espectaculos

Sábado, 17 de agosto de 2013

CINE › FINAL EN EL FESTIVAL DE LOCARNO, CON PREMIO A LA CARRERA DE OTAR IOSSELLIANI

Celebraciones para otro cine

Con el Leopardo de Oro en la mano, el director georgiano lanzó desafiantes invectivas a otros festivales. Lo cierto es que por el encuentro suizo desfilaron algunas películas ciertamente atípicas, como las de Albert Serra y Corneliu Porumboiu.

 Por Luciano Monteagudo

Desde Locarno

En el mundo del cine, el georgiano Otar Iosselliani es, con toda justicia, una leyenda. Y el director de Hogar, dulce hogar y Jardines en otoño aprovechó el momento de su homenaje –con el Leopardo de Oro en sus manos y la Piazza Grande repleta– no sólo para agradecer al Festival de Locarno, sino también para atacar, como ningún otro cineasta de su talla lo ha hecho en los últimos años, a los otros principales festivales de cine europeos. “Tenemos que recordar que la Mostra de Venecia fue fundada por Mussolini y que ahora se inclina en esa dirección”, señaló temerariamente. Y no dejó a Cannes afuera de sus críticas: “A pesar del buen trabajo del presidente Gilles Jacob, hace tiempo que el festival ha vendido su alma a los grandes estudios de Hollywood”. Para Iosselliani, “solamente Locarno permanece fiel al cine como expresión artística y como reflexión intelectual; únicamente Locarno está dispuesta a tomar riesgos y a defender al cine como arte”.

Aunque sus expresiones fueron muy extremas, algo de razón no le falta. Y si no aquí está para probarlo Historia de la meva mort, la nueva, extraordinaria película del catalán Albert Serra, presente en el Concurso Internacional. El director de dos films clave del cine europeo de los últimos años, Honor de cavallería (2006) y El cant dels ocells (2008), no ha resignado nada de la radicalidad extrema de su obra previa, pero ahora la enriquece notablemente con una historia que cruza de manera tan enigmática como hipnótica a dos figuras –una real, otra ficcional– que el cine nunca antes había imaginado entrelazar: Giacomo Casanova y Drácula.

Así como en Honor de cavallería, su singular versión del Quijote, Serra había osado prescindir de todo el texto de Cervantes para que el espectador pudiera compartir con Don Quijote y Sancho Panza la experiencia física de sus viajes, algo similar sucedía con El cant dels ocells, donde seguía la poética travesía de los Reyes Magos. Aquí en Historia de la meva mort también hay un viaje, pero se diría que no es tanto material –la de unos cuerpos desplazándose en el tiempo y el espacio– como espiritual. Hay algo en el alma de Casanova que lo inquieta, que lo lleva a reflexionar que ese mundo despreocupado y libertino en el que ha vivido está llegando inexorablemente a su fin. Piensa que debe escribir sus memorias, que se publicaron originalmente como Historia de mi vida, pero el título del film de Serra invierte ese sentido al referirse a la “Historia de mi muerte”. Y Casanova, junto a su fiel criado (Lluís Serrat, el mismo actor que componía a Sancho), deja impulsivamente el lujo fácil de los castillos de Francia para dirigirse hacia su aventura final en los Cárpatos, donde no tardará en encontrarse con unas doncellas tan dispuestas a entregarse a sus artes amatorias como a probar el sabor de su sangre, dominadas como están por una figura sombría en quien no cuesta reconocer al lascivo Drácula. “Es la transición de la ligereza y la sensualidad del siglo XVIII a la oscuridad, la violencia y la sexualidad del siglo XIX, del Romanticismo”, elaboró Serra aquí en Locarno.

A la extraña, siniestra belleza del film –en donde por primera vez Serra trabajó con un guión previamente elaborado y diálogos escritos y no improvisados, como era su costumbre– no es ajena la estupenda fotografía de otro talentoso catalán, Jimmy Gimferrer, que consiguió una textura que le debe tanto al Kubrick de Barry Lyndon, en su primera parte, rodada con luz natural de velas, como a las brumas y al exotismo de la pintura romántica, para su excursión a Transilvania.

Hablando de la región... Otra de las películas más extremistas de la competencia de este año en Locarno es Când se lasa seara peste Bucureti sau metabolism (Cuando cae la noche sobre Bucarest, o Metabolismo), del rumano Corneliu Porumboiu. Con su tercer largometraje, el director de Bucarest 12:08 (2006) y Policía, adjetivo (2009) vuelve a demostrar que está entre los cineastas más singulares del cine contemporáneo, un realizador capaz de reflexionar tanto sobre su propio arte como sobre las pequeñas decisiones cotidianas capaces de afectar el curso de una vida.

La anécdota, como en su film anterior, no podría ser más simple y ratifica la austeridad cada vez más depurada de Porumboiu. Un director de cine está en pleno rodaje de su película cuando le propone a su actriz principal (que es también su amante circunstancial) una escena en la que debe aparecer desnuda. Ella le replica que solamente lo hará si está plenamente justificada desde un punto de vista dramático. Pero al día siguiente, el director parece dudar no sólo de esa escena en particular sino también del proyecto todo, al punto de sufrir una úlcera.

Que la película lleve por subtítulo “Metabolismo” sugiere que Porumboiu habla no sólo del conjunto de reacciones químicas que sufre el organismo de su protagonista, sino del proceso de cambio que atraviesa ese director conflictuado consigo mismo y también el cine todo de hoy. Estructurada a partir de 16 únicos, magistrales planos-secuencia, Cuando cae la noche sobre Bucarest es una reivindicación del cine analógico por sobre el cine digital, en la medida en que sus limitaciones son capaces de estimular (contra la ilusión de libertad e infinitud del digital) la creatividad del cineasta. Como en las películas previas de Porumboiu, hay un humor tan paradójico como angustiante en las discusiones que el director mantiene con su actriz –en su auto, en un restaurante chino, en el dormitorio– que vienen a recordar que el dramaturgo Eugène Ionesco, padre del llamado Teatro del Absurdo, también era rumano.

Compartir: 

Twitter
 

En la extraordinaria Historia de la meva mort, el catalán Serra hace su propia lectura de Casanova.
 
CULTURA Y ESPECTACULOS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2017 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.

Logo de Gigared