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Miércoles, 18 de septiembre de 2013

CINE › LA DIRECTORA SUIZA URSULA MEIER HABLA DE SU OBRA Y SUS MéTODOS

“El cine es un equilibrio entre razón e intuición”

La realizadora de Home llegó por primera vez a Buenos Aires para presentar una retrospectiva completa de su obra, que incluye el preestreno local de su film más reciente, La hermana, ganador del Oso de Plata en el Festival de Berlín del año pasado.

 Por Oscar Ranzani

Una verdadera ciudadana europea. Esta clasificación le calza como un guante a la cineasta Ursula Meier: nació en Besançon, Francia, en 1971, pero en la actualidad vive entre Bruselas, París y Ginebra. Meier es también ciudadana suiza y fue noticia mundial en 2012, cuando su segundo largometraje de ficción, La hermana (L’Enfant d’en haut), fue premiado con el Oso de Plata, Premio Especial del Jurado en el Festival de Berlín. Para ese momento ya había dirigido su primera ficción, Home –protagonizada por Isabelle Huppert y estrenada en la Argentina en 2009–, dos documentales y un puñado de cortos que fueron su acceso al universo cinematográfico. Con un pasado como gran deportista y excelente alumna de matemáticas, Meier decidió dedicarse a la realización cinematográfica en 1990, cuando ingresó al Institut des Arts de Diffusion (IAD) de Bélgica. Y fue precisamente el corto que realizó para terminar su carrera la punta del iceberg de lo que en la actualidad es el cine de esta prestigiosa cineasta franco-suiza. Invitada por Swiss Films y la Fundación Cinemateca Argentina, Meier llegó a la lluviosa Buenos Aires para presentar el ciclo que desde hoy podrá verse en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Avda. Corrientes 1530). Encuentro con Ursula Meier permitirá al público local conocer su filmografía completa: sus cortos, sus documentales y sus ficciones, incluyendo el preestreno de La hermana, que la distribuidora Ifa Cinena lanzará comercialmente una semana después.

A diferencia de otros cineastas que eligen un género u otro, Meier dirigió tanto documentales como ficciones, dejando siempre el sello que distingue a su cine. Recuerda que no es por casualidad que su primer documental haya sido sobre un escritor: “Me fascinaba alguien que pasó su vida escribiendo palabras, en relación a mí, que escribía tan poco”, señala en diálogo con Página/12, sobre En torno a Pinget, film que abre el ciclo y que enfoca sobre el escritor y dramaturgo suizo Robert Pinget, autor de treinta novelas y numerosas obras teatrales. “Era un escritor que jugaba con la contradicción, multiplicación de puntos de vista, verdades a medias. Y eso también me interesó. Me sentía muy cercana a su ideología literaria”, confiesa Meier, quien también realizó otro documental, Ni canas, ni negros, ni blancos. Este film aborda la historia de un gendarme de Ginebra, ex militante de un partido de extrema derecha que viró 180 grados su ideología al fomentar un proyecto de integración para modificar las relaciones entre la policía de Ginebra con las comunidades extranjeras que habitan esa ciudad. “Es alguien que tiene un recorrido loco, porque era un militante de extrema derecha, violento, y cambió. Yo necesitaba saber que este cambio era cierto antes de empezar a filmar. Pasé meses con él y, en un momento dado, me di cuenta de que era alguien muy inteligente como para cuestionarse, que nació en una familia muy racista y, en un momento, quiso orden y eligió ser policía para poder poner orden en ese caos familiar”, cuenta Meier.

Protagonizada por Isabelle Huppert, Home narra la historia de una familia cuyo hogar está emplazado a tres metros de una autopista que hace diez años que no se inaugura. Hasta que finalmente eso sucede y la convivencia familiar, en apariencia tranquila, poco a poco se desmorona. Y mientras en Home se observa de lejos el viaje de los vehículos que transitan por la autopista, el film es ante todo un recorrido interno y mental casi hasta el borde de la locura y el aislamiento de una familia. Con este análisis coincide Meier, quien señala que “la fuerza de la película consistía en que esa autopista fuera abstracta: ruido, polución en el jardín, basura, bocinas y, en el fondo, es como un río que corre frente a la casa que es una especie de pantalla sobre la que los personajes proyectan sus neurosis”.

