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Martes, 21 de febrero de 2012

CINE › EL CINEASTA SEBASTIáN BORENSZTEIN HABLA DEL GOYA GANADO POR UN CUENTO CHINO

“Trataba de no hacerme ilusiones”

El director de la película galardonada dice que los premios guardan un margen de imprevisibilidad y que “no había nada que yo pudiera hacer, salvo verlos por tele”. Su film ya había arrasado con las distinciones otorgadas por la Academia Argentina de Cine.

 Por Horacio Bernades

“La verdad es que no tenía ninguna expectativa, ni por sí ni por no”, asegura Sebastián Borensztein del otro lado del teléfono, refiriéndose al Goya a Mejor Película Iberoamericana 2011 que su película Un cuento chino ganó en España el domingo pasado. Por una vez la frase no suena a fórmula de compromiso, a prescindencia impostada: la cordura, la serenidad, la falta de histerias que Borensztein transmite a través de la línea invitan a creer que el hombre dice la verdad. “En situaciones como éstas trato de no hacerme ilusiones, porque sé que todo premio entraña siempre un margen de imprevisibilidad”, dice el hijo mayor de Tato Bores. “Desde ya que me encanta ganar un premio como éste, y soy consciente del valor que tiene. Pero que la película gane o no gane no depende de mí sino de otros, así que donde trato de poner expectativas es en el trabajo. Ahí sí, que me vaya bien o no es producto de lo que yo haga o deje de hacer. Acá no había nada que pudiera hacer, salvo verlo por tele.”

La calma de Borensztein tal vez tenga que ver también con que el Goya ganado por Un cuento chino no parece ser una suerte de manotazo salvador sino, por el contrario, una nueva confirmación de que algo tiene que tener una película que arrasó ya con los premios otorgados por la Academia Argentina de Cine, en diciembre pasado (se llevó ocho) y que con casi un millón de espectadores fue, además, la argentina más vista del 2011. Todo un salto con respecto a La suerte está echada, ópera prima de Borensztein, que habiendo sido bien recibida por la crítica tuvo, en el momento de su estreno, una respuesta bastante menor en términos de público. “No llegó a armarse un boca en boca, porque tuvo un lanzamiento modesto y salió casi al mismo tiempo que películas muy fuertes, como Iluminados por el fuego y El aura. Pero después, cuando se editó en video, tuvo bastante repercusión”, aclara Borensztein.

–¿Qué pasó que el domingo no se hizo presente en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid?

–Pasa que como tantos directores de cine, vivo de la publicidad, y para estos días me había comprometido a cumplir un contrato. Hay que tener en cuenta que las nominaciones se conocieron hace sólo 25 días, y para ese momento ya había dado mi palabra.

–¿Siguió la entrega por la tele?

–Sí.

–¿Se sorprendió cuando el propio Ricardo Darín anunció el premio?

–Sí, porque como le digo, no me había hecho ningún pálpito.

–¿Por falta de confianza?

–No, para nada. Es sólo que trato de no adelantar ningún pronóstico. Si viene, bienvenido sea. Y si no, mala suerte. Mire, si no, lo que le pasó a Almodóvar. Venía de reconciliarse con la Academia Española, después de años de desencuentros, todos daban a La piel que habito como candidata número uno y terminó siendo la gran perdedora de la noche. Yo lo veía el domingo, ahí en su butaca, “mirándola pasar”, y pensaba en lo mal que la debía estar pasando.

–Un cuento chino tenía por lo menos dos fuertes competidoras: la coproducción chileno-argentina Violeta se fue a los cielos y la mexicana Miss Bala, que desde su presentación en Cannes viene haciendo mucho ruido en todo el mundo. ¿Las vio?

–No. Quiero verlas ahora, que ya pasó todo. Tengo las mejores referencias de ambas.

–Esta es la quinta vez que una película protagonizada por Ricardo Darín gana el Goya al Mejor Film Iberoamericano, después de El faro, La fuga, XXY y El secreto de sus ojos. ¿Qué influencia puede haber tenido que fuera él el protagonista de Un cuento chino?

–Es imposible de medir, pero no debe descartarse que haya tenido su peso.

–Hay ocasiones en que los premios ayudan a “colocar” la película en mercados extranjeros. No parece ser el caso de Un cuento chino, que ya se estrenó en varias plazas importantes.

–Sí, se estrenó en España a mediados del año pasado, viene de estrenarse en Alemania y Francia y pronto se estrena en Italia.

–¿Cómo le fue en esos mercados?

–Muy bien, por suerte. No tengo las cifras exactas, pero en España llevó más o menos medio millón de espectadores. En Francia tuvo muy buenas críticas. De Alemania no tengo mucha idea, porque al no hablar el idioma es difícil enterarse. Donde fue todo un éxito fue en Brasil, donde llevó como 400.000 espectadores.

–Eso sí que es raro. Al cine argentino no suele irle bien en Brasil, ni al brasileño acá.

–Sí, se convirtió en película de culto.

–¿Se estrenó en muchas salas?

–No, pocas. Menos de veinte. Estuvo varios meses en cartel.

–En marzo Un cuento chino cierra el Festival de Miami, con el título Chinese Take-Away. ¿Cree que el Goya y ese “pie” puesto en Estados Unidos pueden influir sobre un posible estreno en ese país?

–Si algo no busca el mercado estadounidense son películas extranjeras: las tienen todas en casa. La gente que conoce el negocio sabe que las únicas extranjeras a las que les puede ir realmente bien son las que ganaron premios muy importantes o vienen con un éxito enorme de público. El caso de El artista, para poner un ejemplo fresco.

–Un cuento chino tuvo coproducción de Tornasol Films, una de las compañías españolas líderes. ¿Piensa que el Goya le permitirá volver a contar con coproducción española en su próximo proyecto?

–Sería bastante probable.

–¿Tiene un próximo proyecto?

–No, por el momento no y no quiero forzarlo por esta circunstancia. Las películas conviene filmarlas cuando se tiene un guión, y no cuando se presenta la oportunidad. Por el momento estoy pensando, tomando algunas notas, viendo qué quiero contar.

–¿Piensa repetir con Darín?

–Es imposible saberlo ahora, depende de que se presente un proyecto adecuado y de que podamos coordinar agendas. Lo seguro es que nos sentimos muy cómodos trabajando juntos y que nos prometimos volver a hacerlo. Ojalá se pueda.

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Borensztein no estuvo presente en la ceremonia española porque tenía un compromiso laboral.
Imagen: Arnaldo Pampillon
 
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