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Domingo, 28 de noviembre de 2010

CINE › LA INDUSTRIA ANGLOSAJONA DEL ESPECTACULO ANTE UN FUTURO INCIERTO

¿Hay vida después de Harry Potter?

Gracias al niño mago, Gran Bretaña tiene a dos nuevas estrellas del cine internacional, Daniel Radcliffe y Emma Watson. Y la saga creada por J. K. Rowling le dio de comer a toda la industria por más de una década. Pero y ahora, ante el final, ¿qué?

 Por Geoffrey Macnab *

Tener a Harry Potter en formación permanente ayudó a desarrollar toda una infraestructura en la industria cinematográfica.

Para el público, las películas de Harry Potter son emocionantes aventuras fantásticas que llegan cada uno o dos años. Los chicos y los adultos siempre están dispuestos a subirse al Hogwarts Express. Incluso los críticos están generalmente bien predispuestos frente a los films, que combinan varias líneas de guión, efectos especiales sumamente inventivos y buenas performances de los personajes. Pero para la industria cinematográfica británica, las películas de Harry Potter tienen un significado aún más serio. La franquicia puede estar en manos de un estudio estadounidense (Warner Bros), pero no puede subestimarse su efecto transformador en el panorama del cine inglés. De manera predecible, la última película trepó directo al primer lugar de la recaudación en taquilla. Desde que la primera aventura, Harry Potter y la piedra filosofal, comenzó a filmarse en los estudios Leavesden hace exactamente diez años, el pibe de los anteojos les ha provisto a los actores, técnicos, productoras de efectos especiales, publicistas y exhibidores británicos una larga y productiva bonanza.

Las estadísticas asombran. El título anterior, Harry Potter y el Príncipe Mestizo, recaudó en 2009 más de 900 millones a nivel mundial. Sus predecesoras consiguieron número similares. Se calcula que las primeras seis películas totalizaron más de 5400 millones en la taquilla internacional: todas esas películas se hicieron en Watford, Inglaterra. Algunos analistas se enfurecen ante el hábito de señalar que películas como Harry Potter, Inception y Batman, el Caballero de la Noche son británicas, cuando las compañías que las realizan (y se llevan la mayoría de los dividendos) tienen su base en Burbank, California. De cualquier manera, buena parte de las fuerzas creativas clave detrás de esas películas fueron británicas y generaron inmensos aportes de inversión en el Reino Unido.

Gracias a Harry Potter, Gran Bretaña tiene a dos nuevas estrellas del cine internacional, Daniel Radcliffe y Emma Watson. Radcliffe ya es suficientemente grande como para encabezar los créditos de una nueva película no-Potter, la inminente Woman in Black. Watson es una favorita de los paparazzi que recientemente le dijo a la revista Vogue que llegó a sentirse “enferma de los nervios” cuando tuvo una conversación sobre el dinero con su padre y se dio cuenta de que su tajada de la torta de Hogwarts podría ascender a 20 millones de libras.

Del mismo modo, las productoras de efectos especiales inglesas han conseguido grandes dividendos de las versiones de los libros de J. K. Rowling para la gran pantalla. Double Negative, una empresa con sede en el Soho londinense que provee a las películas de varios de sus efectos, ha prosperado notoriamente: es la responsable de escenas tan impactantes como el ataque los mortífagos de Voldemort en el Puente del Milenio que aparece en El Príncipe Mestizo. “La franquicia de Harry Potter y el apoyo de Warner Brothers es una de las piedras fundamentales en las que se basa la industria británica de los efectos especiales”, dice Alex Hope, uno de los directores de Double Negative. “En los últimos diez años en que las compañías británicas trabajaron para la franquicia, el Reino Unido se fue convirtiendo en un líder mundial en el campo de los efectos.” Empresas rivales como Cinesite y Framestore incluso desarrollaron nuevas herramientas digitales especialmente para Potter. Tener a Harry Potter en formación permanente ayudó a de-sarrollar toda una infraestructura de cinematografía.

El espaldarazo para el turismo también fue evidente desde el comienzo. Ahora hay tours especiales de Harry Potter que permiten a los visitantes extranjeros seguir los pasos del niño mago. Es que las películas a menudo visitan sitios británicos clave, como la catedral de St. Paul y el castillo Alnwick. Potter fue recibido con entusiasmo en las escuelas privadas, aunque puede sospecharse que, en el actual clima económico, se necesitará algo más que la magia de Hogwarts para que los números cuadren allí.

“Harry Potter ha tenido un efecto fenomenal en la industria cinematográfica inglesa”, dice Adrian Wootton, jefe ejecutivo de Film London. “Por un lado está el volumen de gente a la que dio empleo por más de una década. Harry Potter le proporcionó a Warner un anclaje para traer otras producciones al país, y sirvió para promocionar la industria inglesa en otros estudios.