La hermana –que se estrena el jueves 26 en Buenos Aires– presenta la historia de Simon, un preadolescente de doce años que vive con su hermana mayor Louise al pie de un centro de esquí. La vida no es sencilla para ellos que están solos (ella se quedó sin trabajo). Y, producto de eso, el niño sube todos los días a robarles equipos e indumentaria a los turistas ricos que llegan a practicar ese deporte costoso para luego revenderlos a los vecinos del edificio, donde comparte la vida con Louise. Meier no cree que La hermana sea solamente un ensayo sobre ricos y pobres: “Simon es un chico que sueña con progresar, elevarse físicamente y también socialmente. Se las arregla y está integrado en el capitalismo, pero también es una especie de Robin Hood porque vende barato a sus amiguitos y la hermana es alguien que ya no cree en ese mundo. Entonces, son dos visiones del mundo: la de alguien que cree que se puede progresar y la de alguien que renunció. Traté de no hacer solamente una película social. Es más complejo que ricos y pobres”, explica la directora.

–¿Es difícil mantener un mismo estilo ya se trate de ficción o documental?

–Tengo tendencia a llevar el documental hacia la ficción; es decir, trabajo con un personaje que no es actor como si lo fuera. Y en ficción voy hacia el documental; es decir, un actor con el que tratamos de que se transforme en el personaje, que lo encarne y olvidarnos de que es un artista. Entonces, tengo la sensación de que hago lo inverso. De hecho, es bastante apasionante. En mis documentales hay una real escritura de cine. Se trata de tener el mismo rigor. No creo que porque sea un documental vaya a traer ya todo hecho: hay que construir, escribir la dramaturgia con los materiales reales. Y en ficción, de lo escrito hay que ir hacia lo real.

–¿Cómo se combinan la razón y la emoción a la hora de filmar? ¿Cuánto hay de cerebral y cuánto de intuitivo?

–Es interesante, porque para mí en el cine hay un gran trabajo en la escritura con mi coguionista, Antoine Jaccoud. Los textos son trabajados, retrabajados, precisos. Cada escena tiene un conflicto. En el fondo, es una dramaturgia clásica muy anglosajona y, al mismo tiempo, en una segunda capa hay que encarnar a través de los personajes. No todo tiene que estar explicado en los diálogos. Y el cine es sentir las cosas. No es decir y explicar con largos diálogos. Es sentir a los personajes. Es el equilibrio entre el trabajo intelectual, la razón, y la intuición. La puesta en escena también es esto: dirigir a los actores, explicando los personajes y, en un momento dado, es intuitivo dirigirlos. En fin, es una especie de alquimia entre el control y la intuición. Para mí el cine es el control de la escritura, los personajes que pensé, pero también soltarlos como para que algo ocurra. Si fuera sólo la puesta en escena del guión no tendría ningún interés. Hay que ir un poco más allá del guión, y complejizar y sentir realmente a los personajes.

–¿Por qué en los temas que indaga en su cine está siempre la complejidad del comportamiento humano?

–Porque son el corazón del cine y del arte. Si yo puedo filmar bajo la piel de la gente y en sus cabezas toda la complejidad, la belleza, la gracia y, al mismo tiempo, la monstruosidad de lo humano, eso es magnífico.

–En sus películas, siempre están presentes distintos tipos de familia. ¿Por qué?

–Tengo la sensación de que nuestra complejidad viene de la familia que es el primer grupo, la primera comunidad en la que crecemos. Y, además, actualmente lo encuentro interesante porque hay cada vez menos comunidad. En una sociedad individualista, ya no se cree mucho en los grupos. Cuando hace mucho se le preguntaba a la gente: “Para usted, ¿qué es tener éxito?”, la gente decía: “El trabajo, la realización personal”. Hoy si se hace la misma pregunta, la gente dice: “La familia”. Nunca hubo tantos divorcios, relaciones compuestas y rotas. El modelo tradicional de familia hoy está en plena descomposición. Es como si fuera la última comunidad en la se que creyera. Ya no hay muchos ideales comunitarios. Pareciera que la familia es el último lugar al que uno se apega y el esquema familiar está en total explosión.

–¿A qué lo atribuye?

–A la evolución de la sociedad y al individualismo.

–¿Cada película debe implicar un riesgo? ¿Le interesa experimentar con los límites?

