personal: el joven James Kirk, un adolescente testarudo encarnado por Chris Pine, sigue un camino hacia la madurez al estilo Luke Skywalker, enrolándose en la Academia de la Flota Estelar para emular a su padre fallecido. Abrams instruyó a sus coguionistas Roberto Orci y Alex Kurtzman para que adornaran la trama con el entretenimiento pochoclero de la vieja escuela. Así crearon una telenovela espacial a escala épica: Star Trek explota con acción constante y mucho sentido de comedia. Aun los personajes secundarios están firmemente construidos. Hay grandes escenas de lucha y efectos especiales brillantes.

El elenco incluye caras nuevas como Pine, Zachary Quinto y Jennifer Morrison, y estrellas ya establecidas como Simon Pegg, Winona Ryder y Tyler Perry. Para los fans de la primera hora, incluso hay una aparición de Leonard Nimoy, el hombre que fue Spock: con ello arrastra a los fans existentes y a los novatos en el género trekkie. “Hay tanta expectación y buenos deseos tras esta película que se siente imparable”, dice Jay Fernandez, periodista de The Hollywood Reporter. “J. J. tiene algo muy Spielberg: se impulsa por el amor a las películas y la TV. Todo el que se le acerca habla de ser chupado por un vórtice creativo. Las ideas increíbles parecen caer de su bolsillo.”

Siempre fue así. Abrams, cuyas iniciales corresponden a Jeffrey Jacob, nació hace 42 años en Nueva York, hijo de una próspera pareja de productores de TV. Creció en Los Angeles, inmerso en el cine y la televisión y el proceso de crearlos: en su infancia fue un fan obsesivo de Dimensión desconocida. Escribió su primera película a los 16 años, y rápidamente se la vendió a Touchstone: eventualmente se convirtió en Millonario por un instante, con Jim Belushi. Pasó los ’90 afilando sus armas, escribiendo y produciendo una selección de películas de éxito moderado, incluyendo Por siempre joven, con Mel Gibson, y Una segunda oportunidad con Harrison Ford. Incluso trabajó con Jerry Bruckheimer en el éxito de 1998 Armageddon, pero el proyecto que lo catapultó fue Felicity, un drama televisivo sobre un estudiante secundario que creó y produjo durante cuatro años desde 1998. Ganó un Globo de Oro, y lo marcó como una estrella en ascenso en Warner Bros., el estudio con el que firmó su compañía productora Bad Robot, bautizada por su colección de robots de juguete. En 2001 desarrolló Alias, una serie de ciencia ficción sobre una agente de la CIA en fuga a través de 105 episodios, que lanzaron la carrera de Jennifer Garner. El reconocimiento público y la formación de toda una forma de culto surgieron tres años después, cuando se le pidió desarrollar una serie para ABC sobre los sobrevivientes de un accidente de avión confinados en una isla desierta.

La leyenda dice que Lloyd Braun, cabeza del canal, llamó a Abrams a su oficina y le presentó un guión al que le faltaba un golpe de horno. Abrams desapareció una semana y reapareció con un plan: el clásico El señor de las moscas podía coquetear con lo sobrenatural. Para que eso funcionara, decidió Abrams, se necesitara que algo anduviera “mal” con la isla. El resultado fue Lost, lanzada en 2004 y convertida en uno de los shows televisivos más lucrativos de la historia moderna de la TV, actualmente en su quinta temporada. Rápidamente inspiró a Paramount Pictures a golpear la puerta de Abrams y ofrecerle algo impensable para un director debutante: un contrato de cuatro años y 50 millones de dólares que incluía la dirección de un nuevo episodio cinematográfico de Mission: Impossible.

Desarrollar ese film –protagonizado por Tom Cruise, costó 150 millones y recaudó casi el triple– fijó para Abrams un curso que siguió después con Star Trek. Primero se sentó con Kurtzman y Orci, sumó a los coproductores Damon Lindelof y Bryan Burk y comenzó a pensar en cómo revitalizar una vieja franquicia. Luego filmó la película, y finalmente trabajó sin descanso para promocionarla. “Abrams es increíblemente accesible. Hubo grandes problemas de relaciones públicas con M:I 3, que fue lanzada justo cuando la imagen de Tom Cruise se volvió un problema. Pero él estuvo feliz de hablar sobre todo –dice Bob Strauss, crítico de cine del Daily News de Los Angeles que en ese momento entrevistó a Abrams–. Trabaja muy duro para vender películas, y estuvo promoviendo Star Trek durante meses.”

Abrams vive en Pacific Palisades, un suburbio en ascenso de Los Angeles, con su esposa, Katie, y sus tres hijos. Trabaja en el estudio de Paramount, donde Bad Robot tiene ahora su base, haciendo malabares con Lost, Fringe y cualquier proyecto fílmico que caiga en su bandeja de entrada. Alegre adicto al trabajo, vive en sus BlackBerry y Apple Mac, conduce un Prius y a veces edita hasta altas horas de la noche, en una suite en su hogar. Tiene reputación de ser un parlanchín creativo: si un escritor o un artista despierta su interés, lo llamará para un encuentro y le tirará ideas creativas. El mes pasado, cuando fue llamado como editor invitado de Wired, llenó la revista de puzzles y juegos de ingenio. Para no desentonar con el cliché de Hollywood, también consiguió una fortuna considerable: Paramount acaba de extenderle el contrato hasta 2013, en un acuerdo de decenas de millones de dólares que lo llevará a desarrollar toda una serie de películas, incluyendo un nuevo episodio de Star Trek en 2011. En una economía detenida, en una industria en la que las ventas de DVD caen y los estudios grandes recortan gastos de producción, Abrams es un raro ejemplo de exceso, y un voto mayor de confianza en su habilidad para seguir realizando películas y programas de TV exitosos. Que son ciencia ficción, pero no como se la conocía.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Star Trek, una franquicia que estaba agotada y ahora encuentra una nueva vida con el recurso de “volver al comienzo”.
 
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