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Lunes, 28 de enero de 2013

CINE › EL ACTOR VUELVE A BRILLAR EN DJANGO SIN CADENAS Y SE PREPARA PARA UNA AGENDA CARGADA

Jackson, el actor de los 9 mil millones

Su presencia en tanques como Star Wars y Los Vengadores lo convierte en uno de los nombres más rentables de Hollywood; su carrera agrega matices con su Stephen del film de Quentin Tarantino, que habilita algunas reflexiones sobre las polémicas que disparó.

 Por James Mottram *

Samuel L. Jackson no está demasiado preocupado por las nominaciones al Oscar. “No, no particularmente”, dice con franqueza. “Hasta ahora he tenido una carrera bastante buena. No creo que tenga que validar mi estatura en Hollywood de un modo u otro. He hecho cosas bastante interesantes y ha sido una larga y rica carrera. ¡Definitivamente, no es algo que vaya a ayudar mi record en taquilla!”

Todo eso es verdad. Ayudado en gran medida por sus apariciones en el reparto de las precuelas de Star Wars y varios productos de Marvel –incluyendo Los Vengadores, el gran hit de 2012–, las películas en las que aparece Jackson han recaudado un total de 9 mil millones de dólares, convirtiéndolo (al menos técnicamente) en la mayor estrella de la taquilla de todos los tiempos. ¿Quién necesita Oscar? Las nominaciones a Django sin cadenas lo dejaron afuera; la única vez que Jackson fue nominado a un Oscar, por su papel de asesino en Pulp Fiction –también de Quentin Tarantino–, perdió a manos de Martin Landau por Ed Wood, y se lo vio claramente decir “Ah, mierda”, en cámara cuando se escuchó el resultado.

En los mejores momentos, Jackson, de 64 años, tiene la ternura de un cactus. A la hora de hablar de su rol en el spaghetti western de Tarantino, una épica y violenta historia sobre la esclavitud, no está de humor para jugar lindo. En la película, el ex esclavo Django (Jamie Foxx) busca rescatar a su esposa de la plantación propiedad de Calvin Candie, y dirigida por su capataz Stephen, al que interpreta Jackson. “La película no es sobre la esclavitud”, dice el actor, algo irritado. “La esclavitud es sólo el telón de fondo. Incluso Django no está buscando terminar con la esclavitud: él solo quiere recuperar a su chica.”

Suspicaz, hábil y totalmente deferente de su amo blanco, el personaje de Jackson es absolutamente repelente, aunque el actor se niega a considerarlo “un mal tipo”. “Yo lo considero un producto de su ambiente, del contexto. Esto es lo que ha sido toda su vida. Esencialmente, él crió a Calvin Candie. La esclavitud existe desde más o menos 150 años antes de que uno conozca al personaje. Y hasta donde él sabe, seguirá siendo efectiva por otros 150 años. Vive una vida confortable. Alguien tiene que conducir la plantación: ése es Stephen. Escribe los cheques, se asegura de que la gente haga su trabajo; Stephen se encarga de que suceda todo lo que tiene que suceder para que la plantación siga funcionando.” Entonces, ¿Stephen no cree que sea un esclavo? Jackson revolea los ojos. “¿Se ve como alguien que piensa que es un esclavo? Se puede ver su actitud física. ¿Se trata a sí mismo como un esclavo? ¿Es obsequioso? Bueno, ahí tiene. Está viviendo una vida bastante buena. Y no, no creo que sea un mal tipo.” Resulta claro que Jackson está algo cansado de esa línea de interrogantes. “Como dije, hay cierta gente que está confortable en la institución de la esclavitud y cierta gente que no. Stephen está confortable. Es un colaborador. Si es blanco contra negro, Stephen es un colaborador.”

Jackson cede un poco cuando pasamos al tema de los westerns. “Crecí viendo westerns”, dice. “Teníamos a Roy Rogers, Gene Autry, Lash LaRue y todo eso. Y en la televisión también tenías un montón de westerns, La ley del revólver, Bonanza, El gran Chaparral... ¡En esos ranchos tenías cubierto posiblemente todo Estados Unidos en un solo punto! Yo jugué a los cowboys y todo eso. ¡No era Navidad hasta que no agarrábamos nuestras armas y empezábamos a los tiros! Recuerdo todo eso...” ¿Era Jackson un fan de los spaghetti westerns que Tarantino ama, y que son una clara influencia para Django sin cadenas? El actor asiente. “Recuerdo los spaghetti como unos westerns diferentes; de repente todos eran baleados en la cabeza, y todos tenían agujeros de verdad.”

