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Viernes, 19 de febrero de 2010

CINE › LA CANCION DE LAS NOVIAS, DE KARIN ALBOU

Preconceptos sobre la convivencia

 Por Horacio Bernades

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LA CANCION DE LAS NOVIAS
Le chant des mariées, Francia/Túnez, 2008

Dirección y guión: Karin Albou.
Fotografía: Laurent Brunet.
Intérpretes: Lizzie Brocheré, Olympe Borval, Simon Abkarian, Najib Oudghiri y Karin Albou.
Estreno en proyección DVD en los cines Arteplex (Belgrano, Centro, Caballito y Villa del Parque).

“Ojalá los alemanes ganen la guerra, así nos libran de los franceses”, anhela la parroquiana de un baño público. Corre noviembre de 1942. Sobre las ensortijadas calles de Túnez llueven bombas aliadas, y llueven también volantes que desparraman los aviones de la Wehrmacht, intentando convencer a la población de la conveniencia de apoyar al Reich. Myriam y Nour son las mejores amigas, y para ellas jamás fue un problema que una sea judía y la otra musulmana. Pero ahora los tiempos cambiaron, la radio oficial no propala la convivencia sino el odio racial y hasta en El Corán puede leerse que el único modo de ser fiel a Alá es profesar la fe de Mahoma. ¿Podrán Myriam y Nour, en este contexto hostil, seguir siendo amigas?

Segundo film de la realizadora, guionista y actriz Karin Albou (la anterior, La pequeña Jerusalén, había tenido ya una considerable repercusión en el circuito de festivales y cine “de arte”), La canción de las novias reúne item caros a la agenda de la corrección política y sexual. Desde la amistad femenina hasta la resistencia al nazismo, pasando por las relaciones entre judíos y musulmanes en el mundo árabe y sin descartar la condición de la mujer en las comunidades musulmanas, las restricciones sociales al deseo femenino y la tradición del casamiento por interés en la cultura judía.

Nour (Olympe Borval) quiere casarse con su novio Khaled, pero el padre no la deja. A Myriam (Lizzie Brocheré) le sucede exactamente lo contrario. A la condición de viuda reciente, su madre, Tita (interpretada por la propia Albou) debe sumarle la de ser judía. Lo cual la obliga, por ley del gobierno colaboracionista de Vichy, a pagar un “impuesto” del que no puede hacerse cargo. Unica solución: casar a la hija con un médico que podría ser su padre (Simon Abkarian). Algo que Myriam intentará resistir contra viento y marea. De resistir sabe la muchacha: acaban de expulsarla del colegio por cantar canciones contra el mariscal Pétain. Al mismo tiempo, Khaled colabora con el ejército ocupante, haciendo de soplón.

Cine a la carta, La canción de las novias no está exenta de ninguno de los riesgos que cercan esta clase de relatos. Uno de ellos es que los personajes, antes que tener existencia propia, tienden a ser mera expresión de ideas previas. La sinceridad y entrega de ambas protagonistas ayuda a disimularlo, pero no a salvarlo. El otro es que en la medida en que los item de la agenda temática se colocan en el relato como huevos en una huevera, inevitablemente se incurre en estrecheces y simplificaciones. Por más que se la quiera contrapesar con alguna muestra de generosidad individual, la idea de colaboración de la comunidad musulmana con el nazismo es, a la vista de la historia contemporánea, una particularmente resbalosa.

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