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Jueves, 17 de junio de 2010

CINE › DESDE HOY COMENZARá A DESARROLLARSE EL CICLO 25 MIRADAS/200 MINUTOS

Un mapa de la diversidad en imágenes

A propósito del Bicentenario, veinticinco de los mejores directores argentinos plasmaron su enfoque en cortos de ocho minutos. Los films se proyectarán en cien salas de todo el país y en la red de Espacios Incaa. El trabajo se verá próximamente por Canal 7 y Encuentro.

 Por Oscar Ranzani

El Bicentenario fue motivo de festejos multitudinarios pero las actividades culturales no se terminaron el 25 de Mayo. Desde hoy comenzará a desarrollarse el ciclo 25 miradas/200 minutos, un ambicioso proyecto cinematográfico, organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación. “El cine es esencialmente una mirada y yo suelo definirlo como espejo de nuestro país y de nuestra identidad. Y nos parecía que era bueno tener una mirada libre, abierta, de quienes forman parte de la actividad cinematográfica argentina”, señala el secretario de Cultura, Jorge Coscia, sobre este proyecto que verá la luz a partir de hoy en 25 salas de la ciudad, otras tantas del conurbano bonaerense, en 50 del interior del país y en la red de Espacios Incaa. Es que 25 miradas/200 minutos está integrado por 25 cortos de ocho minutos de duración cada uno que realizaron grandes nombres del cine nacional que van desde Leonardo Favio a Lucrecia Martel, pasando por jóvenes como Celina Murga, Inés de Oliveira Cézar, Albertina Carri, Adrián Caetano y Pablo Trapero (estos dos últimos están concluyendo sus producciones).

“Como son cortos y no tienen una finalidad comercial sino esencialmente cultural, y como soy parte de la Unidad Ejecutora del Bicentenario, encaramos este proyecto desde Cultura”, relata Coscia, quien reconoce que no pudo ver todos los trabajos, pero que los que tuvo oportunidad de observar le gustaron mucho. “Me parecieron de una enorme diversidad, donde conviven la reflexión histórica con atrevimientos estéticos que me sorprendieron. De pronto, hubo algunas propuestas fuertemente ideológicas, aparece recurrentemente el tema de los derechos humanos. Y otro factor que apareció en algunos trabajos y que me pareció muy bueno fue el humor. Expresan la diversidad de nuestro cine”, destaca el funcionario y cineasta. Sobre la propuesta, el secretario aclara que apelaba a “una interpretación absolutamente libre. No se les propuso un acontecimiento histórico sino una mirada sobre lo que a cada director o directora les generaba el Bicentenario”. El trabajo concluido se verá próximamente también por Canal 7 y Encuentro, y el secretario de Cultura no descarta que se haga una proyección de todo el material junto, que insume más de tres horas. Vale recordar que algunos directores no pudieron formar parte del proyecto por compromisos previos: Juan José Campanella, Adolfo Aristarain, Luis Puenzo, Marcelo Piñeyro y Daniel Burman.

Cuando Lucrecia Martel recibió la propuesta de la Secretaría de Cultura de la Nación estaba realizando un trabajo en Chaco y en Corrientes. Fue entonces cuando le dieron ganas de filmar algo allí pensando que, a la vez, la historia tuviera una relación con el río. “Se me ocurrió una historia que vinculara esas cosas y que se relacionara de una manera un poco fantástica con el libro Argirópolis, de Domingo Faustino Sarmiento”, comenta la directora de La ciénaga. “Argirópolis es un libro que escribió Sarmiento en 1845. Allí propuso, para la Confederación que iban a integrar Paraguay, Uruguay y Argentina, una capital en la isla Juncal, en el Paraná. Ese libro lo escribió a poco de que fuera derrotado Rosas y fue una arenga a Urquiza para que encarase la reorganización de la Confederación.” Lo que a Martel le resultó muy atractivo de Argirópolis fue que “los intelectuales y hombres de la política de nuestro país hayan escrito un libro político proponiendo la construcción de un territorio, (en este caso la isla Juncal) como un lugar, de alguna manera de fantasía, para esa capital de la Confederación. Esa idea me resultaba muy atractiva y un poco jugué con eso”, comenta la directora. Su corto se llama Nueva Argirópolis y la referencia “es sencillamente a una isla donde se pueda refundar una especie de nación. En el caso de mi corto no es en la isla Juncal sino en las islas nuevas del Delta”.

