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Viernes, 10 de febrero de 2006

CINE › DANIEL BURMAN PRESENTA “DERECHO DE FAMILIA” EN BERLIN

“El humor es una anestesia para soportar mejor la vida”

El quinto largometraje del cineasta argentino abrirá la sección oficial Panorama Especial. Se trata de una comedia, con Daniel Hendler como protagonista.

 Por Oscar Ranzani

Una de las mayores expectativas para el cine argentino durante la 56ª edición de La Berlinale estará centrada esta noche en la sala del Zoo Palast, un cine con historia en Alemania que tiene capacidad para albergar a tres mil espectadores. Si bien no participa de la competencia, Derecho de familia –quinto largometraje del cineasta argentino Daniel Burman– será la película de apertura de la Sección Oficial Panorama Especial del Festival de Berlín. Burman ya frecuentó la ciudad germana en cuatro oportunidades gracias a sus películas y el mejor de sus recuerdos data de 2004, cuando El abrazo partido obtuvo el Oso de Plata a la Mejor Película y Daniel Hendler consiguió otro premio al ser elegido en la categoría Mejor Actor. A esta altura, Hendler puede ser considerado como una especie de alter ego del director argentino: lo eligió para trabajar en cuatro de sus cinco películas, incluyendo Derecho de familia, que se estrenará el 23 de marzo en Argentina.

Burman reconoce que está “muy ansioso” por la repercusión que puede llegar a tener su película, especialmente porque Derecho de familia es una comedia: “Si es dramática uno no sabe si la gente se está emocionando o no, pero en una comedia no hay opción: si no se ríe, ya sabés”, comenta en diálogo con Página/12. Hendler compone a Ariel Perelman, un joven abogado que eligió la misma profesión de su padre –conocido por todos como el Dr. Perelman (Arturo Goetz)– pero con diferencias sustanciales a la hora de pensar la justicia. Perelman (hijo) está casado con Sandra (Julieta Díaz), una mujer que se dedica a dar clases de gimnasia en su casa. Ante la inminencia del nacimiento del primer hijo de la pareja, la película aborda la construcción de la paternidad como lo que es: un momento trascendental en la vida de cualquier ser humano. A la vez, plantea los dilemas que encierra esta decisión y cómo influye sobre la propia identidad.

Si bien Burman sostiene que Derecho de familia no es autorreferencial, empezó a elaborar el personaje de Hendler a partir de la reflexión de experiencias propias. “En los últimos tres años me dediqué a ser padre en dos oportunidades y eso me hizo reflexionar un montón de cosas”, cuenta. “Más allá del típico comentario ‘¡qué lindo!, ¡te cambia la vida!’, lo que más me interesó es ese fuerte movimiento que uno sufre en su interior y el replanteo de la propia identidad. Uno empieza a mirar a los padres de otra manera porque empieza a comprender y justificarse y, por ende, a justificar a sus padres en un montón de cosas. Los padres se salvan de uno porque uno empieza a justificarlos de todo para justificarse a uno mismo. Y ese proceso nos acerca mucho a ellos”, analiza.

El abrazo partido se caracterizaba por la ausencia paterna, mientras que en Derecho de familia sucede todo lo contrario: hay una fuerte presencia del padre del protagonista.

–En esta película tomé el desafío de trabajar una relación entre presentes. Porque una relación de un padre ausente es más fácil de manejar en la vida (a veces) y en el cine porque es un personaje que dialoga consigo mismo. Es decir, es como una construcción de sí mismo. Pero acá son dos personajes: uno que lleva el punto de vista de la película pero cuando se topa con el padre ese punto de vista tiembla o se pone en duda. Entonces, desde la dramaturgia es mucho más complejo. Porque, ¿desde dónde se para uno como autor en esos encuentros? Entonces, me parecía interesante ese desafío de dejar ese facilismo de la ausencia. Ese padre está y es muy fuerte. Y ese hijo tiene que decidir si se va a convertir en su padre o en todo lo contrario. Estoy muy contento porque el héroe de la película transita este camino y llega a un punto nuevo con una nueva reflexión de sí mismo. Si bien Derecho de familia no resuelve la problemática porque no es algo resuelto quiénes son nuestros padres y quiénes somos nosotros, la transformación del personaje llega a un punto y creo que es una reflexión que, de alguna manera, todos podemos compartir.

–En la ficción el protagonista tiene que decidir si va a ser igual o totalmente diferente a su progenitor cuando él mismo sea padre. ¿Cómo lo analiza en la vida real? ¿No hay un punto intermedio?

–Hay un punto intermedio, pero hasta que uno llega ahí tiene ese falso dilema. Uno de adolescente cree que se va a convertir en el padre si está con él o si no cree que hay que irse bien lejos a estudiar a Australia. Y los que no tienen esa posibilidad, se escapan de otras maneras. Pero después de ese juego dialéctico, uno llega a ese punto intermedio en el cual descubre a los padres no como los ídolos que construyó sino como los tipos que son como uno pero con muchos más años encima. Esta cosa es tan obvia y banal y, sin embargo, uno tarda mucho tiempo en darse cuenta. En el momento de la inversión de roles, cuando uno deja de ser hijo para ser padre, inicia ese proceso que no es de acercamiento sino de comprensión.

–¿El abordaje de temas profundos con una cuota de humor es más placentero o digerible para el espectador?

–No es que lo hago adrede sino que es como veo la vida. Cuando hay situaciones límite o dramáticas siempre se viven como procesos y no como instantes. El mejor ejemplo de eso es el duelo: cómo se vive la muerte. En algún punto, es algo abstracto porque es un proceso. No es que todo el tiempo uno vive la vida. Eso es más parecido al teatro. Me cuesta mucho ver teatro porque siento que los personajes están todo el tiempo viviendo. Y en la vida, uno no está todo el tiempo viviendo de una manera intensa. Por suerte, porque si no sería insoportable. Entonces, a veces, uno sobrevuela situaciones para poder soportarlas. Y, en ese sentido, la incorporación del humor es fundamental porque es como la anestesia para soportar la vida. Lo que no significa que uno ande como un tonto por ahí.

–¿Qué aspectos actorales son los que más le interesan de Hendler y que lo llevaron a convocarlo en cuatro de sus cinco películas?

–Hay varios. Es una persona que entiende muy bien la naturaleza de los textos que escribo y sabe muy bien cómo interpretarlos. Como actor, sobrevuela las situaciones de la misma manera que los personajes lo hacen con las situaciones del guión. Hay una cuestión muy importante relacionada con la economía de recursos. El rodaje es algo muy agotador, donde uno tiene que tomar decisiones todo el tiempo que, en su gran mayoría, son banales e intrascendentes. Y poder lograr con un actor (como lo hago con él y con otros actores) una economía en el lenguaje y que la inversión de tiempo y energía que tenemos que hacer para entendernos sea lo mínima posible, es una cuestión muy pragmática pero muy importante al momento de trabajar. Esa comprensión más intuitiva la valoro mucho. Aparte, considero que es un actor buenísimo.

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Burman ya festejó en Berlín, con El abrazo partido.
Imagen: Bernardino Avila
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