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Domingo, 21 de marzo de 2010

TELEVISION › ERNESTINA PAIS ANTE SU SEGUNDA TEMPORADA EN CQC

“Para incomodar, necesitamos a los políticos en la calle”

Mañana a las 22.30, Pais, Juan Di Natale y Gonzalo Rodríguez volverán a la pantalla. La periodista no elude la discusión sobre el tenor de la temporada pasada, y asegura que “CQC es una maquinaria tan aceitada que tiene cada eslabón bien ocupado”.

 Por Emanuel Respighi

Ernestina Pais es una de esas pocas celebridades del medio local que saben reírse de sí mismas. No sólo porque hace de sus defectos, neurosis y miserias temas permanentes sobre los cuales bromear. También porque suele autocelebrarse con su ruidosa carcajada sus chistes y comentarios. Pero el humor no es su única faceta. La conductora de CQC, que mañana a las 22.30 regresa en la pantalla de Telefe con su decimocuarta temporada, también es una de esas (pocas) periodistas que hacen del debate y la discusión un ejercicio diario, al punto de pasar buena parte de este reportaje discutiendo con el cronista sobre un viejo artículo que hacía referencia al excesivo lugar que la farándula tenía en el programa, intercambiando opiniones acaloradamente sobre “la nada”, como a ella le gusta decir. “Creo que el año pasado CQC recuperó la variedad”, afirma a Página/12 quien también conduce Día perfecto, de 7 a 10 de la Metro, FM 95.1.

Sin la tensión que le produjo el año pasado aterrizar en un periodístico–-humorístico que nunca había sentado detrás del escritorio a una mujer, y que con Mario Pergolini y Eduardo De la Puente tenía una fuerte impronta masculina, Pais se apresta a conducir su segundo año al frente del ciclo de Eyeworks–Cuatro Cabezas con la tranquilidad de saber que el formato de CQC no depende del sexo de sus conductores. Una obviedad que, sin embargo, tuvo que corroborar mientras hacía el programa al lado de Juan Di Natale y Gonzalo Rodríguez. Con el agregado de que, además, Pais cargaba con la mochila (profesional y sentimental) de haber hecho Mañanas informales, un programa donde todo podía suceder y que tuvo que sortear la muerte de Jorge Guinzburg, su creador.

“Que CQC haya sido un desafío meramente profesional, que no era emocional ni personal como fue Mañanas informales por lo que pasó con Jorge, era el paraíso”, cuenta la conductora, en plena sesión de maquillaje y peinado. “Me divertía mucho demostrar que una mujer podía conducir un CQC en el siglo XXI. Me resultó placentero. Para mí fue un pase natural. No sentí que tenía que cambiar para estar en CQC: no tenía ni que bajar mis revoluciones, ni subirlas. Nadie me pidió eso. Sólo tuve que adecuarme a la puesta formal de cámaras. No me causó una dificultad a nivel oficio. En todo caso, la dificultad pasó más por la mística que por algo real. Era mayor la carga que sentía por lo que rodeaba al ciclo que por el piso en sí”, reconoce.

–¿El hecho de ser la primera mujer en conducir CQC llegó a condicionarla?

–En el primer programa salí al aire con la boca seca y el corazón en la garganta. Pero también sentía que, ante el atosigamiento que había sufrido antes de debutar en CQC, había surgido una buena onda que era más fuerte. En los primeros programas sentía el morbo de la gente: a ver cómo lo hace, a ver si se quiebra, si llora... Me acuerdo de que antes de salir al aire pensé para qué carajo dije de hacerlo en vivo. Pero a diferencia de otras situaciones difíciles que me tocó vivir frente a una cámara de TV, al instante ya la estaba pasando bien. A los que hacemos tele nos gustan la adrenalina, la presión del vivo. Creo que este año me voy a divertir mucho más. Es más: en CQC podría usar mucha más libertad de lo que la uso, sólo que le tengo respeto al formato.

–¿Va a deformatear CQC?

