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Lunes, 5 de julio de 2010

CINE › URIEL SOKOLOWICZ PORTA ESTRENA SU DOCUMENTAL SWIFT, DOS SIGLOS BAJO EL MAR

Al rescate de un pasado sumergido

Director de cine y buzo, trabajó sobre una historia apasionante: el naufragio de la nave británica Swift, su hallazgo en 1981 y los recientes trabajos arqueológicos. Sokolowicz Porta no hizo un documental científico sino que buscó contar otra cosa: “El aspecto humano”.

¿Cuántas cosas pueden ocurrir bajo el agua durante dos siglos? Pocas, si no existen personas con la voluntad de sumergirse en los misterios del mar. Aunque no porte la fantasía de un cuento de Hans Christian Andersen, existe en las profundidades un universo paralelo, que se activa cuando se une con la pasión del hombre. El documental Swift, dos siglos bajo el mar, de Uriel Sokolowicz Porta, es la puerta de entrada a una de las historias más apasionantes que tuvieron lugar bajo el agua: la de la Swift, nave británica que naufragó en la Patagonia en 1770 y que, tras dos siglos de permanecer imperturbable, fue hallada en 1982 por iniciativa de un joven de dieciséis años. El film traza un recorrido histórico desde la etapa previa al hundimiento del barco hasta la actualidad con los trabajos arqueológicos, y lo teje con su eje: el deseo como motor de rescate de un pasado sumergido.

La historia es conocida: en 1770, la corbeta Swift partió de Puerto Egmont con 91 hombres. Las Malvinas eran foco de disputa entre ingleses, españoles y franceses; por eso se estima que el viaje pretendía la instalación de nuevos asentamientos británicos. Tras encallar en una roca, la embarcación se hundió. Sin embargo, la mayoría de la tripulación se salvó. Sólo tres hombres se perdieron en el mar. El cuerpo de uno de ellos, el cocinero, apareció flotando poco tiempo después. Y aquí comienza lo que parece un cuento: en 1975, el australiano Patrick Gower, descendiente del teniente del barco, visitó Puerto Deseado (Santa Cruz) con la información bajo el brazo. La historia quedó en el olvido hasta que, en 1981, Marcelo Rosas la escuchó en una clase de matemática. Formó un equipo de buzos y encontraron la nave al año siguiente. Desde hace más de diez años comenzó a trabajar un equipo de antropólogos que rescató numerosos objetos –todos van al Museo Municipal Mario Brozoski, así llamado en homenaje a un buzo que falleció luego del hallazgo– y, en 2006, el cuerpo de uno de los infantes de marina fallecidos.

Sokolowicz Porta llegó a esta historia –aún inconclusa, porque los arqueólogos continúan rastreando piezas y el cuerpo que falta– también movido por la pasión. “Desde pequeño me fascinó el mar. Siempre me dediqué al buceo profesional. Escuché hablar de la Swift cuando encontré un librito a los catorce años y lo guardé por mucho tiempo”, cuenta a Página/12. Combinó ese amor con el afán de contar historias que tienen lugar bajo el mar, ya que se dedica a la realización de documentales que incluyen la filmación subacuática. Swift, dos siglos bajo el mar tuvo como punto de partida el contacto con el equipo de científicos en 2005, con la intención de crear un banco de imágenes. “Podríamos haber hecho un documental netamente científico”, expresa. Sin embargo, al adentrarse en la historia, el director buscó contar otra cosa: “El aspecto humano, cómo se relacionaron las personas respecto de la Swift”.

“Finalmente, eso es lo que me inclinó a contar la historia. Me hubiera gustado ser Rosas a los dieciséis años y encontrar un barco, ser arqueólogo o ir a un pueblo totalmente desconocido para investigar la historia de mi familia como Gower”, destaca Sokolowicz Porta. En el documental conviven diferentes aristas: el aspecto histórico, con una voz en off que comenta ilustraciones; la anécdota de Rosas, que se vuelve ficción a cargo del actor Diego Segura; la de Gower, testimonio que el documental ofrece como novedad; y las tareas arqueológicas. “Están todas las patas de la historia contemporánea de la Swift”, se entusiasma el director. Ciertamente, es notable la variedad de testimonios, entre buzos encabezados por Rosas y científicos que trabajan actualmente (en el marco del Programa de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano).

Como particularidad del documental, Sokolowicz Porta destaca la filmación subacuática, que permite ver a los arqueólogos recuperando objetos de los más variados, en excelente estado de conservación por las particularidades del hundimiento del barco. “Hubo varios intentos de otras productoras de hacer documentales sobre la Swift, pero no lo lograron. Es que filmar ahí no es fácil: hay muy poca visibilidad. Hace poco vino un grupo de la National Geographic, y un fotógrafo se fue muy descontento al comparar sus imágenes con las nuestras. Pero él había estado entre tres y ocho días. Las claves son tiempo, paciencia y acompañar”, explica. Todavía, el director –que trabaja junto con su esposa– y los arqueólogos siguen en contacto. “Mi tarea no termina con el documental. Así como los acompañamos durante cuatro años, nos interesa seguir con ellos en el proceso de descubrimiento.”

En su abordaje sobre la historia, hay una veta que el documental excluye: la política. La Swift fue un símbolo del dominio inglés en las Malvinas. “Está clara la posición que uno tiene sobre las islas. Quisimos abordar el tema con objetividad”, explica el director. Queda claro que las intenciones del documental pasan por otro lado. Una de ellas es revalorizar el patrimonio subacuático argentino. “Hay olvido y desconocimiento de la rica historia que tiene la Argentina en su costa. No sólo hubo naufragios sino también barcos que pasaron y son históricos”, explica. Mostrar a los arqueólogos en acción era otro objetivo del documental. “Es una prueba más de que el patrimonio está olvidado, porque eso generó que surja este grupo de arqueólogos subacuáticos. Hay muchos trabajando en tierra, pero ellos se especializaron en esto que era desconocido”, explica Sokolowicz Porta.

Lo que vincula el trabajo de los buzos que dieron en los ’80 el puntapié inicial con el de los científicos que trabajaron hasta hoy es un objetivo. “Los chicos que encontraron el barco tenían la idea de proteger el patrimonio cultural. Es distinto a lo que pasa en todos los lugares del mundo, donde se busca un barco, se encuentran monedas de oro y a otra cosa”, concluye. Y sí, parece digno de una historia fantástica: quien volvió a abrir las páginas de un libro cerrado fue un adolescente que, como los que le siguieron en la misión, consideró que el verdadero tesoro estaba en desentrañar los misterios que el mar tiene para contar.

* Swift, dos siglos bajo el mar se estrena este jueves en Gaumont, Espacio Incaa, Rivadavia 1635.

Entrevista: María Daniela Yaccar.

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“Me hubiera gustado encontrar un barco”, sostiene Sokolowicz Porta.
Imagen: Bernardino Avila
 
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