Aunque la película le dio a Tarantino un Globo de Oro al guión original, también causó una controversia considerable por su lenguaje. En Estados Unidos, Jackson desafió a un periodista que había cuestionado el excesivo uso de la palabra “nigger” por parte de Tarantino en el guión (110 veces, de acuerdo con uno de los recuentos). Sólo que el periodista se refirió a ella como “la palabra con N”. Jackson aguijoneó al entrevistador: “¡¡Dígala!! ¡¡Inténtelo!! ¡No tendremos esta conversación hasta que lo intente!”. Cuando le menciono la controversia por el excesivo uso de la palabra, lo único que Jackson contesta ahora es un sarcástico “¿En serio?”. Entonces, ¿cuál es su opinión? ¿a él lo ofende? ¿hay un abuso por parte de Tarantino?. “¿Tenían otro nombre para llamar a la gente negra sobre la que hablaban todo el tiempo?”, contrapregunta. “Si vas a lidiar con el lenguaje de la época, lidiás con el lenguaje de la época. Y el lenguaje era ése. Yo crecí en el sur. Escuché decir ‘nigger’ toda mi vida. No me perturba en absoluto.”

No es la primera vez que Jackson queda atrapado en un fuego cruzado. Spike Lee criticó a Tarantino, asegurando que estaba “encaprichado” con la palabra ya en Jackie Brown, protagonizada por Jackson. La relación del actor y Lee va mucho más atrás, claro. Elegido para realizar pequeños roles en School daze, Haz lo correcto y Más y mejores blues cuando era largamente desconocido, Jackson interpretó luego a un drogadicto en Fiebre de amor y locura (1991), poco después de haber salido él mismo de rehabilitación. El jurado de Cannes de ese año quedó tan impresionado que estableció un premio al actor de reparto para él. Curiosamente, Jackson acaba de terminar su primera película con Lee desde Jungle fever, una remake del vengativo thriller surcoreano Oldboy. Lee se ha expresado francamente sobre Django sin cadenas, como cuando escribió en Twitter que “la esclavitud americana no fue un spaghetti western de Sergio León, fue un Holocausto”. En una entrevista agregó que no tenía intenciones de ver la película de Tarantino: “Sería una falta de respeto a mis ancestros”. Jackson dice que no habló con Lee sobre la película: “No puedo hablar con él de algo que no vio, y probablemente no hablemos de esto, a menos que él saque el tema. Yo no voy a ser el que lo traiga a la conversación, ‘Ey, ¿viste mi película?’. No me importa si la ve o no”. Teniendo en cuenta que quedó en el medio de esta vieja pelea entre dos directores que han sido tan influyentes en su carrera, ¿tiene alguna idea de por qué ha escalado? “¡No tengo idea de por qué es, y ciertamente no me importa!”, dice, con voz tonante y agresiva. “No he tenido ninguna conversación con Quentin sobre si le gusta o no le gusta Spike. Y nunca tuve una conversación con Spike sobre si le gusta o no le gusta Quentin. Realmente no lo sé, no sé si son celos... ¿quién podría estar celoso de quién?.”

Jackson, que creció como hijo único en Tennessee, donde su madre era trabajadora de una fábrica, se ha armado para el debate y el discurso desde su edad más temprana. “He estado leyendo desde que tenía cuatro años”, dice. “Cuando era chico viví en un mundo de literatura, antes de que tuviéramos un televisor.” Creció politizándose, yendo al funeral de Martin Luther King y creando vínculos con el movimiento Black Power. Incluso fue procesado por confinamiento ilegal, cuando junto a otros estudiantes retuvo al consejo del Morehouse College de Atlanta, donde estudiaba biología marina, en reclamo de reformas a la currícula de la escuela. Fue allí donde conoció a LaTanya Richardson, su esposa desde 1980 (con quien tiene una hija, Zoe, que hoy tiene 30 años), que también es actriz e incluso aparece en Malcolm X, de Spike Lee.

Más allá de Oldboy, Jackson está por rodar una pequeña aparición de la remake de Robocop y luego estará a la orden de Marvel, para volver a encarnar a Nick Fury –el “ensamblador” de Los Vengadores– en la secuela de Capitán América, El Soldado del Invierno. Más allá de eso, aún no sabe si habrá una película de Fury, o si estará en la secuela de la Avengers de Joss Whedon. “Creo que quedan cuatro o cinco películas en mi contrato de nueve. Seguiré apareciendo.” También le encantaría volver a encarnar al jedi Mace Windu en las secuelas que vendrán de Star Wars (más allá del detalle de que la última vez que se vio a su personaje volaba por una ventana, con una mano menos y presumiblemente hacia su muerte). “Me encantaría ser parte de eso, sin dudas”, dice. “Ayudaría a que la gente volviera a la franquicia, tener algunos personajes familiares antes de introducir los nuevos.” Entonces, ¿no le molestaría ser un fantasma? “No sé por qué debería ser un fantasma. ¡Soy un jedi! Me cortaron una mano y caí de una ventana. Tranquilamente podría ser un jedi con una mano menos... ¡y vivo!” Volver de entre los muertos: es la clase de cosa que Jackson podría hacer.

* De The Independent, de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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“Yo considero a Stephen un producto de su ambiente, del contexto. Esto es lo que ha sido toda su vida.”
 
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