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Martes, 21 de mayo de 2013

CINE › LUCíA PUENZO HABLA DE WAKOLDA, UN FILM QUE INDAGA EN LOS VíNCULOS QUE ESTABLECíAN LOS NAZIS FUGADOS

“Estas historias siempre me intrigan”

En la película que se verá hoy en el encuentro francés, el médico que experimentó con judíos prisioneros en los campos de concentración va encantando, uno a uno, a los miembros de toda una familia. Especialmente a la hija preadolescente Lilith.

 Por Oscar Ranzani

@Hace seis años, cuando Lucía Puenzo debutó como cineasta con XXY, comenzó a trazar un camino propio para no ser considerada únicamente como la hija del director de La historia oficial. La realizadora nacida en Buenos Aires en 1976 es también escritora. Y su segundo largometraje, El niño pez, fue una adaptación de su novela. Ahora volvió a realizar una adaptación para su tercer film de una novela propia: Wakolda. Así como XXY compitió en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2007 y ganó el premio de esa competencia, esta vez Puenzo espera volver con un galardón bajo el brazo de tierra francesa: hoy presenta, en carácter de première mundial, Wakolda, en la prestigiosa sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, antes de su estreno en la Argentina, previsto para el segundo semestre del año. “Es el mejor lugar donde la película puede empezar su vida”, admite Puenzo a Página/12. Y reconoce que “fue una noticia doblemente festejada”, porque el anuncio de las películas que estaban en la competencia oficial se hizo dos semanas antes del de Wakolda, que finalmente fue seleccionada para la segunda sección en importancia después del concurso oficial. “Ya estar en Un Certain Regard es un premio gigantesco. Hay tres películas latinoamericanas en toda la competencia. Entonces no voy con más expectativas que ser parte de ese listado de nombres”, confiesa la directora.

La historia de Wakolda transcurre en 1959 en Bariloche. Allí se encuentra escondido el criminal nazi Josef Mengele, que realizó experimentos genéticos horrorosos con los prisioneros durante los tiempos en que Adolf Hitler estuvo en el poder. Pero en Bariloche es el médico veterinario José y anda escapando del Mossad. Allí, camuflando su identidad, entabla una relación con una familia argentina, integrada por Enzo, Eva y sus hijos. Pero con quien entra en confianza rápidamente, a través de un juego de seducción –con el que busca esconderse tras la máscara de un hombre sin fines perversos–, es con Lilith, la hija de doce años del matrimonio argentino, que tiene problemas de crecimiento y con la que experimentará la “cura” a través de un tratamiento con hormonas que, de algún modo, supone buscar alcanzar la “perfección humana” que tanto anhelaba en sus tiempos. Poco a poco, José –el “Angel de la Muerte”, como quedó definido para la historia– va ganándose la confianza de esta familia hasta que llega a hacer negocios con la fabricación de muñecas junto a Enzo. Con protagónicos de Natalia Oreiro, Diego Peretti, Elena Roger y el catalán Alex Brendemühl, entre otros, Wakolda escarba en el mundo oscuro de un criminal disfrazado que busca su lugar en el mundo que lo aleje de pagar las culpas que debe. Y también en cómo se relaciona con un entorno desconocido al que debe mentirle todo el tiempo para no ser descubierto.

Puenzo comenzó a escribir la novela no sólo con la idea de combinar un personaje histórico con otros ficcionales sólo por el peso de un ser siniestro como Mengele: “Empecé por el personaje de Lilith, la niña, porque había algo que sigue pasando aun hoy con la medicina: esto de estandarizar a los cuerpos para conseguir cuerpos perfectos y ‘normalizarlos’. Así como la medicina es el mejor invento, tiene un costado de cruce de ética médica o de cruce de umbral hacia un lugar ligado al poder más oscuro que a mí siempre me inspiró mucho temor. Y desde ese lugar empecé a escribir la novela”, subraya Puenzo. Mengele “es como la expresión más perversa del costado más oscuro de la medicina. Y hace años que venía siguiendo temas de los nazis en nuestro país. Es algo que siempre me intrigó y hay un montón de historias para contar, no sólo ésta. Cada jerarca nazi que se evaporó en nuestro país es una historia de por sí. Hay mucho mito dando vueltas y ésta era una de las posibilidades”, explica la cineasta.

–La medicina asociada al poder es también un arma, ¿no?

–Sin duda. En un primer momento no estaba claro hasta qué punto la visión biomédica en el nazismo no era tangencial al movimiento bélico. Estaba en el corazón del nazismo: el lugar que ocupaban los médicos, la limpieza racial, llegar a la perfección racial, no era algo lateral y tangencial. Y esa fascinación con la genética, que es como la cima de la omnipotencia, es algo que está en el centro de la novela y de la película.

