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Martes, 9 de marzo de 2010

CINE › OSCAR > JUAN JOSé CAMPANELLA, DESPUéS DEL PREMIO OBTENIDO POR EL SECRETO DE SUS OJOS

“No busqué hacer una película ‘for export’”

El cineasta señala que muchos votantes de la Academia se acercaron a conversar con él. “Hablaban de un film atrapante, que los había conmocionado.” Campanella admite que en términos de proyección internacional, esta distinción significa “el día y la noche”.

 Por Oscar Ranzani

La coronación máxima en Hollywood de El secreto de sus ojos lo tiene a Juan José Campanella exhausto ante el requerimiento periodístico. Sin embargo, si el cineasta no destilara esa “argentinidad” tan profunda que logra plasmar en sus películas, podría pensarse que uno está ante la presencia de un lord inglés. Correcto y medido, y a la vez, entusiasmado por lo que está viviendo, Campanella dice que ante la obtención del Oscar, está “aterrizando”. “No he tenido tiempo de estar en mi casa con mi familia y poder empezar a disfrutar de esto. La verdad es que me gustaría estar un poquito solo”, se sincera ante la pregunta de Página/12 sobre cómo vive este momento de gloria. No es para menos: ayer su teléfono sonó ininterrumpidamente y su casilla de correo contenía más de cuatrocientos mails, lo que permite entender que se trata de una tarea titánica responder todos los pedidos o agradecer las innumerables felicitaciones, aun para el más experimentado internauta. Pero hay que tener en cuenta un dato: un Oscar no se gana todos los días. De hecho, el cine argentino está celebrando el segundo después de veinticuatro años.

–¿Es la película que más alegrías le dio?

–Si lo medimos en cuanto a repercusión y premios como éste, obviamente sí lo es. Si lo medimos desde otro parámetro, Luna de Avellaneda para mí es una película que trascendió lo cinematográfico en la Argentina de una manera que para mí supera a ésta. Vientos de agua me sigue pareciendo lo mejor que hice. El hijo de la novia, desde el punto de vista personal, siendo una cosa tan cercana a mi familia, también. El mismo amor, la misma lluvia fue la película con que prácticamente empezó mi historia, mi carrera. Todas las películas me han dado diversas satisfacciones.

–¿Cómo fueron los días previos en el set de Dr. House? ¿Cómo lo vivía el equipo de trabajo?

–Con mucho apoyo, con mucha ayuda, pero es una serie donde se trabaja muy intensamente. Y realmente, llega un momento en que podés comentar un poquito pero hay que trabajar. Pero bueno, la vestuarista me ayudó con el smoking, así que fue una cosa de mucha camaradería. Y hoy (por ayer) fui a visitarlos y a mostrarlos el Oscar y fue maravilloso. Hubo mucha buena onda.

–¿Qué cree que premiaron los votantes de la Academia? ¿Qué aspectos de la película pudieron ser influyentes en el voto, según su criterio?

–Según mi criterio, no puedo decir nada porque no los conozco. Ahora, según el criterio de muchos que se acercaron a conversar conmigo, hablaban de una película atrapante, que los había conmocionado. En ese sentido, la veían como una película más fuerte y más potente que las otras, algo que me sorprendió porque yo considero que son todas muy potentes. Principalmente, eso es lo que más decían. Por supuesto, que hablaban muy bien de las actuaciones, del final, del guión, de la estructura. Pero también quiero recalcar, porque es importante, que todos me comentaban lo difícil que les había resultado elegir este año. Y de ninguna manera, la votación fue unánime. Acuérdese de que votan alrededor de quinientas personas. No quiere decir que los quinientos nos hayan votado a nosotros. Todas las películas tenían gente que las apoyaba y sé que para muchos la votación fue un dilema.

–Una vez señaló que El secreto... es una historia universal pero con sabor local. ¿Considera que la conjunción de estos dos aspectos es la que permite que la película guste en sitios y culturas diferentes?

–No, yo creo que gusta en sitios y culturas diferentes porque es una película con temas universales. El sabor local no es un motivo por el cual gusta sino que, en todo caso, se agrega a eso o no molesta, o simplemente se vive como un elemento más. No es una película turística de la Argentina, no es for export, por decirlo de alguna manera. Todo lo contrario: habla de una época de la Argentina y de una manera que no te da toda la información. Entonces, tenés que conocer algo. A pesar de eso, no parece disminuir el placer que le provoca a la gente aquí.

