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Martes, 22 de enero de 2013

CINE › EL CINE Y LAS PANTALLAS > SOBRE LAS POSIBILIDADES DE FILMAR EN ARGENTINA

Pensar los espacios

Algunos conceptos vertidos en el balance del cine argentino 2012 provocaron una respuesta de los realizadores de uno de los films estrenados en la temporada: buena razón para continuar un debate siempre vigente sobre la producción y los espacios disponibles.

 Por Horacio Bernades

Lo que señalo en la nota de referencia (http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-27411-2012–12-27.html) es que el solo fomento a la producción no basta para defender al cine argentino. Una defensa integral requeriría de una mayor regulación. Actualmente todo aparece mezclado, indiferenciado en la cartelera cinematográfica. Un pequeño film argentino, producido con escasos medios y en ocasiones lanzado casi sin publicidad (o sin la menor difusión, lisa y llanamente), debe hacerse un lugar, en un pie de igualdad imposible, en el mismo complejo en el que se estrenan los grandes “tanques” de Hollywood. En ese marco, en ese ámbito, ese pequeño film argentino, sea documental o ficción, sea militante o no, “va al muere”, en términos de difusión y de público.

En 2012 se estrenaron tantas películas argentinas (130, recuerdo, algo así como el doble que el año anterior, cuando ya habían sido muchísimas), muchas de ellas con tan poca difusión, que en ocasiones ni la gente del ambiente se entera. Hasta los propios críticos de cine nos enteramos de la existencia de ciertas películas a fin de año, cuando revisamos las listas de estrenos de la temporada. Ni hablemos de lo que sucede con el público en general. Está ocurriendo –cosa que jamás había pasado– que se estrenen películas que, por no contar con un mero agente de prensa (consecuencia del mínimo, a veces nulo presupuesto con el que cuentan para su lanzamiento), no se difunden ni siquiera entre el periodismo especializado. Hay películas que no se muestran a la prensa antes del estreno ni en un mísero DVD. Tampoco hay espacio periodístico para cubrir tantos estrenos, ni público para absorberlos: así no hay quien gane.

Está bien que se fomente la producción argentina pequeña y mediana, militante o no, “de arte” (perdón, pero en este rubro no hay más remedio que poner comillas, todas las definiciones suenan pretenciosas o imprecisas) o no. Pero después busquémosle a cada película una salida adecuada porque, si no, no sirve. Una salida adecuada quiere decir unos dinerillos para promocionarla, alguien que le informe a la prensa que existe una película tal y tal que va a estrenarse el jueves tal y tal, una o varias salas en las que esa película pueda funcionar. Salas que no tienen por qué ser sólo las de un complejo comercial. A los complejos hay que sumarles salas de arte y ensayo, y salas alternativas, de difusión gratuita o subvencionada (en sindicatos, unidades básicas, ONG, fundaciones, canales de televisión públicos).

Se trata de crear ámbitos propicios: a la misma película, estrenada en el Malba, la Lugones o el Gaumont, le va mejor que en el Hoyts, el Cinemark o el Showcase. Porque son ámbitos con un perfil definido y prestigioso, porque sus programadores están dispuestos a esperar el tiempo que requiere un “boca en boca” para armarse. Igual, el Malba, la Lugones y el Gaumont no bastan: están faltando más salas de arte y ensayo, y ahí habría que pensar en estímulos por parte del Estado. Exención o reducción de impuestos para los valientes que estén dispuestos a abrir una, por ejemplo. Pero, claro, nadie quiere estrenar en circuitos alternativos. Todos quieren hacerlo en salas comerciales, aunque sepan de antemano que la película la van a ir a ver 15, 62 o 107 espectadores (no son cifras inventadas, son reales).

¿Para qué estrenar entonces en esas salas, en lugar de hacerlo en espacios más “amigables”, que le aseguren a la película una mejor difusión? Como el caso de Incaa TV, que mencionan Maturana y Navarro Espejo en su nota. Se estrena en esas salas para cobrar el subsidio de medios electrónicos, con el que en muchos casos logra cubrirse el costo. Y si el costo previamente se infló, se puede hacer una diferencia. Eso sólo puede lograrse, de acuerdo con la ley vigente, estrenando en 35 mm en salas comerciales. Con lo cual encima primero hay que “pasar” la película, que a esta altura en 9 de cada 10 casos se filma en digital, a celuloide. Soporte que está a punto de caducar para siempre. Todo esto da por resultado un espejismo, un malentendido, una perversión consistente en estrenar películas no para ser vistas sino para que cierren los números. O den a favor.

P.D.: Sé que importa poco, pero aprovecho para aclarar que nunca fui a Cannes, ni como periodista, ni como mero parroquiano. De haberlo hecho, no creo que eso me hubiese impedido distinguir el carácter cultural y comercial que el cine tiene desde que es cine.

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