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Sábado, 26 de noviembre de 2011

CINE › MAñANA, CON PAGINA/12, SE PUBLICARA EL DOCUMENTAL AWKA LIWEN

“Nos agreden porque no tienen cómo rebatirnos”

La película guionada por Osvaldo Bayer y dirigida por Mariano Aiello y Kristina Hille muestra la cadena de acciones que desde el siglo XIX llevaron adelante las elites para sostener una estructura social injusta.

 Por Facundo García

Hay un hilo conductor entre la Campaña del Desierto, los fusilamientos de peones en la Patagonia y las recientes muertes de militantes sociales como Mariano y Christian Ferreyra. Awka Liwen –la película guionada por Osvaldo Bayer y dirigida por Mariano Aiello y Kristina Hille– intenta desenredarlo. El documental que acompañará a Página/12 mañana como compra opcional repasa no ya un hecho puntual de la historia argentina, sino la cadena de acciones que desde el siglo XIX llevaron adelante las clases acomodadas del país para sostener una estructura social injusta y una cultura de la violencia.

Genocidio cotidiano

El mismo Bayer sintetizó el objetivo del proyecto durante un preestreno en la Biblioteca Nacional: “Aquí tratamos de explicar en una hora y media qué fue lo que se hizo con aquel admirable pensamiento de Mayo, que aspiraba a abolir la esclavitud y a una sociedad más igualitaria”, dijo. La oligarquía vació aquellos sueños de libertad, por eso el documental parte de una afirmación contundente: en la Argentina se elaboró –de arriba hacia abajo– un “sentido común” en favor del genocidio. Claro que corren nuevos vientos. En efecto, Awka Liwen significa “rebelde amanecer” en mapudungún, la lengua del pueblo mapuche. Y tan subversiva es la luz de las revelaciones que jalonan esos ochenta minutos –sobre la base de documentos históricos y testimonios– que ya se armó revuelo en los cenáculos donde reinan el doble apellido y los abolengos, e incluso hay una demanda legal en curso (ver aparte).

Por lo demás, el trato que se les ha dado históricamente a “indios”, “cabecitas” y “villeros” –rótulos para segregar a quienes no se acomodaban al ideal étnico de los saqueadores– le incumbe a la mayoría de los argentinos. En el film se cita un estudio del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires en el que se estima que el 63,1 por ciento de la población local tiene ascendencia amerindia. “O sea que la gran mayoría de nosotros tiene sangre de esos hermanos, aunque tal vez lo ignore”, comenta el director Mariano Aiello. “La propuesta, entonces, es ver por qué no nos habíamos enterado antes; a dónde fueron a parar esas raíces. No con la intención de bajar línea. Cada ciudadano –mediante lecturas y el contraste de fuentes historiográficas– debería poder cultivar su propio criterio, sin censuras”, define.

¿Qué tiene que ver todo eso con el presente nacional? Demasiado. Awka Liwen muestra cómo la apropiación de tierras en beneficio de una elite que tiraba manteca al techo se enlaza con el autoritarismo de la última dictadura militar y con la ola neoliberal de los noventa. Esa red, desde luego, no podría haberse tendido sin penetrar en las cavidades de la vida cotidiana. Bayer afirma: “Diariamente vemos las consecuencias de aquel despojo. Se siguen usando, por ejemplo, argumentos lombrosianos para evaluar quién puede ser delincuente y quién no. Según esta visión, habría ciertos fenotipos correspondientes al ‘ser criminal’; y aun cuando esta teoría de la ‘portación de cara’ está desacreditada y sirvió como argumento para los regímenes más terribles de la humanidad, sale a flote cada vez que se demora y persigue a indígenas y mestizos, más sospechosos para la policía que los descendientes de europeos”.

Del exterminio que planificó la Sociedad Rural –presidida en aquel tiempo por el avergonzante José Toribio Martínez de Hoz, bisabuelo del ex ministro de Economía– a los festejos que Videla, Massera y Agosti hicieron a propósito del primer centenario de las expediciones militares más agresivas de la llamada Campaña del Desierto, se despliega una trama que no cuesta seguir hasta el conflicto agropecuario que estalló en 2008. Es más: el contexto del lockout sojero le dio impulso definitivo a la idea original de los realizadores. “Ahí, durante el paro ‘del campo`, nosotros sentimos la urgencia de armar un largometraje que exhibiera de manera didáctica y documentada de dónde venían ciertos planteos patronales, así como las razones del apoyo que la protesta tuvo entre las clases medias urbanas. Nos tomó tres años de análisis y mucho esfuerzo, pero lo logramos”, recapitula Aiello.