–¿Cuál es su opinión sobre el premio Oscar, en general? ¿Su concepción sobre este galardón siempre fue la misma o fue cambiando a lo largo de su carrera? ¿Cómo lo analiza?

–Es una pregunta que hay que especificar desde qué punto de vista se hace ese análisis. Desde el punto de vista de la importancia del premio, fue siempre el mismo: es el más importante del mundo, es el premio que le cambia la vida a una película. Y la prueba la puede ver en cómo aun en los sitios y los críticos que más critican y más superiores a este premio se sienten, no paran de hablar de él. Incluso, hasta haciendo concursos para ver quién gana el Oscar, que dan DVD y todo eso, cuando jamás he visto un concurso en el que obsequiaran DVD al que acertaba quién ganaba el Festival de Cannes. Desde el punto de vista de cómo se otorga, también lo considero el premio más importante, ya que en la categoría de Película Extranjera son quinientos votantes contra los seis o siete que conforman un jurado de un festival. Además, esos quinientos votantes son profesionales de una de las industrias más importantes del mundo. Muchas veces en los jurados, de esos siete, vemos tres nombres importantes y cuatro que no se sabe muy bien qué hacen. Ahora, en cuanto a la calidad de los films, eso siempre es totalmente subjetivo. Por supuesto (y esto no es sorpresa para nadie) que yo comulgo mucho más con la manera de hacer cine del clásico americano que con el coreano, al que veo como un cine alienígena que no tiene que nada que ver conmigo.

–¿En qué medida la candidatura de El hijo de la novia marcó un antes y un después en su carrera cinematográfica, y qué puede suceder ahora?

–La nominación en sí no fue un antes y un después en mi carrera cinematográfica. Después de El hijo de la novia, hice Luna de Avellaneda y luego estuve cinco años sin hacer películas. Así que no fue un antes y un después. Esto es un honor, es una cosa que se lleva de recuerdo, que la gente te respeta, pero no por haber sido nominado ni tampoco por haber ganado te van a poner tres millones de dólares para hacer una película. Es una validación. Es como ganar un premio importante de periodismo o de literatura. Obviamente, no es fácil ganar, y habla de que tenés un buen promedio histórico, pero nada más.

–¿Cuál de las dos nominaciones vivió con mayor intensidad?

–En realidad, las dos. Aquélla por ser la primera y ésta porque se comentaba ya desde el principio que era una de las favoritas. Desde que se empezó a ver la película aquí, se empezó a hablar mucho de ella.

–Usted señaló que aspiraba a la nominación antes que al premio. ¿Por qué?

–Las películas nominadas son de estilos muy distintos, lo que también muestra una apertura de mente. Fueron cinco películas votadas por todos los miembros. Entonces, quiere decir que a la gran mayoría de los miembros les gustaron las cinco, cosa que parece que en Argentina fuera un imposible, no en el público sino en los cinéfilos a los que les gusta una película y se impiden a sí mismos gozar de otro tipo de cine. Entonces, ya ser parte de un grupo en el que están La cinta blanca, Un profeta, grandes películas realmente que van a ser clásicos, ya es bastante. Después, el Oscar (y lo digo aun hoy habiendo ganado) ya dependés de gustos más restringidos y personales. Por ahí, ganamos por un voto solamente. Así que no creo que en ese sentido La cinta blanca, Un profeta o La teta asustada sean inferiores a El secreto de sus ojos. En absoluto.

–¿Y qué significa este premio en términos de proyección internacional para El secreto de sus ojos?

–El día y la noche. En ese sentido, sí es un premio que le cambia la vida a una película, porque los países que no la habían comprado la van a comprar; los que la habían comprado, la van a lanzar más grande; los que pensaban lanzarla en DVD, ahora la van a lanzar en cine.

–Hace veinticuatro años La historia oficial ganaba el primer Oscar para la Argentina y se trataba de una película que reflejaba el pasado turbulento de nuestro país. El secreto de sus ojos también refleja parte del pasado político: el de un contexto ominoso previo, el de la Triple A. ¿Cree que este tema no fue tan debatido en el cine argentino?

–Yo creo que La historia oficial, en su momento, fue una de las primeras que habló de ese tema, pero creo que desde entonces se ha hablado bastante de la época de la dictadura. Quizá de lo que no se ha hablado demasiado y hay mucho hambre por conocer y empezar a hilar fino porque es una época muy confusa, es justamente la etapa de El secreto de sus ojos, la etapa previa.

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