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Viernes, 9 de abril de 2010

CINE › ELOISA TARRUELLA Y SU DOCUMENTAL GENE, EN ESCENA

Mirada íntima a un maestro teatral

 Por Ana Bianco

“La figura de Juan me impresiona, me maravilla, en especial como maestro, por su apasionamiento al dar clases y su manera directa. Y a mí, que tenga ese estilo me ayuda”, dice la actriz y debutante directora de cine Eloísa Tarruella. En el documental Gené, en escena, el punto de partida son las clases que Juan Carlos Gené imparte: la cámara lo acompaña en ese recorrido y participa de la devolución franca que les da a sus alumnos, derribando el mito de las emociones y los sentimientos. Sostiene que de la acción nace la emoción, y no a la inversa. La directora sintetiza hitos de su carrera, como el unitario de televisión Cosa juzgada, de fines de los ’60, que la dictadura quemó. Además, en el documental, que se ve los jueves de abril a las 21 en el CCC (Corrientes 1543), rescata al guionista, autor, actor y director del Celcit.

Tarruella es egresada de la Enerc, donde ejerce la docencia, así como en el IUNA y en la Universidad del Cine. Fue discípula de Gené y en 2008 ganó la Beca Audiovisual del Fondo Nacional de las Artes con la que financió el documental. Muestra a un Gené tal como es, a veces parco, frontal, preciosista en el uso del lenguaje: un hombre de teatro en todo el sentido de la palabra. “Está armado como un rompecabezas: hay un ida y vuelta de un relato que lo describe como docente y en su vida personal, con su paso por Venezuela durante su exilio y la re- lación con su esposa, Verónica Oddó, actriz, bailarina y maestra”, agrega la directora.

–¿Gené estaba bien predispuesto durante la filmación?

–Puso como condición que no se interfiriera con las clases. La película está realizada con dos cámaras. La vimos con Juan, Verónica y Marcelo Albarracín, productor, que además es su alumno. Juan me sorprendió al hacerme una crítica de la estructura del documental, de cómo estaba narrado, y después se emocionó. Sus observaciones me pusieron contenta. La película destaca la relación profesional con O-ddó que, como él mismo reconoce, significó un cambio en los paradigmas en su forma de enseñar. Ellos se conocieron en el exilio, en Venezuela. Verónica es chilena y fue alumna de Juan.

–Este es su primer documental. ¿Qué dificultades tuvo?

–Significaba un desafío, un mundo nuevo. En 2008 había ganado un premio en el Festival de Cine Universitario de Madrid con el cortometraje Otoño. Gené, en escena nos llevó muchas horas de trabajo a Matías Mirassou, el editor, y a mí. Teníamos treinta horas para contar una historia que tuviera ritmo, diversidad de imágenes y hasta un tono de ficción, como cuando Verónica está dando clases y los alumnos están acostados en el piso.

–Usted también pertenece al medio teatral...

–Me movilizaba contar esto, que tiene que ver conmigo. Empecé a hacer teatro, como juego, a los tres años, en el Teatro Catalinas. Ya a los seis salía de gira por Chile. Estudié en el Instituto Labardén y después fui alumna de Berta Goldenberg. Voy a debutar el 17 de abril en El Bardo con Amorar, mi primera obra como dramaturga y directora, que cuenta cómo se recuerdan un hombre y una mujer una vez separados. Como dice Borges: la memoria trata de la última vez que recordamos.

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“Esta película significó un desafío”, dice Tarruella.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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