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Miércoles, 13 de abril de 2011

CINE › EL ESTUDIANTE Y AT ELLEN’S AGE, DOS FILMS INMEJORABLES

Gran nivel en la competencia

La primera película en solitario del argentino Santiago Mitre analiza el modo en que funciona la política, desde adentro y en detalle. La de la alemana Pia Marais aborda la incertidumbre reemplazando el mundo de lo conocido, con una azafata como protagonista.

 Por Horacio Bernades

¿Puede hacerse con la política una película que no sea un thriller, una bajada de línea, una mera herramienta al servicio de determinado proyecto? Sí, puede analizarse el modo en que funciona, desde adentro y en detalle, como si fuera un organismo desconocido. Es lo que hace Santiago Mitre en El estudiante, segunda de las películas argentinas que el 13º Bafici presenta en Competencia Internacional. Uno de los cuatro directores del film colectivo El amor (primera parte) (2004) y coguionista de las últimas de Pablo Trapero, Mitre, en su primera película en solitario, muestra a un cineasta que, desde la propia concepción hasta el último detalle de puesta en escena, da la impresión de tomar siempre las decisiones más acertadas. El objeto que estudia El estudiante no es la política en general, sino la universitaria. Desplazamiento hábil, en tanto permite un trabajo de microscopía, una reducción a escala que permite aludir a la política mayor sin quedar pegada ella. Junto con El estudiante, la Competencia Internacional presenta también At Ellen’s Age, que narra, como mucho del reciente y mejor cine alemán, la historia de un extravío.

Coproducida y coescrita por Mariano Llinás (que ya había estado detrás de El amor), El estudiante narra el no tan irresistible ascenso de un muchacho del interior en el mundo de la política universitaria. Tratándose del mundo que se trata, es casi de Perogrullo que la fábula de El estudiante sea, a la larga, la de la pérdida de la inocencia. Pero –primer signo de inteligencia por parte de Mitre/Llinás– el muy resuelto y astuto Roque Espinoza (Esteban Lamothe, confirmándose como actor esencial de su generación) no responde en absoluto al estereotipo del pajuerano. Muestra, por el contrario, todas las cualidades de un animal político. Tan rápido en términos políticos como sexuales, Roque se acerca a una organización estudiantil por seguir a una linda profe (la escritora, teatrista y actriz Romina Paula, magnífica), pero termina militando porque la cosa le gusta. Una primera manipulación, cuando usa a un enemigo político para vengarse de otro, demuestra que no sólo le gusta, sino que tiene lo que hay que tener. Así lo advierte un viejo lobo de la política universitaria, que lo elige como brazo derecho. Pero, claro, ya se sabe, en ese juego se quema o se sale quemado.

Está claro que para Mitre/Llinás la política no es el reino de los ideales, pero tampoco el del demonio. Es, antes que nada, una práctica, y el hecho de que en ella haya más lugar para transas y traiciones que para ingenuidades o falsos humanismos no los lleva a abjurar de ella. Lo que hace Mitre es un trabajo de análisis, semejante al que Pablo Trapero practicaba en relación con la policía en El bonaerense, a la que El estudiante recuerda vivamente (de hecho, Trapero es coproductor aquí). Filmada en HD digital, con un notable trabajo de cámara y una puesta en escena que jamás deja de fluir, sin una sola nota falsa por parte de un elenco enorme, El estudiante es la clase de ópera prima que no lo parece, de tan sólida, redonda y lúcida.

De la realizadora alemana Pia Marais se había conocido, en una edición anterior del Bafici, The Unpolished, que giraba alrededor de la falta de certezas de una adolescente. No hay más que sumarle unos años para obtener At Ellen’s Age, donde una azafata pierde –de golpe, y del modo más impactante– trabajo y pareja. Desde entonces, inicia un viaje a lo desconocido que no por nada la lleva al corazón de Africa, donde circulará como mareada entre habitaciones de hotel, compañías eventuales, algo de sexo casual, animales salvajes en libertad y niños-guerrilleros.

La incertidumbre reemplazando al mundo de lo conocido es una de las obsesiones más (y mejor) trabajadas por el más reciente cine alemán, como sin ir más lejos lo demuestra la inquietante Sleeping Sickness, que puede verse en la sección Panorama del Bafici. Con una cámara que no le pierde pisada durante toda la película, la actriz francesa Jeanne Balibar (vista en La comedia de la inocencia, de Raúl Ruiz, y Va savoir, de Jacques Rivette) es aquí la encargada de comunicar esa sensación. Lo hace inmejorablemente.

* El estudiante se verá mañana a las 17 en el Hoyts 11 y el domingo a las 21.15, en el Teatro 25 de Mayo. At Ellen’s Age, hoy a las 17 en el Hoyts 9 y el jueves a las 22, en el Cosmos UBA.

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En El estudiante, la política no es el reino de los ideales, pero tampoco el del demonio.
 
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