Pero la mayoría de las cosas buenas –incluyendo las franquicias de cine– llegan a un final tarde o temprano. Los ingleses siempre supieron que el ciclo Harry Potter era finito. A diferencia de la serie James Bond, que parece capaz de una reinvención permanente más allá de cuántos libros haya escrito realmente Ian Fleming, las historias de Hogwarts no podrán ser contadas en la pantalla de manera indefinida. Los niños actores Daniel Radcliffe y Emma Watson ya son jóvenes adultos. No pueden quedarse por siempre en Neverland. Cuando en julio de 2011 se estrene Harry Potter y las Reliquias de la Muerte parte 2, será el fin de la serie.

Desde hace algunos años, los observadores de la industria cinematográfica británica vienen preguntándose con ansiedad qué sucederá cuando la serie Potter se termine. En el mundo del cine, el éxito puede olvidarse rápidamente. Peter Jackson puede estar preparándose para rodar El Hobbit en Nueva Zelanda pero New Line Cinema, la compañía detrás de El Señor de los Anillos, dejó de ser independiente hace tiempo. A los distribuidores y el público no les importa dónde se hacen las películas. La semana pasada, en el American Film Market en Santa Monica, Harry Potter ya empezó a ser percibido como algo del pasado. A pesar de los grandes posters de la nueva película que podían verse en toda la ciudad, el foco se ha movido. Se predice que la próxima gran cosa será The Hunger Games, una nueva franquicia que Lionsgate está empezando a adaptar de una serie de novelas de ciencia ficción para chicos escrita por Suzanne Collins. Gary Ross (de Seabiscuit/Alma de héroes) será quien dirija al menos la primera de una trilogía y es casi seguro que no se filmará en el Reino Unido.

Además, en las islas aún está candente el recuerdo de La brújula dorada: la adaptación de Chris Weitz sobre las novelas de Philip Pullman fue lanzada con grandes fanfarrias en 2007. La película, filmada en Shepperton y posproducida en el Soho, fue celebrada como la plataforma perfecta para mostrar la experiencia de la cinematografía inglesa. La esperanza era que las novelas Dark Materials de Pullman fueran una franquicia que rivalizara con Harry Potter. Pero la secuela nunca se realizó. Algo similar había sucedido en 2006 con Alex Ryder: operación Stormbreaker, otro fallido intento de construir una nueva marca sobre el molde Potter. Gracias a los problemas en Metro Goldwyn Mayer, la próxima película de James Bond es aún una promesa para el futuro. Sin Bond, sin Potter, todo se parece al panorama apocalíptico que la industria inglesa temía. Una caída en la inversión parece inevitable y crece la perspectiva de actrices y actores de gran carácter enfrentados al desempleo.

De todos modos, hay indicios de que quizá no sea tan difícil ajustarse al mundo pos Harry Potter. La semana pasada, en lo que fue un fuerte impulso de esperanza tras los trastornos de los últimos meses, Warner Bros anunció que implantará una base permanente de operaciones en Leavesden, y que destinará millones a mejorar los estudios. Los temores a que Warner se fuera del país una vez que terminara con Hogwarts parecen fuera de lugar: ¿por qué Warner invertiría tanto, si no es para seguir produciendo en Inglaterra?

En estos días, los estudios británicos están atestados. Martin Scorsese pasará meses en el país, filmando su película para niños en 3D Hugo Cabret. Otras grandes películas de Hollywood, desde el próximo episodio de Piratas del Caribe a Captain America: The First Avenger, se realizarán en estudios ingleses. Y aún cuando dejen de producirse películas, Harry Potter no será olvidado. En Florida acaba de abrir The Wizarding World of Harry Potter, un nuevo parque temático; hay esperanzas de que se realice un emprendimiento similar en Leavesden. Un argumento muy persuasivo es que el pibe de Hogwarts ha hecho por la industria tanto como quienes conducen el Concejo del cine británico desde 2000.

En los últimos meses hubo una profunda sorpresa cuando se supo que, gracias a prácticas contables de Hollywood dignas de Hogwarts, Harry Potter y la Orden del Fénix aún no produjo beneficios, a pesar de haber recaudado cerca de 1000 millones de dólares a nivel mundial. Eso no quiere decir que haya sido un fracaso, sino que tiene más que ver con el hábito tan extendido en Hollywood de cargar toda clase de costos a una producción, tanto que no terminan apareciendo beneficios. Todos saben que ésta ha sido una de las franquicias más exitosas en la historia de Hollywood. Y cuanto más exitosa se fue convirtiendo con el correr de los años, mejor vidriera fue para la industria británica. Hoy, la gran pregunta es si esa industria podrá seguir prosperando sin Harry Potter como su muleta preferida.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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