–¿Qué mantuvo y qué modificó de la novela en la película?

–Muchísimas cosas, porque el corazón temático de la novela tiene que ver con la pureza y con la mezcla. Y el lenguaje de la literatura tiene que ver con lo intangible. Y como el lector completa e imagina, te permite trabajar con cosas más intangibles. Las imágenes son imágenes y, en un punto, uno tiene que bajarlas a tierra, y cuando intentaba hacer una transcripción literal de la novela a la película era inviable, absolutamente imposible. Entonces, en un momento, la decisión fue buscar otra trama posible, que tiene que ver, pero que juega otra posibilidad.

–¿Cuando escribió la novela le resultaba muy cinematográfica? ¿Cuándo supo que también podía ser una película?

–Mucho tiempo después, como al año y pico. De hecho estaba trabajando en otro proyecto que estaba mucho más encaminado, pero me empezó a intrigar qué pasaba con ese material.

–¿Definiría el film también como un thriller psicológico?

–Tiene muchos elementos del thriller, pero también una mezcla de géneros. Tiene algunos puntos de contacto con cosas que pasaban en XXY: de personajes encerrados en un lugar. En XXY, la historia sucedía en una casa y acá es en una hostería. Y en el medio de un lugar de horizontes muy abiertos que en XXY era una playa, y en Wakolda es el lago Nahuel Huapi, en las afueras de Bariloche. Pero, de alguna manera, todo se resuelve entre un grupo de personajes a los que les está pasando algo en un mismo lugar. Wakolda tiene más elementos de thriller por todas las peripecias de lo que está ocurriendo para encontrar a este hombre.

–¿Investigó más la historia del “Angel de la Muerte” para realizar la película, o con lo estudiado para la novela era suficiente?

–Mientras escribía la novela me pasé años leyendo cualquier cantidad de libros históricos, de mitos. Me reuní con historiadores, con médicos endocrinólogos. Entonces ya tenía un bagaje. Leí sobre todo el costado esotérico del nazismo. Hay muchísimos historiadores y poetas del nazismo, incluso. Son materiales absolutamente tóxicos porque es como el costado más locoide y fanático del nazismo. Y para mí era importante meterlo en esta historia porque era un componente de cómo el nazismo imaginaba su repliegue: todo ese invento de la ciudad subterránea, de los superhombres, de la pureza racial, era muy fanático y extremo. Y estaba en contacto absoluto con la locura. Y tiene que ver con el lugar con el que se encuentra Mengele cuando se evapora.

–¿Decidió incorporar un personaje histórico para la ficción porque le daba mayor suspenso al relato? ¿Cómo combinó lo ficcional con lo histórico en la película?

–Desde la novela, y se mantiene en la película, hay un cruce entre muchos elementos de la realidad y algunos elementos ficcionales. Y hay una mezcla en la que, a veces, no se distinguen unos de otros. Hay muchos elementos reales. Se sabe que Mengele vivió en Buenos Aires, que tenía una farmacéutica que figuraba con su nombre en la guía telefónica, que huyó cuando lo capturaron a Eichmann, que reapareció en Paraguay. Y hay un período misterioso y turbio que no se sabía dónde estaba. Y ahí se enmarca la historia. Muchos dicen que pasó en algún momento por Bariloche, pero obviamente la familia protagónica es ficcional. Sí es real lo que se dice, que siguió experimentando con niños y mujeres embarazadas, y trabajando con su sangre. O sea, hay un imbricado absoluto entre qué elementos son reales y cuáles son ficcionales. Hay un mito dando cuenta que tuvo un contacto con el diseño de muñecas arias.

–¿La película indaga en la red de complicidades de la comunidad alemana en Bariloche?

–El mayor interés para la novela y la película eran los vínculos personales entre Mengele y esa familia, y cómo él va seduciendo, a su manera, a cada miembro de esa familia. En la película crecieron los personajes de los padres y los hermanos, aunque Lilith es la protagonista absoluta. Me acuerdo de la película Teorema, en la que el personaje iba enamorando a toda una familia. Acá pasa algo parecido: él los va seduciendo de a uno y ellos van bajando un poco la guardia. Le permiten entrar a su hostería, aunque la relación entre Enzo y Mengele es más compleja en la película que en la novela. Enzo, el personaje que interpreta Peretti, tiene muchos más recelos con este tipo, pero necesita su dinero. Es más una relación de necesidad.

