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Domingo, 21 de marzo de 2010

CINE › EN ABRIL SE ESTRENARA EL DOCUMENTAL PECADOS DE MI PADRE, DE NICOLAS ENTEL

Una notable película fuera de Cartel

El film narra una historia de redención protagonizada por el hijo del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria.

 Por Mariano Blejman

Del capo del narcotráfico Pablo Escobar Gaviria se pueden decir muchas cosas: que cambió a Colombia con la organización del tráfico de cocaína más violento de la historia; que estuvo vinculado directamente con unas cuatro mil muertes; que la escalada de violencia y el ejército de sicarios, junto a la sistemática utilización de carros bomba, generó un terror nunca visto en ese país; que construyó su propia cárcel cuando no tuvo otra opción que “encerrarse”; y que el narcotráfico causó en esos años cerca de un millón y medio de muertos, además de desestabilizar económica y políticamente al país. También puede decirse que a fines de los ’80, Escobar Gaviria fue considerado uno de los siete hombres más ricos de la Tierra por la revista Forbes, que –sobre todo en los primeros años– fue idolatrado en su pueblo de origen por sus obras de caridad y su espíritu solidario con los más humildes, y que cuando lo mataron unas 20 mil personas asistieron a su entierro. Hay una cosa que Escobar Gaviria deseaba y finalmente no pudo lograr cuando se supo quién era: quería ser presidente. Pero hay otra cosa que definitivamente fue: papá.

Pero, ¿qué hace un hijo de alguien así? No pareciera haber puntos intermedios. Una de las opciones es seguir la ruta de su padre, lo cual es más bien difícil: Pablo Escobar Gaviria era considerado el peor criminal de la historia de Colombia y fue perseguido durante 16 meses por unos cuatro mil efectivos; cuando lo descubrieron luego de realizar una llamada telefónica, se desencadenó una balacera fatal para el “Zar de la coca”. Otra posibilidad es intentar el perdón. El camino de la redención es arduo, costoso y no exento de escepticismo: ¿por qué hay que aceptar ese pedido de perdón por parte de los victimarios? Lo primero que hizo su hijo cuando supo de la muerte de Escobar Gaviria fue llamar a la radio y jurar venganza. Pero unos minutos después volvió a comunicarse para decir que la violencia “debía terminar”.

Sin embargo, las cosas no ocurren solas: el realizador Nicolás Entel tardó una buena cantidad de meses en convencer a Juan Pablo Escobar, ahora Sebastián Marroquín (tal el nombre ficticio), de que tenía que contar la historia desde su mirada, y unos cuántos años más en lograr que Sebastián se reencontrara con los hijos de Rodrigo Lara Bonilla y Luis Carlos Galán, dos reconocidos militantes políticos que enfrentaron a Escobar y lo pagaron con su sangre. Esa es, finalmente, la historia de Pecados de mi padre, un documental que estrenará el 1º de abril y que relata cómo fue ser el hijo del gran capo del narcotráfico... y vivir para contarlo.

En la primera proyección local del documental argentino-colombiano, durante el Festival de Mar del Plata, estuvieron presentes en la sala su director, Nicolás Entel, el protagonista Sebastián Marroquín y la madre de éste, María Isabel Santos. Y luego de 90 minutos en donde se sucede la mirada del hijo sobre la tremenda historia de su padre y su entorno –donde todo se resolvía a bombazo limpio–, la sola presencia de un colombiano en la sala generó caras de preocupación entre los espectadores. Pero no era más que eso: un colombiano en la sala. “Todo lo que pasó, quedó filmado. No hubo agenda preestablecida”, le dijo Nicolás Entel a Página/12, obsesivamente preocupado por confirmar cada uno de los dichos de su entrevistado. Por ejemplo, que Sebastián Marroquín pagó de contado con un fangote de plata en la mano la salida de él y su familia en un aeropuerto donde parecían encerrados.

El trabajo de Entel tiene una notable construcción argumental, un extraordinario acceso al material audiovisual que cedió la familia Escobar, cuenta con precisión narrativa las cartas que buscan la redención y relata, finalmente, los estremecedores encuentros entre Sebastián Marroquín y los hijos de las principales figuras políticas muertas por el narcotráfico: el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla y Luis Carlos Galán, un político a punto de ser electo presidente de Colombia. Ese es, sin dudas, el gran tema de Pecados de mi padre: cómo aceptar el perdón cuando todavía no se ha hecho justicia.

El film se encuentra ahora en la Competencia Oficial en la Sección Documentales del Festival Rencontres Cinémas d’Amérique Latine de Toulouse, Francia, y pasó por Sundance, Amsterdam, Miami, Guadalajara y Barcelona, además de Mar del Plata, y ganó el premio McDonald’s Nalip Estela Awards. El 10 de diciembre pasado se estrenó en Colombia, con fuerte repercusión en la prensa local y la vuelta “pública” de Sebastián Marroquín.

“¿Y usted qué piensa que van a decir sus amigos en la Argentina, ahora que ya saben quién es?”, preguntó Página/12 en Mar del Plata, en noviembre pasado. “Ya todos sabían, menos yo”, respondió aquella vez. La mirada de Sebastián Marroquín es algo cansina, habla con ese tono colombiano amigable, reflexivo y sereno, como quien vive años “de prestado”, o quien ha tenido tiempo para pensar en su lugar en el mundo, casi como un error de la historia. Marroquín tiene una serie de respuestas efectivas frente al tema de la redención: “Nadábamos en montañas de dinero, y al final no podíamos usar un solo dólar”, que ha querido estudiar arquitectura “para hacer algo constructivo” y que vive “tiempo extra”.

Extrañamente, todo aquel que se vio involucrado con Pablo Escobar Gaviria suele tener un destino épico –cuando no trágico–, aun años después. El periodista Alonso Salazar J., por ejemplo, autor de La parábola de Pablo: auge y caída de un gran capo del narcotráfico, tal vez la mejor investigación periodística existente sobre Pablo Escobar, es actualmente intendente de la ciudad de Medellín. “Se necesita un sistema judicial que funcione”, le dijo Salazar J. en enero a Página/12. Además, Rodrigo Lara Restrepo, hijo de Lara Bonilla, hizo carrera como Zar Anticorrupción, en 2007 fue electo senador y es respetado en Colombia por su lucha contra la corrupción. Juan Manuel Galán, hijo de Luis Carlos Galán, se hizo famoso en Colombia cuando pidió públicamente en el entierro de su padre que tomara las banderas que enarbolara éste, el doctor César Gaviria. Y el propio Gaviria fue electo presidente en 1990, algo que Pablo Escobar nunca pudo conseguir.

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El niño Juan Pablo Escobar encima de su padre, el mayor criminal de la historia colombiana.
 
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