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Sábado, 17 de agosto de 2013

VIDEO › MAGIC MAGIC, CON DIRECCION DE SEBASTIAN SILVA

Un viaje que se complica

Cierto aire indie, con algo de psicodrama, componentes de thriller y un final que roza lo mágico-étnico atraviesan la película, que se desarrolla en el sur de Chile y que marca la incursión del cineasta trasandino en la industria estadounidense.

 Por Horacio Bernades

Tras el éxito internacional de La nana (estrenada en Buenos Aires con tres años de atraso, en mayo pasado), el chileno Sebastián Silva (Santiago, 1979) no perdió un minuto. Filmó a la pasada, junto a su coguionista Pedro Peirano, una película que no tuvo mayor repercusión (Gatos viejos, 2010) y se tomó el vuelo a Estados Unidos, donde comenzó a “tirar líneas” para su ingreso al cine angloparlante. Tiró tantas, que en el Festival de Sundance terminó presentando, a comienzos de este año, no su primera película en inglés, sino sus dos primeras. Ambas cuentan en el elenco con Michael Cera, el chico de Arrested Development, Supercool y La joven vida de Juno, entre otras. En Cristal Fairy, Cera hace de un tripper (en todos los sentidos) que viaja a Chile en busca de cierta mítica planta alucinógena. En Magic Magic Cera también viaja, pero sólo terrenalmente, al sur del país trasandino y junto a un grupo de amigos. Cofinanciada por la legendaria Christine Vachon (productora de Todd Solondz y Todd Haynes, entre otros) y fotografiada nada menos que por el australiano Chris Doyle (el de las más famosas películas de Wong Kar-wai), el sello Sony acaba de lanzar esta última en DVD en Argentina, sin tocar su título original.

Desde el momento que se presenta, Alicia parece hacerlo con el paso cambiado. La chica acaba de bajar de su vuelo con combinación en Santiago, y sus amigos están ansiosos por ir a pasar unos días en una casa prestada, junto a uno de los lagos del sur. El tiempo justo para un duchazo y subirse a la 4x4, trabando contacto con el estudiante local Agustín, novio de su amiga Sarah, su compatriota Brink (Cera, saliendo por una vez de su eterno papel de chico tímido y correcto) y Bárbara (la colombiana Catalina Sandino Moreno, recordada protagonista de María, llena eres de gracia). Algo nerviosa por el apurón, el jet lag y el encuentro con el grupo de desconocidos (uno de los cuales, Brink, le tira todos los galgos encima), la ansiedad de Alicia se incrementará cuando Sarah reciba un llamado desde Santiago, que la obliga a volverse urgente por unos días. Llegados a la cabaña, Alicia no terminará de calmarse. Más bien al contrario.

Con guión escrito por el propio Silva, Magic Magic –cuyo título se explica sólo por la secuencia final– se instala en una zona híbrida, que fusiona cierto indie (por el aire y los actores, más que nada) con el amague de psicodrama más o menos borderline (Alicia cree ver o escuchar cosas que parecerían no ser tan reales), esparciendo algunos componentes de thriller (grupo de jóvenes en cabaña desolada, algún secreto no muy inquietante dando vueltas por allí) y rozando lo mágico-étnico sobre el final, cuando el riesgo de muerte de la protagonista intenta ser conjurado por un grupo de mapuches de la zona. La rubia protagonista es la británica Juno Temple, hija del realizador Julian Temple, cuyo ascenso en la consideración de la industria la llevó hasta el último Batman. El papel de su amiga Sarah –la que viaja súbitamente sin que Alicia sepa del todo para qué (aunque el espectador sí tiene datos para saberlo)– lo cubre otra chica ascendente: la australiana Emily Browning, protagonista de Sucker Punch y del inquietante film francés Sleeping Beauty, que pudo verse por cable. Y eso es más o menos todo, amigos.

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Magic Magic fue presentada este año en Sundance.
 
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