–¿No cree que puede resultar un tanto perturbador para el espectador que a varios de los personajes Mengele les resulte alguien querible?

–Sin duda, son perturbadoras la película y la novela. Creo que para mostrar lo monstruosos que eran estos tipos hay que retratarlos en toda su complejidad. Si uno genera estereotipos donde los malos son malos, se está haciendo un mal porque la cuestión de la complejidad de estos tipos es que eran hombres muy fanáticos, muy perversos. Realmente encarnaban lo peor a lo que puede llegar la condición humana, pero eran muy complejos en el sentido de que eran muy cultos, podían camuflarse. Y por eso eran más peligrosos fuera de los campos de concentración. ¿Cuántos en Bariloche han dicho que Priebke era un viejito adorable? Eran “viejitos adorables” porque sabían camuflarse. Creo que, en realidad, hay que animarse a retratarlos así porque eran así, eran mucho más complejos. Y ése era el gran peligro que tenían. Y por eso estaban con tanta connivencia con civiles que nunca pudieron imaginar quiénes eran.

–¿Cómo trabajó el juego de seducción que se produce entre Mengele y Lilith?

–Eso varió de la novela a la película porque justamente en la novela es algo que se puede sugerir mucho más que lo que se ve. Y cuando empecé a trabajar en la película me parecía que era mucho más terrible que todo el tiempo la sensación fuera: “Puede hacer cualquier cosa, pero no lo hace” (aunque eso no lo redime ni lo justifica), y no cruzar la línea como la novela sugiere. Ese es otro camino en la película: es un lobo mucho más contenido.

–Algo que puede desprenderse de la historia es cómo y de qué manera puede llegar a formarse la conciencia política en un adolescente. ¿Cómo lo expone el film?

–Los chicos prepúberes y adolescentes empiezan a tener una construcción de su identidad política desde mucho más chiquitos de lo que creen. Ahí hay como una macerado lento, pero que se está gestando algo. Y en ese sentido me interesaba desde qué lugar los personajes de Lilith y de su hermano mayor empiezan a tener una conciencia política del caldo en el que están metidos, de esa escuela alemana a la que los llevan, las redes de complicidad, los pactos de silencio. Como ese genial documental Pacto de silencio, de Carlos Echeverría, que para mí es el mejor documentalista vivo que tenemos. Cuando empecé a escribir Wakolda, lo llamé y le pedí estar en contacto, y me ayudó muchísimo.

Discutir con una misma

Como escritora y cineasta experimentada, Lucía Puenzo se refiere a las ventajas y las desventajas de adaptar un guión cinematográfico de una novela propia. “Las ventajas son que uno puede hacer lo que quiere con el material, no hay que discutir con nadie más que con uno mismo. Y las desventajas son lo mismo: creo que, a veces, uno cree que por conocer tan íntimamente un material va a poder manejarlo mejor”. Sin embargo, Puenzo observa que, en algunas ocasiones, “eso genera trampas porque a uno le gustan algunas escenas y hay que ser despiadado y quitarlas desde el principio, y cuesta más porque a uno le gustan. Y tarda más en llegar al momento en que uno se da cuenta de que eso tiene que morir para que otra cosa crezca. Pero, al mismo tiempo, podés jugar más porque sabés qué hacer”, subraya la realizadora.

Diferencias de lenguaje

Puenzo entiende como “procesos radicalmente diferentes” la escritura de una novela respecto de un guión cinematográfico. “La sensación es que cine y literatura son lenguajes mucho más cercanos de lo que realmente son. Tienen muy pocos puntos de contacto”, explica. Lo único que comparten, según Puenzo, “es que hay palabras involucradas en ambas cosas, pero mi sensación es que en la literatura todo avanza microscópicamente”. A tal punto, que reconoce que en un muy buen día “puedo llegar a escribir una media página o una página. Pero seguramente esa página que escribí la reescriba muy poco porque cada frase es un juego de musicalidad, de ritmo, de ver qué palabra va con qué palabra. Esto es muy personal porque hay gente que escribe veinte páginas en un día. A mí me pasa esto y puedo escribir a donde va la siguiente página”. Y agrega que escribir literatura “tiene mucho más que ver con el juego de no saber. Uno puede permitirse no saber, pero en el cine todo es medido, hay que trabajar con la estructura dramática y el guión es una herramienta de trabajo para un montón de gente; entonces, tiene que ser claro. Son procesos muy diferentes”, entiende Puenzo.

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“Tiene muchos elementos del thriller, pero también una mezcla de géneros”, señala Puenzo sobre su película.
Imagen: Pablo Piovano
 
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