–CQC es imposible de deformatear, y sería una locura intentarlo. Al ejercicio bestial de salir al aire todos los días que me dio Mañanas..., CQC me sumó la posibilidad de estar al aire relajada, sabiendo que todas las variables están controladas. CQC es una maquinaria tan grande y aceitada que tiene cada eslabón bien ocupado. Yo puedo hacer cualquier cosa, pero sé que tengo atrás un equipo que funciona muy bien. Tenemos que mantener el espíritu y la química consolidadas del ciclo. Lo bueno es que eso no depende de mí: somos un trío de conductores, donde a mí me toca presentar y recibir las notas, soy la que le habla directamente a la gente. Pero es un detalle. Cada uno ocupa un rol.

La farándula y la política

Siempre dispuesta a la pregunta picante, al modo ácido de su verba, Pais demuestra que esas mismas características las utiliza también al momento de ponerse del otro lado del grabador. Al menos así lo expuso cuando se le señaló que CQC les otorga cada vez mayor espacio a las coberturas de los eventos de la farándula, en desmedro de la interpelación a la clase dirigente, otrora materia prima del programa. La conductora, sin embargo, defiende la pasada temporada del ciclo con uñas y dientes, fiel a su estilo, explicando que el programa no se farandulizó, sino que tuvo que acomodarse a un contexto.

“El del año pasado –explica Pais– fue un año muy particular, dividido por las elecciones legislativas. ¿Qué nos sucedió? CQC es un programa que cubre eventos. Hasta antes de las elecciones, los políticos hacían lo que les pedías y había actos y eventos a cagar. Después de las elecciones, sucedió que muchos se guardaron. No teníamos más eventos políticos ni demasiadas posibilidades de llegar a ellos. Entonces, tuvimos que inventar secciones para que los políticos salieran en el ciclo, pero tampoco querían. Además, todos los eventos de la farándula se juntaron en la segunda mitad de año. El contexto hizo que la segunda mitad del año hubiera mucha farándula. No fue una elección del programa.”

–Un programa de TV siempre elige qué poner al aire y qué no. Usted no cree, entonces, que CQC dejó ser temido por los políticos.

–El año pasado en el programa hicimos barbaridades. Fuimos los únicos que le preguntamos en la cara a Cristina Fernández de Kirchner por el patrimonio. Después de la pregunta por el patrimonio, la Presidenta no nos atendió más. Históricamente Caiga... cubrió política y espectáculos.

–¿Pero usted no percibe que cada vez cubren más notas de espectáculos que de política?

–Era lo que había el año pasado. Además, CQC es un programa de humor. No somos justicieros. Caiga... les hizo las preguntas más duras a Cristina, Macri y De Narváez el año pasado. Que no nos contesten ya no es nuestra responsabilidad. Las preguntas más punzantes a la clase política se las hizo un programa de humor.

–CQC es más que un simple programa de humor. De hecho, la productora lo vende en todo el mundo como un periodístico-humorístico.

–Yo hago humor. Claramente es un ciclo de humor, que utiliza la política como materia prima. El humor puede incomodar e ir más allá, pero para eso necesitamos a los políticos en la calle. Cuando CQC amaneció, madrugó a la clase política. Después, probablemente los políticos empezaron a manejar la relación inteligentemente. Uno se da cuenta de cuando un político es nuevo o que viene de otro palo si se enoja con lo que uno le dice o pregunta. Nosotros seguimos tratando todo el tiempo de descolocar a los políticos.

–El actual pareciera ser un año muy caliente en términos políticos. ¿Cree que ese contexto, esta vez, beneficiará a CQC?

–Este año suponemos que va a estar mejor, que la cosa va a estar más equilibrada. Parece que va a haber internas. A mí me gusta el CQC que trabaja con el eje política y farándula. Pero me gustaría que el programa fuera un poco más salvaje con la farándula. El mensaje de la farándula tiene mucha penetración. En muchos casos, incluso, tienen una repercusión en la sociedad mayor al discurso político.

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“A diferencia de otras situaciones difíciles que me tocó vivir frente a una cámara de TV, al instante del debut ya la estaba pasando bien.”
Imagen: Pablo Piovano
 
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