Expectante por el estreno de Francia, que se concretará hoy, Adrián Caetano está ultimando los detalles de El héroe al que nadie quiso. “La idea ronda alrededor de dos niños de una escuela que tienen que hacer un trabajo práctico con una maqueta acerca de una batalla absolutamente desconocida en Argentina conocida como la batalla de Quebracho, donde hubo un solo muerto”, comenta el director de Pizza, birra, faso. Como los alumnos no encuentran ningún héroe debido a que no había ningún nombre conocido, “quieren que el héroe de su maqueta sea el muerto de la batalla”. Y tienen una disputa con la maestra, ya que ellos defienden a ese héroe frente a los que les enseñaron en la escuela. Caetano define su corto como “muy pacifista”, porque “los chicos consideran que la batalla de Quebracho fue mucho mejor que, por ejemplo, la de Maipú. Sostienen que la mejor batalla es aquella donde muere menos gente”, señala.

Lucía y Esteban Puenzo dirigieron el corto Más adelante. “La historia tiene como protagonista a un oligarca del campo (Luis Luque) que, a poco tiempo de que se celebre el primer centenario del país, le encarga a un director de cine que elabore una película para los festejos. Y ese director –que encarna Diego Peretti– imagina cómo va a ser la Argentina en 2010 desde el imaginario de 1910, que todavía es un imaginario futurista ligado con la maquinaria, los trenes, las bicicletas voladoras de los globos aerostáticos. Es como un imaginario retrofuturista”, define la hija de Luis Puenzo. Luego comienza una puja entre el oligarca y el cineasta, porque lo que el director imagina “no tiene nada que ver con el futuro que imaginan estos oligarcas que quieren vender otro modelo de país. Entonces, el corto se desarrolla a partir de la pelea de qué modelo de país se imagina para el futuro”, señala Puenzo.

Pavón se titula el trabajo de Celina Murga. Luego de que la convocaran, la cineasta decidió filmar en Entre Ríos. “Enseguida aparecieron cuestiones que me parecían históricamente centrales en la región. Básicamente, tienen que ver con las ideas de Urquiza, que resultan ineludibles”, afirma la directora de Una semana solos. Pero Murga también quería que su corto se desarrollara a partir del presente. Junto con Juan Villegas construyó una ficción que tiene que ver con “el encuentro de dos primos que tras la muerte de un familiar tienen que viajar a una aldea alemana de la zona para saber qué hacer con el almacén que quedó. A partir de ese viaje, se encuentran con unas fotos que fueron sacadas por un hombre que supuestamente conoció a Urquiza”. Murga agrega que “la batalla de Pavón es el elemento histórico que está cruzado con los elementos de ficción. A través de ese cruce, la idea es también hablar de los límites de la verdad histórica y la subjetividad a la hora de relatar un hecho”.

“Nos habían invitado a reflexionar sobre doscientos años de historia y yo tenía mucho deseo de hablar de la construcción de nuestro país a través de la violencia”, señala Sandra Gugliotta, directora de Posadas, un corto cuya trama transcurre durante la dictadura, más precisamente en 1978. “Es la historia de una mujer militante que tiene una hija de ocho años y que debe huir de la casa porque van a hacer un operativo en su domicilio. Entonces va buscando ayuda por distintos lugares pero no la encuentra y tiene que terminar escapando a Posadas para poder huir por la frontera”, relata la realizadora de Un día de suerte.