–Sí. Es decir, rehacer una película que ya hice o que sé hacer no me interesa, porque me gusta ir adonde no conozco. Sueño con hacer una película policial o una de ciencia ficción. Cualquiera sea el género me interesa ir allí. Me gustan las cosas en el límite. Me gusta tocar los extremos y los personajes al límite de algo. Detesto las cosas normatizadas, con etiquetas, todas iguales. Me gusta descubrir un cineasta o un artista que tiene un universo, una singularidad. Esto me interesa porque está fuera de las normas. Tengo miedo del encierro, como ocurre en Home. Tengo miedo del encierro en moldes.

–¿Las situaciones límite ayudan a comprender al ser humano?

–Sí, comprender al ser humano cuando descarrila, la complejidad del ser humano respecto de hasta dónde es capaz de ir o no. Al mismo tiempo, me permite ver su monstruosidad o su fuerza.

–¿Siente empatía con los personajes que filma o eso no le resulta imprescindible?

–Sí, es fundamental. Necesito amar a los personajes. Necesito sentir sus problemas, entender hasta qué punto les falta amor. Si no, sería incapaz de filmarlos.

–¿Obsesionarse con los personajes es una virtud o un defecto de la dirección? ¿Qué sucede en su caso?

–Yo vivo con mis personajes. A partir del momento en que empiezo a inventarlos, me persiguen. Están conmigo, son gente que conozco.

–Tienen vida...

–Sí, existen en sí mismos después. Con mi coguionista decimos: “No puede ser que haga esto”. Es decir, el personaje existe como tal y, al cabo de un momento, es el personaje el que nos dice cómo tiene que seguir la cosa.

–Teniendo en cuenta que usted vive entre París, Bruselas y Ginebra, ¿qué ciudad ha marcado más su cine?

–Yo siempre estoy “entre”. Crecí en una frontera al lado de Ginebra, en Francia. Entonces, yo pasaba la Aduana todo el tiempo. Mi madre es francesa y mi padre es suizo. Y estudié cine en Bélgica. Me gusta nutrirme de todas estas culturas y también me gusta estar entre y no estar en la norma. Yo no soy belga, pero Bruselas es una ciudad que adoro. De hecho, mi parte loca, surrealista, un poco desencajada no me la dio Bélgica, porque yo ya la tenía, pero al llegar a Bélgica esa parte mía se expresó porque encontré un eco en Bruselas, que es la ciudad que tal vez me acercó más a mi cine.

–Teniendo en cuenta que usted fue deportista, ¿la atleta protagonista de Unos hombros sólidos está inspirada en usted?

–El personaje no soy yo, pero es cierto que hice mucho atletismo y también es cierto que era una película para la serie Masculin Fémenin, del canal de arte. Y encontré que el lugar más interesante para hablar de eso era el deporte, porque me pregunté: “¿Qué es lo que diferencia al hombre de la mujer?”. Es el cuerpo. Y al hacer esta película paré de hacer atletismo y descubrí el cine en ese momento. También comprendí que el cine y el deporte no están alejados. Es una cuestión de miradas, de puestas en escena, del entrenador que mira al atleta como un director mira al actor. Y mi cine es bastante físico. Siempre digo que para mí el cine es filmar cuerpos. Y cuando dejé de hacer deporte pasé del cuerpo a la cabeza. Y entendí que deporte y cine tienen cosas en común.

–Entiendo que le gusta la matemática. ¿Encuentra también alguna relación entre la matemática y el cine?

–Para mí, la matemática es mi imaginario. La matemática es pura imaginación, es la ficción. Yo trazo líneas de personajes y siempre hago curvas, necesito espacio; entonces, también está la relación con el espacio y las tensiones. En eso hay algo matemático. Después, el cine es cuerpo, carne. Es otra cosa también, pero hay algo en lo imaginario que lo puedo vincular con la matemática.

–Una pregunta de actualidad: ¿repercutió la crisis económica europea en la industria cinematográfica suiza?

–Suiza está bastante protegida de la crisis. No llega tanto. Yo presenté La hermana en todo el mundo, particularmente en Europa. Y es cierto que la película hace eco en la crisis de hoy, en relación a la supervivencia de la gente. La gente sobrevive. Y para mí era interesante hacer esta película en Suiza para mostrar otra imagen del país. Sigue siendo uno de los países más ricos del mundo, pero era interesante mostrar que esta historia ocurre en Suiza, aunque también es universal.

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“Pareciera que la familia es el último lugar al que uno se apega y el esquema familiar está en total explosión”, afirma Meier.
Imagen: Pablo Piovano
 
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