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Jueves, 22 de diciembre de 2011

CINE › MAXIMILIANO GERSCOVICH PRESENTA STEPHANIE EN LA PLATAFORMA HD DE CUEVANA

“El medio ya no es la pantalla”

Siete años después de su rodaje, la ópera prima del director salteará todas las ventanas convencionales para convertirse en la primera película nacional a estrenarse directamente en el sitio de streaming on-line. “Hay una necesidad de aggiornamiento”, dice Gerscovich.

 Por Ezequiel Boetti

Toda película tiene una carga más o menos manifiesta de las temáticas sociales, políticas o culturales circundantes a su producción. Stephanie va por más adosándole a esa característica la particularidad de su plataforma de exhibición. Es que la ópera prima de Maximiliano Gerscovich salteará todas las ventanas convencionales para convertirse en la primera película nacional a estrenarse directamente en la plataforma HD de Cuevana. De esta forma, bastará con un par de click en el popularísimo –y polémico, claro– sitio de streaming on-line para ver, de forma libre y gratuita, la historia de un relato amoroso surgido en una noche de poker entre cinco amigos. “La verdad es que se nos abrieron las puertas del cielo. Stephanie pasó de estar literalmente en un cajón a un lugar con mucha visibilidad”, resume el realizador. El film también estará disponible en www.stephaniefilm.com

El estreno 2.0 es producto de una sucesión de situaciones. El primero data de hace casi una década, cuando el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) declaró a Stephanie como un proyecto Sin interés para el otorgamiento de subsidios. “Igual decidimos darle para adelante por voluntad del productor Fernando Baserga”, comenta. Así fue que finalmente se rodó, durante ocho días de noviembre y diciembre de 2004, esta historia protagonizada por Antonio Birabent, Soledad Fandiño y los jovencísimos Juan Minujín y Carlos Echevarría, a años luz de Vaquero y Ausente, respectivamente. “La idea era hacer un planteamiento formal para darle una vuelta al relato en off. En este caso se trata de un personaje (Birabent) que cuenta una historia ilustrada desde el punto de vista de los oyentes. Es decir que los otros personajes van imaginando los distintos ambientes y situaciones y el único que permanece igual es el narrador. El cuenta el encuentro de una compañera de primaria interpretada por cuatro actrices distintas según quien la imagine”, resume Gerscovich, director del cortometraje El encuentro, visto en el primer Bafici.

Luego del rodaje fugaz y algunos premios internacionales, entre ellos el de Mejor Director en el Festival Internacional de Cine y Video Independiente de Nueva York, comenzó el largo batallar con exhibidores y distribuidores. “Es muy difícil hacer cine por fuera del Incaa. Sin el subsidio y la calificación no te da pelota nadie. La verdad es que tuve experiencias muy desagradables. No con todos porque con muchos el trato fue normal. Nadie pensaba que era obligatorio tomar Stephanie, pero el maltrato era otra cosa. Ese fue el sabor más amargo que me dejó: la cuestión humana”, dispara. Varios años y decenas de ideas desechadas después, este montajista egresado de la Enerc vio una posibilidad de difusión en el modelo de explotación artística de bandas musicales independientes. Esto es, armar un sitio web amable para luego subir material y que el público interesado acceda a verlo o descargarlo. “La gente que armó nuestra página nos contactó con los chicos de Cuevana. A su creador, Tomás Escobar, le interesó dar el primer paso para empezar a difundir cine independiente, obviamente con la anuencia de directores o productores.”

–En una entrevista dijo que Cuevana fue “su único amigo”. ¿Eso se relaciona con la hostilidad que mencionaba antes?

–Absolutamente. Me parece que la aproximación de Tomás está totalmente libre de todos los prejuicios del medio. No digo que yo no los tenga porque sería mentira, pero por ejemplo uno de los chicos de Cuevana estudia cine, la vio y Tomás tuvo la actitud de preguntarle qué le parecía. En cambio antes, en los mejores casos, era directamente “no”, y en los peores ni siquiera contestaban las llamadas o los mails. Me jodió mucho porque me acerqué personalmente. Yo fui el cadete de mi película y la hostilidad era manifiesta. Y esto me parece un terreno realmente libre de todas esas contaminaciones.

–Pero es un terreno que un gran sector de la industria cataloga como ilegal. ¿Cómo se lleva con esa idea?

–Hay una parte de eso que me encanta. No me voy a meter en una discusión legal porque no soy abogado ni manejo esos términos, pero me parece que es realmente muy auspicioso que aparezca el tema. Primero porque la tecnología existe, y cuando existe el ser humano la usa: no hay cosas que vayan en contra de un descubrimiento, como por ejemplo una rueda cuadrada. E Internet es una ventana a todo, incluso al pasado. Y en este caso Cuevana es una ventana al futuro.

–¿Cree que es posible desarrollar un modelo audiovisual que considere directamente al strea-ming gratuito como su plataforma de exhibición, saltándose la salida en salas?

–Posible no; es necesario. A nivel personal ése es el objetivo que tengo para el año que viene. Antes pensaba formar una productora pero esto me cambió la cabeza. Ahora apuntaré a que el medio ya no es la pantalla, la butaca y el espectador contemplando. Esa es una herencia de lo pictórico. Esto es nuevo. Probablemente tenga que ver más con los videojuegos y la interacción, y voy tratar de descubrir nuevas herramientas narrativas. El desafío es encontrar, como a principios del siglo XX, formas de lenguaje.

–Hasta ahora habló de cine en su versión netamente artística.

–¿Qué ocurre con el cine como industria?

–Es una pregunta que la tendrían que contemplar sobre todo los productores. Sé que muchos de ellos tienen la cabeza suficiente para empezar a analizarlo y no refugiarse solamente en lo que se hizo hasta acá. Tendrá que entrar en la Ley de Cine, que para muchas cosas considera sólo los estrenos en 35 mm. Hay una necesidad absoluta de aggiornamiento y desde el punto de vista del negocio habrá que encontrar un modelo que permita un cierto nivel de producción porque los trabajos demasiados aficionados pueden no resultar atractivos para el espectador. Creo que hay posibilidades comerciales para que todo cuadre en un formato rendidor. No digo que sea súper redituable, pero estoy convencido de que se puede laburar pensando en tener cierta rentabilidad.

–¿Teme por las reacciones de sus colegas?

–No, para nada. En términos estructurales no estoy afiliado a ninguna entidad porque tengo discrepancias con todas. Pero me encantaría que hubiese un intercambio. Serían muy bienvenidas las críticas de directores establecidos que trabajen con el Instituto y con sus propias productoras. Hay un montón de modelos alternativos y lo único que no tenemos que hacer es no hablar ni debatir. Después, para mí, son absolutamente contemplables todas las posiciones y los puntos de vista. Para nosotros esto no es comercial porque Fernando (Baserga) no va a recibir un centavo. Sí cumple una de las funciones de todo arte, que es que lo vea la gente. La retribución pasa por ese lado, que tenga repercusión y que se comente.

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“Voy a tratar de descubrir nuevas herramientas narrativas. El desafío es encontrar formas de lenguaje.”
Imagen: Jorge Larrosa
 
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