Pablo Fendrik elaboró Hija del sol y se inspiró “en una historia que leí en el diario sobre una mujer embarazada que cometió un asalto a una casa mientras todos los habitantes del barrio estaban en un acto escolar”, relata el joven cineasta sobre esta historia de acción y suspenso que tiene a Emme como protagonista y que sucede un 25 de Mayo. Sabrina Farji, en tanto, dirigió La voz. Para concretarla, trabajó con la actriz y cantante Elena Roger, quien entona estrofas del Himno Nacional que no se cantan más, con la idea de resignificarlas. “Hay toda una parte donde ella es una médium a la que se le van ‘colando’ distintas voces de personajes de la historia argentina. Es como una ensoñación pesadillesca, donde conviven las dos Argentinas y se ve un diálogo entre dicotomías tales como federales y unitarios, o la ciudad y el campo”, destaca Farji, quien define su trabajo como “poético y conceptual”. Alberto Lecchi, director de El abuelo, plantó su historia en 1983, ante la inminente asunción de Raúl Alfonsín. El corto tiene como protagonista a “un señor militante peronista bastante decepcionado. Si bien quiere la vuelta de la democracia, es bastante escéptico en cuanto a lo que puede pasar”, comenta Lecchi.

Las voces y los silencios (Carlos Sorín) es, según su director, un trabajo “totalmente conceptual”. Se divide en dos partes. En la primera, reflexionan Pacho O’Donnell y Carlos Altamirano. “Curiosamente, proveniendo de posiciones ideológicas diferentes, tienen una coincidencia que al final es totalmente imprevista”, asegura Sorín, quien comenta que O’Donnell hace más hincapié en el siglo XIX y Altamirano en el XX. “En la segunda parte, se muestran l as imágenes de veinte niños de distintas regiones del país (niños que trabajan en el campo, mapuches, kollas, wichís, etcétera) que miran a cámara en silencio, todo lo contrario de lo anterior, donde el sonido era lo importante”, reflexiona el experimentado cineasta que debutó hace décadas con La película del rey. “No es ficción ni tampoco documental: es un ensayo”, asegura Albertina Carri sobre Restos. “A partir de una cantidad de películas desaparecidas durante la dictadura hice una reflexión sobre ese período, la memoria y lo que significa heredar ese vacío de imágenes”, completa su idea la directora de Los rubios. “Es algo que vengo trabajando hace rato –agrega Carri–. Estas películas son un material que no se sabe dónde está, si se destruyó, si se perdió, si alguien lo tiene escondido, porque además las películas requieren un determinado cuidado.”

Juan Bautista Stagnaro reconoce que sus héroes son anónimos, pero en el caso de El espía, trabajó sobre la figura de San Martín. “Y me gustó recuperar el momento en el que todavía no era el prócer que llegó a ser, cuando regresó de España, y antes de la misión de organizar el Regimiento de Granaderos. Es decir, en ese intervalo que se produjo entre el regreso y la reunión que tuvo con el Primer Triunvirato, donde surgió básicamente la creación de un ejército profesional nuestro”, cuenta Stagnaro. Y la trama está concentrada “en una especie de interrogatorio que le hacen porque el personaje que nos devolvía España en 1812 era un oficial del Ejército Español que tenía toda la sospecha encima porque nada hacía suponer lo que hizo después San Martín”, confiesa Stagnaro.

“Me interesó trabajar sobre el tema de la intolerancia”, afirma Juan José Jusid, quien planteó una situación contemporánea que sucede durante el Bicentenario en un colegio público “donde se produce una disputa de cierta violencia entrealumnos. Era una buena manera de acercarse a algo contradictorio: una especie de fiesta o celebración de reencuentro, solidaridad e identidad nacional con algún tipo de enfrentamiento y de intolerancia entre sus habitantes”, reflexiona el director del corto, que se llama, precisamente, Intolerancia.

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Carlos Sorín, Celina Murga, Leonardo Favio y Lucrecia Martel, cuatro de los directores que participaron.
 
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