El afiche que hizo Rep ilustra perfectamente el espíritu de la película. Se ve a Bayer regando un jardín de flores. Las plantas crecen y les disputan protagonismo a la estatua de un militar y a una iglesia. De agresión, nada. Pura defensa de la vida. Es que a sus ochenta y cuatro años, el investigador consiguió que Awka Liwen no se quede en la denuncia. “La meta es que el siglo que nace traiga otra nación, en la que no nos resignemos a la pobreza, al racismo ni a la desigualdad”, opina él.

La voluntad de llegar a un público amplio late en cada fotograma, a través de dibujos, diálogos y pinceladas de humor. Con un mérito adicional: Awka Liwen no hace concesiones. Hay palos para los militares, pero el peronismo también liga y otro tanto ocurre con el resto de las fuerzas políticas que alguna vez coquetearon con el poder. Hay material de archivo nunca antes exhibido, y entrevistas a los historiadores Felipe Pigna y Norberto Galasso, al biólogo Alberto Kornblitt y a las comunidades kollas de San Isidro e Iruya, wichi y chorote de Misión La Paz, tupí guaraní de Capiazuty, y mapuche de Cushamen, entre otros. Un mosaico de verdades para rebatir las mentiras monolíticas.

El peso de la verdad

“Hoy reparto de indios. A toda familia que requiera se le entregará un varón como peón, una china como sirvienta o un chinito como mandadero.” El aviso aparece en los primeros minutos del film y pertenece a un periódico de fines del siglo XIX. “Hemos ido reuniendo una gran cantidad de pruebas como ésa, que dan por tierra con la versión liberal de la historia”, apunta Bayer.

Abre carpetas, despliega diarios, señala libros. Sabe que la discusión está a flor de piel. Tanto, que el pasado 2 de octubre Mariano Grondona publicó una nota titulada “La demonización de Roca y el olvido de Sarmiento”, en la que pintaba un retrato casi billikeniano de ambos. En respuesta, el autor de Los vengadores de la Patagonia trágica le sugirió consultar evidencias que integran el corpus en que se basa Awka Liwen: “A Grondona lo invitaría a leer La Nación, cuando transcribe una crónica llamada ‘Sesenta indios fusilados’, del 16 de noviembre de 1878; y el editorial ‘Impunidad’, del 17 de noviembre de ese año, donde quedan claros la crueldad y el crimen que se cometía con los prisioneros que se tomaban. Todo esto está en el profundo trabajo de Diana Lenton en ‘Cuestión de indios’, publicado en el libro Historia de la crueldad argentina (2006, Buenos Aires, Ediciones CCC)”.

Sacar estos trapitos al sol no es fácil. El cineasta Mariano Aiello avisa que –aunque no puede identificar quién o quiénes lo acosan– ha recibido amenazas de muerte tras el estreno. “Después de uno de los primeros premios que ganamos, en el Festival Internacional de Cine Político, me dejaron en el contestador un mensaje desde un número desconocido. La voz decía ‘cuidate’, y lo repetía seis veces”, relata. Otro día lo citaron a un bar para “mostrarle un guión”. Cuando empezó a leer, el texto era acerca de un cineasta que se mete a investigar asuntos complicados y termina muerto. “No conocía al tipo que me dio esos papeles –informa Aiello–. El me pedía, sin embargo, que los leyera rápido. Me preguntó si tenía hijos y si no sentía miedo por ellos. Así que quiero decir que si algo nos pasa a nosotros o a nuestras familias, sabremos por dónde comenzar las pesquisas.”

Para Bayer, estas agresiones son fruto de la impotencia ante el peso de la verdad. “Es que no tienen cómo rebatirnos. Suponiendo que uno optara por mentir en Awka Liwen, vendría otro historiador con mejores argumentos y contradiría cada información. Siempre hacen lo mismo. Cuando yo abordé el tema de las huelgas patagónicas –y acusé a oficiales, estancieros y políticos–, desafié a todos los historiadores militares y del partido radical a un debate público en el aula magna de la Facultad de Filosofía. No vino ninguno”, recuerda el maestro. Tarde o temprano la ética triunfa.

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Osvaldo Bayer y Mariano Aiello trabajaron sobre la base de documentos históricos y testimonios reveladores.
Imagen: Arnaldo Pampillon
 
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